17 de junio 2008 - 00:00
Apollinaire también hizo arte con su mirada crítica
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Guillaume Apollinaire, fallecido hace 90 años en Francia: a diferencia del modernista Baudelaire, no despreció el progreso material y las invenciones tecnológicas.
No sólo se interrogó sobre el contenido de la pintura y la escultura sino también acerca de su finalidad. Acordó una mínima importancia al placer estético,y asignó al arte, la más noble de las actividades humanas, tres objetivos principales: el metafísico, el moral y el social. El objetivo metafísico del arte es también, y sobre todo, el de la creación.
Apollinaire sostuvo que el arte es un medio para transformar el mundo. El universo es un caos, y hay que ordenarlo: he ahí la creación. «Sin los artistas, los hombres se hastiarían pronto de la monotonía de la Naturaleza. La idea sublime que ellos tienen del universo se desplomaría con rapidez vertiginosa. El orden que aparece en la Naturaleza, y que no es sino el efecto del arte, se desvanecería enseguida. Todo se desharía en el caos. No más estaciones, no más civilización, no más pensamiento, no más humanidad, no más vida, tampoco; y la imponente oscuridad reinaría para siempre», escribió.
«Los artistas y los poetas determinan, de común acuerdo, el aspecto de su época, y el porvenir, dócilmente, se aviene a su parecer», añadió. Apollinaire simbolizó la pureza por la llama, «que no soporta nada extraño y transforma todo cuanto toca».
Abstracción es, para Apollinaire, la expresión del mundo interior del artista, ya que la pintura es sin duda el arte más concreto, sostuvo en 1908. Así, « despertando la imaginación, provocándola», el arte hace que el espectador pueda también inventar y crear. En cuanto a su función social, el arte debe transformar al hombre, forjar el tipo. Como «las obras de arte son lo más enérgico que produce una época desde el punto de vista de la plástica, esta energía se impone a los hombres y es para ellos la medida plástica de su época. Así, quienes se burlan de los pintores nuevos, se burlan de su propia apariencia, ya que la humanidad del mañana se imaginará a la humanidad de hoy según las representaciones que los artistas le habrán dejado. No me digan que existen hoy otros pintores que pintan de manera tal que la humanidad pueda reconocerse en ellos, pintada según su imagen. Todas las obras de arte de una época terminan por asemejarse a las obras del arte más enérgico, más expresivo, típico».
El arte, en fin, debe integrarsea la sociedad. Pero, por encima de todo, el arte debe ayudar a formar el ideal moderno, explotando las mil y una posibilidades nuevas ofrecidas al hombre. Al revés de Baudelaire, no detestaba el progreso material; Apollinaire creía necesario servirse de sus ventajas, sin caer en la idolatría de la época. El tranvía, el automóvil, el avión, el fonógrafo, el cine, le resultaban otras tantas imágenes de un tiempo maravilloso. Hizo la guerra como voluntario, y fue herido. En las trincheras escribió lo que bien pudo ser el lema de su vida: «Perder / pero perder en verdad / para dar paso al hallazgo».




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