Amplia retrospectiva de Moore en Francia

Espectáculos

(05/02/2002) La Fundación Maeght de Saint-Paul de Vence, presentará este año la primera retrospectiva de Henry Moore, en Francia. Son 150 obras repartidas en 115 esculturas y treinta y cinco dibujos que marcan un recorrido importante por el arte de uno de los más grandes creadores del siglo XX.

A Moore debe Inglaterra su escultura contemporánea, y el mundo, una obra que se cuenta entre las más originales y audaces del siglo. Nacido el 30 de julio de 1898 en Castelford, a los 21 años, Moore empieza a estudiar en la Escuela de Bellas Artes de Leeds. Antes, por imposición materna, fue maestro de escuela y participó en la Primera Guerra, donde estuvo a punto de morir. Este retorno a la vida será el fundamento de su arte. Después de Leeds, siguió los cursos de la Escuela Real de Bellas Artes de Londres (1921-24). Pero su conocimiento de la escultura precolombina y africana determinó sus comienzos. Hay dos grandes etapas en el desarrollo de Moore, que se distinguen ante todo por un cambio en la elección de los materiales y las técnicas, de un lado, y por las diferencias del abordaje formal, por otro. En las décadas del '20 y el '30, talló directamente la piedra y la madera y tras la Segunda Guerra y hasta su muerte -el 31 de agosto de 1986, en su casa y taller de Perry Green, en Hertfordshire-, produjo piezas modeladas que luego vació en bronce.

Pero, es con las esculturas diseñadas entre 1922 y 1939 con las que Moore elaboró las características de su estilo y el repertorio temático al que ha de permanecer fiel en sus obras posteriores. El tema central de Moore es la figura humana, casi siempre femenina; sus tres referentes atañen a la Madre con niño, la Figura reclinada, y la Forma interna/externa, que deriva de aquél. Estas tres vertientes, elaboradas con una inventiva prodigiosa, hacen de su obra una incesante alegoría sobre la redención humana en un tiempo y en un mundo de desprecio y horror.

•Epoca

La época de Henry Moore es la del Modernismo: la explosión de los pintores post-impresionistas (Cézanne, Gauguin, Van Gogh), que, hacia fines del siglo XIX inauguran la etapa moderna, tendrá su correlato escultórico, por llamarlo de algún modo, en la obra de Constantin Brancusi, Pablo Picasso (un pintor que también revolucionó la escultura), Hans Arp, Alexander Archipenko, Jacob Epstein. En todos ellos, y en Cézanne, se referencia Moore; y, como todos ellos, indaga en el denominado «arte primitivo» (Egipto, Sumeria, Africa, Oceanía, las Cícladas y, en especial, las culturas maya y azteca). Pero a partir de tales afinidades, Moore crea un arte propio y admirable, único.

Políticamente es un socialista; soldado en la Primera Guerra, exceptuado en la Segunda, pero contribuyó con su arte a las luchas contra el fascismo y el nazismo. En 1940, los bombardeos alemanes azotan sin cesar Londres donde vive y trabaja. Los londinenses se refugian en las estaciones del subterráneo, para salvar la vida. El artista toma apuntes y con ellos realiza sus dibujos goyescos de los refugiados.
«Vi centenares de figuras reclinadas a lo largo de los andenes», comentará más tarde.
Sus dibujos de entonces son estupendas visiones de la tragedia.

«Una escultura debe tener su vida propia. Más que suscitar la impresión de ser un objeto pequeño tallado en otro más grande, debe crear en el observador la sensación de que lo que él ve contiene una energía orgánica propia que crece hacia el exterior. Esculpida o modelada, la obra debe siempre dar una impresión de crecimiento orgánico, creado por la presión interior»
, decía Moore.

«Entre la belleza de la expresión y la fuerza de la expresión hay una diferencia de funciones: la primera intenta deleitar a los sentidos, la segunda posee una vitalidad espiritual que conmueve con más vigor y toca más hondamente que por intermedio de los sentidos»
. No hay una sola escultura de Moore que carezca de vida propia, de energía orgánica, ni que busque el mero deleite. Como en «Madre e hijo» (1939) y «Grupo familiar» (1948-49), para el gran artista británico, que oscilaba entre las representaciones abstractas y las figurativas, a veces en la misma obra, lo importante era el poder emotivo de sus creaciones. Forma y espacio no constituían, según su manera de ver, dos elementos separados sino, por lo contrario, «una sola y misma cosa».

•Enjundia

En un período de seis décadas hasta 1984, Moore desarrolló una de las obras de mayor enjundia del siglo: esculturas, dibujos y grabados, que permiten seguir la evolución del artista desde su época de estudiante en la Escuela Real de Bellas Artes de Londres, hasta dos años antes de su muerte en 1984, cuando el presidente François Mitterrand lo visitó en su casaestudio de Perry Green, en Hertfordshire, para condecorarlo en nombre de Francia.

Sin embargo, el creador que dio a Gran Bretaña el arte escultórico contemporáneo y que fue allí su máxima figura en el siglo XX, sólo adquirió celebridad internacional a partir de 1948, cuando obtuvo el Gran Premio de Escultura de la XXIV Bienal de Venecia. Apenas un lustro antes, en 1943 había realizado su primera muestra fuera de Inglaterra, en la Galería Bucholz de Nueva York, un hecho repetido en 1946, con la retrospectiva en el Museo de Arte Moderno.

No iba a faltarle el espaldarazo de América latina, en algunas de cuyas culturas antiguas había buscado enseñanzas: es el Premio Internacional de Escultura en la II Bienal de San Pablo, de 1953. Por último, el descubrimiento de su escultura monumental
«Figura reclinada», ante la sede de la UNESCO, en París, en 1958, será un reconocimiento emblemático del mundo entero a la obra de Moore.

Una de sus creaciones,
«Figura reclinada: formas externas», bronce de 1953-54, perteneciente a la Colección Di Tella, fue donada al Museo Nacional de Bellas Artes, en 1973. La escultura fue restaurada por expertos de la Fundación Henry Moore, en 1996, con motivo de la exposición de 60 esculturas y 40 dibujos del maestro, que se presentó entonces en el MNBA.

A partir de los años '30, asimila la figura humana a los elementos del paisaje y hasta llegará a hacerla nacer de la Naturaleza misma.
«El paisaje constituye una de mis fuentes de energía», escribió. De ahí que prestase la mayor atención, para sus esculturas al aire libre, a su emplazamiento en el entorno arquitectónico natural.

En cuanto a la «forma interna/ externa», deriva en cierto modo del primer tema y ha de insinuarse en el segundo, en el de la figura reclinada, pues supone la idea de protección de una forma por otra,
«como el niño en el vientre materno o el estambre en la flor», según Moore. Su obra aparece, así, como una incesante alegoría sobre la redención humana en un tiempo de desprecio y violencia, redención que él hacía partir de una nueva relación entre el hombre y el universo, entre la vida de todos los días y la esperanza de todas las épocas.

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