17 de junio 2008 - 00:00

Apollinaire también hizo arte con su mirada crítica

Guillaume Apollinaire, fallecido hace 90 años en Francia: a diferencia del modernista Baudelaire, no despreció el progreso material y las invenciones tecnológicas.
Guillaume Apollinaire, fallecido hace 90 años en Francia: a diferencia del modernista Baudelaire, no despreció el progreso material y las invenciones tecnológicas.
Hace noventa años, en 1918, moría Guillaume Apollianaire. Si la modernidad tuvo su heraldo en Charles Baudelaire, la vanguardia lo tuvo en ese otro gran poeta de Francia y del mundo. Pero, como en el caso de su antecesor, Apollinaire (1880-1918) no se limitó al universo poético: la teoría y la crítica de arte, que ejerció desde 1905 hasta su muerte, hallaron en él a un lúcido exponente, un descubridor afanoso y un orientador incitante.

Apollinaire cubrió la etapa inicial del arte de vanguardia en el siglo XX: Fauvismo, 1905-07 (Matisse, Derain, Vlaminck, Dufy, van Dongen, Marquet, Braque); Cubismo, hacia 1908 (Picasso, Braque, Gris, Léger; derivaciones: Orfismo, 1912, Delaunay, Kupka; Expresionismo, hacia 1908 (Kirchner, Heckel, Pechstein, Schmidt-Rottluff, Nolde; segundo período, hacia 1920: Grosz, Dix, Beckmann).

También el Futurismo, a partirde 1910 (Carrá, Severini, Boccioni, Balla, Russolo); Abstracción, a partir de 1910. Abstracción libre: Kandinsky: Rayonismo (Larionov, Gontcharova). Abstracción geométrica: Suprematismo ( Malevich: Cuadrado negro sobre fondo blanco, 1913); Constructivismo (Tatlin); No Objetivismo (Rodchenko); Proun ( Lissitski); Neoplasticismo ( Mondrian, van Doesberg, Moholy-Nagy, Vantongerloo); Arte concreto (van Doesburg, Max Bill); Abstracción-Creación (Torres García); Dada, 1916-22 (Arp, Ernst, Schwitters, Picabia).

Apollinaire no se ocupó, ni quiso hacerlo, de todos y cada uno de los grupos, pintores y escultores; pero su inteligencia, su erudición, su amor por el arte y su espíritu profético lo convirtieron en figura excepcional. Si la monstruosa pausa de la guerra de 1914-18 no aminoró el desarrollo de las vanguardias, la contienda de 1939-45 tocó una campana de muerte para el Surrealismo y de alarma para las vanguardias.

En todo caso, el tercio de siglo que va desde 1905 a 1939 observa el esplendor del arte moderno. Apollinaire había publicado, en 1913, un libro de poemas, «Alcools» ( Alcoholes), cuyo verso inicial es una declaración: «Al fin y al cabo, estás cansado de este mundo antiguo». Un lustro después, la última de las composiciones de «Calligrammes» ( Caligramas), extendía aquella proclama: el poeta, que juzga este largo litigio entre la tradición y la invención/el orden y la aventura, asume la representación de quienes buscan la aventura por todas partes, y solicita a los opositores «piedad para aquellos que combatimos en las fronteras de lo ilimitado y del porvenir».

Pero su anuncio capital es este: «... ha llegado la hora de la razón ardiente». Es la razón del artista, en los antípodas de la razón instrumental, fría y apagada. Apollinaire profetizó los imperativos del arte moderno al rechazar una concepción disociada del espacio y el tiempo, aducidos como categorías distintas. El espacio no es ya homogéneo y constante sino un espacio continuo, en desarrollo; así, el espacio depende del tiempo. Se trata de un espacio dinámico, dotado de movimiento. Apollinaire resumió estas ideas bajo las fórmulas del dinamismo plástico, del simultaneísmo, y del arte cinemático.

No sólo se interrogó sobre el contenido de la pintura y la escultura sino también acerca de su finalidad. Acordó una mínima importancia al placer estético,y asignó al arte, la más noble de las actividades humanas, tres objetivos principales: el metafísico, el moral y el social. El objetivo metafísico del arte es también, y sobre todo, el de la creación.

Apollinaire sostuvo que el arte es un medio para transformar el mundo. El universo es un caos, y hay que ordenarlo: he ahí la creación. «Sin los artistas, los hombres se hastiarían pronto de la monotonía de la Naturaleza. La idea sublime que ellos tienen del universo se desplomaría con rapidez vertiginosa. El orden que aparece en la Naturaleza, y que no es sino el efecto del arte, se desvanecería enseguida. Todo se desharía en el caos. No más estaciones, no más civilización, no más pensamiento, no más humanidad, no más vida, tampoco; y la imponente oscuridad reinaría para siempre», escribió.

«Los artistas y los poetas determinan, de común acuerdo, el aspecto de su época, y el porvenir, dócilmente, se aviene a su parecer», añadió. Apollinaire simbolizó la pureza por la llama, «que no soporta nada extraño y transforma todo cuanto toca».

Abstracción es, para Apollinaire, la expresión del mundo interior del artista, ya que la pintura es sin duda el arte más concreto, sostuvo en 1908. Así, « despertando la imaginación, provocándola», el arte hace que el espectador pueda también inventar y crear. En cuanto a su función social, el arte debe transformar al hombre, forjar el tipo. Como «las obras de arte son lo más enérgico que produce una época desde el punto de vista de la plástica, esta energía se impone a los hombres y es para ellos la medida plástica de su época. Así, quienes se burlan de los pintores nuevos, se burlan de su propia apariencia, ya que la humanidad del mañana se imaginará a la humanidad de hoy según las representaciones que los artistas le habrán dejado. No me digan que existen hoy otros pintores que pintan de manera tal que la humanidad pueda reconocerse en ellos, pintada según su imagen. Todas las obras de arte de una época terminan por asemejarse a las obras del arte más enérgico, más expresivo, típico».

El arte, en fin, debe integrarsea la sociedad. Pero, por encima de todo, el arte debe ayudar a formar el ideal moderno, explotando las mil y una posibilidades nuevas ofrecidas al hombre. Al revés de Baudelaire, no detestaba el progreso material; Apollinaire creía necesario servirse de sus ventajas, sin caer en la idolatría de la época. El tranvía, el automóvil, el avión, el fonógrafo, el cine, le resultaban otras tantas imágenes de un tiempo maravilloso. Hizo la guerra como voluntario, y fue herido. En las trincheras escribió lo que bien pudo ser el lema de su vida: «Perder / pero perder en verdad / para dar paso al hallazgo».

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