San Sebastián - Vuelve el cine iraní a la Argentina, y se afirma el argentino en España. Tales son los resultados del festival donostiarra que interesan a este sector del mapa. Lo primero, porque apenas la vieron el viernes en primera pasada, varios argentinos hicieron una vaca y compraron «Las tortugas pueden volar», producción irano-irakí del kurdo Bahman Ghobadi, que al día siguiente ganó la Concha de Oro, y en marzo probablemente sea candidata al Oscar. Eso es tener ojo para el negocio. Lo otro, por los cuatro premios de jurados paralelos ( entre ellos 92.000 euros de la Televisión Francesa) para «El cielito», de María Victoria Menis, y el premio Fipresci a «El perro», de Carlos Sorin, lo cual, dicho sea de paso, obligará a un acto de desagravio para con el director a la filial Fipresci Argentina, cuyo «cerebro» había escrito que «Historias mínimas», el anterior film de Sorin era «una película miserable» en la revista «Cahiers du Cinema»), a lo que deben sumarse los dos primeros premios de Cine en Construcción para «Iluminados por el fuego», con lo cual la película podrá terminarse, y el TCM del voto público para la coproducción, hors concours, «Diarios de motocicleta», mayormente desarrollada por técnicos argentinos. Lástima que «Roma», favorita de los primeros días, no ganá ni siquiera con Susú Pecoraro, a quien público y crítica consideraban como la mejor actriz del certamen. Hubo chiflidos y zapateos, cuando le dieron ese premio a una danesa. También chiflaron el de mejor fotografía para «9 canciones», cuyo mismo director había dicho que era apenas una iluminación standard. Ovación, en cambio, tuvieron la serbia «Sueños de una noche de invierno» (Signis y Especial del Jurado), la china «Carta de una desconocida» (mejor directora, la exquisita Xu Jinglei), y la angloirlandesa «Omagh» (que al final sólo alcanzó el de mejor guión). Decía un diario local, «doctores tiene la Iglesia».
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Volviendo al cine argentino, cabe anotar además los elogios y las primeras ventas para «Cama adentro», «Próxima salida», «Nietos», «Buenos Aires 100 km», y «No sos vos, soy yo», puntas de lanza de un total de 20 títulos presentados en diversas secciones, y 64 en donde más importa: la oficina de ventas del festival.
Todo terminó en el precioso Hotel María Cristina con una fiesta de clausura muy celebrada, compensando que «por estrecheces económicas» no hubo fiesta inaugural, y eso que cada visitante debió pagar de 30 a 50 euros la inscripción, según fuera periodista o productor. Hubo también la clásica fiesta de la Eskal Herriko Gay eta Lesbianen Elkartea, sólo para los doblemente iniciados. La Argentina, ya había festejado el jueves, con una regia cena organizada por el INCAA en el exclusivo restaurant del Tenis Ondarreta , donde poco antes celebrara su boda el sobrino de Fernando Arrabal, con una fiesta de alta sociedad que duró exactamente un día entero. A destacar, la tiernísima carne carrillera que ahí se sirve (o sea, de los carrillos de ternera, un corte aquí bastante inhabitual), regada con buen rioja. Nada que ver con otras delegaciones, que se limitaron a un coctelito de media tarde en el hall de encuentros del festival.
Del resto, queda consignar una divertida charla de Karlos Arguiñano y sus colegas Arzak, Adri y Subijana, sobre cine y comidas, los premios del concurso municipal de vidrieras alusivas, para un negocio de delicatessen (apeló a «La fiesta de Babette»), una óptica (con los anteojos de Woody Allen), y una carnicería (sentó un Allen tamaño natural entre jamones y butifarras). Ahora los donostias siguen con una Muestra de Cine Latinoamericano (van las mejores argentinas), un Street Zinema Festival (vulgo retrospectiva pública de cintas de patinetas, que tiene sus adictos), y un festival de cine fantástico y de terror. La verdad, terror causaron unas españolitas que al ver a Gastón Pauls entre los de «Iluminados...» se pusieron a saltar y gritar «Ahí está el argentino de 'Nueve Reinas', no lo puedo creer!», y no había cómo apaciguarlas.
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