7 de julio 2004 - 00:00

Ana María Campoy: "Prefiero drama y tragedia a hacer reír"

Madre e hijo interpretan los mismos roles que en la realidad en el drama musical inspirado libremente en la vida de Oscar Wilde que sube a escena hoy en el Teatro del Globo.
Madre e hijo interpretan los mismos roles que en la realidad en el drama musical inspirado libremente en la vida de Oscar Wilde que sube a escena hoy en el Teatro del Globo.
Ana María Campoy y Pepe Cibrián (h) lideran el numeroso elenco de «La importancia de llamarse Wilde» que se estrena hoy en el Teatro del Globo. No es la primera vez que madre e hijo comparten un escenario con los mismos roles que en la vida real, pero este reencuentro tiene para ellos un valor especial luego de la muerte de Pepe Cibrián padre, ocurrida en diciembre de 2002. «La importancia de llamarse Wilde» es un drama musical con libro y dirección general de Pepito Cibrián y música de Angel Mahler, y está inspirado libremente en la vida del autor de textos inolvidables como «El retrato de Dorian Grey», «El fantasma de Canterville» y de varias obras de teatro entre las que se destaca «La importancia de llamarse Ernesto». Cibrián es un gran admirador de la obra de este autor (en enero piensa estrenar en el teatro Opera un musical basado en «El retrato de Dorian Grey»), razón por la cual ha decidido interpretar él mismo el papel de Wilde, cuya condición sexual le valió un juicio por sodomía que arruinó su carrera y lo destruyó física y moralmente. La puesta en escena y la coreografías pertenecen a Daniel Fernández y el diseño de escenografía y vestuario a René Diviú.

Periodista
: ¿En qué se parece nuestra sociedad a aquella que destruyó la fama y la carrera de Wilde?

Pepe Cibrián: Creo que es igual. Vivimos en una sociedad careta que a través del éxito justifica muchas cosas, pero que cuando algún personaje, por más famoso que sea, toca ciertos factores de poder, no duda en destruirlo. A mí Wilde siempre me pareció un hombre patético, un snob inseguro que buscaba pertenecer a una clase social que no era la suya y que lo terminó usando payasescamente. Su vínculo amoroso con Lord Alfred Douglas le permitió acceder al mundo aristocrático, pero paradójicamente Douglas pretendía que Wilde le diera acceso al mundo del talento, algo que desde luego resultó imposible. Creo que ahí empezó la tragedia. Pero no fue mi objetivo contar la vida de Oscar Wilde, sí me interesó fantasear sobre su relación con su esposa Constancia -que encarna Julieta Cancelli-y, sobre todo, con su madre Speranza, una mujer exuberante, frívola y pretenciosa, con veleidades de actriz y de escritora, que pese a su mediocridad tuvo un hijo genial al que logró transmitirle un poderoso mandato.


P.:
¿Cómo encaró el vínculo entre Wilde y Douglas?

P.C.: La homosexualidad de Wilde, me parece un dato irrelevante. Yo veo a Wilde como un hombre absolutamente asexuado, me lo imagino siempre rodeado de jóvenes a los que se limitaba a admirar por su belleza. Casi diría que me lo imagino con genitales infantiles. Para mí fue un hombre de una gran ternura e ingenuidad y muy pudoroso con su propio cuerpo, que por sus caderas tan anchas le resultaba antiestético. Para mí es un ser absolutamente querible y admirable.

P.: Y usted Ana ¿cómo definiría a su personaje?

Ana María Campoy: Es una mujer avasallante, de carácter muy fuerte y contradictorio, pero Pepe le dio otros rasgos que evitan que resulte odiosa. Me encanta este personaje y además pude incorporarle mis dificultades físicas, ya que hace unos meses me rompí una pierna. Mi bastón se convirtió en un rasgo más de esta mujer. Como verá, Pepe siempre crea unas madres muy potentes, como la sultana de «Las mil y una noches», y quizás esto se deba a que yo soy una mujer fuerte que desde muy chica se ha ganado la vida. Mis dos hijos me ven como una especie de superwoman, pero yo no sé si en realidad soy tan fuerte.


P.:
Es curioso que siendo hijo y nieto de actores, Pepe recién debutara en teatro en la adolescencia.

A.M.C.: Sí, hacía de hijo nuestro en la comedia «Cuando el césped tiene bichos colorados» y en muchas otras más. Así que ésta es la primera vez que actuamos juntos sin la presencia de su padre. En cambio mi otro hijo, Roberto, prefirió estudiar arquitectura y actualmente se dedica a Internet y le va muy bien. Mi marido y yo no queríamos que nuestros dos hijos trabajaran siendo niños, porque a nosotros nos había jodido un poquito no haber disfrutado de nuestra infancia. Porque el teatro te hace adulto de golpe, tienes responsabilidades, cobras tu dinero... los niños necesitan vivir a fondo su infancia para que su cuerpo y su mente ganen solidez.
.

P.:
¿Y alguna vez les hicieron sentir que les pesaba tener padres famosos?

A.M.C.: Para nada, lo único que les preocupaba era el borderó que habíamos hecho, para ver si le podíamos comprar la bicicleta o lo que fuera. No tenían ningún problema. Cuando el padre salía en alguna portada con Mirtha Legrand y a Roberto le decían de todo en el colegio, él se lo tomaba a risa o se agarraba a trompadas si alguno se ponía pesado, porque sabía que era ficción.


P.:
A usted siempre se la relaciona con la comedia y aquí protagoniza una historia bastante trágica.

A.M.C.: Este es el teatro que me gusta hacer, porque siempre preferí el drama y la tragedia a hacer reír. Lo que pasa es que soy graciosa naturalmente y cuando me casé con Pepe, que era actor de comedia, me fui dedicando a ese género. Yo lo amé mucho y si él me decía tirate por el balcón yo lo hacía...
(se ríe), con cuidado de no hacerme mucho daño, por supuesto. Y ahora tengo de director a este otro (señala a su hijo) que se cree mi dueño y que es como mi marido, pero mucho más joven y mandón.

Dejá tu comentario

Te puede interesar