Como anticipó este diario en febrero, la venta «Muchacho con pipa» de Picasso, comparable en importancia a « Muchacho desnudo guiando el caballo» del mismo año, permite hoy calcular el monto de la pérdida en términos no ya solamente estéticos, sino además económicos, que generó la negativa del director del Museo de Bellas Artes, Atilio Chiáppori, cuando en 1934 se negó a colgar el cuadro del malagueño.
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Pocos lo saben, pero en Buenos Aires se expusieron 76 obras de Picasso entre óleos, esculturas, pasteles, dibujos, aguafuertes y litografías, en la Galería Müller que estaba ubicada en la calle Florida al 900. La muestra tuvo características antológicas, aunque no se vendió ninguno de los trabajos del artista, y cuentan que el presidente Agustín P. Justo concurrió la exposición y se retiró disgustado ante la vista de los desnudos.
Allí estaba «Muchacho guiando el caballo», un cuadro de mayor tamaño e idéntica belleza que el vendido en el récord histórico de 104 millones de dólares, pero hoy forma parte del patrimonio del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Se sabe que Picasso, enterado del éxito comercial que tenían en Argentina otros pintores españoles, como Sorolla, Zuloaga o Romero de Torres, se indignó ante el fracaso comercial, al punto de borrar de sus archivos la exposiciónporteña.Y tan sólo el catálogo quedó para documentarla. Aunque no todo fue indiferencia.
En 1934 Picasso era un artista consagrado, y como el Museo Nacional de Bellas Artes tenía un fondo para adquisiciones, la Comisión Nacional propuso la compra del «Muchacho» del MoMA, pero según recordaba Romualdo Brughetti, testigo de ese episodio, Chiáppori dijo que mientras él estuviera a cargo del Museo, no iba a permitir que ingresara Picasso.
Siguiendo siempre el testimonio de Brughetti, el precio de «Muchacho guiando el caballo» era de 30.000 pesos de esa época. Y como referencia, se puede constatar que las obras de Fernando Fader tenían un precio similar. Ese mismo año Fader le escribía a su marchand que su cuadro «La mazamorrera» no debía venderse en menos de 20.000 pesos. Müller, que gestionó la muestra porteña de Picasso con los galeristas Paul Rosemberg, Wildestein, Kahnweiler, Thannhauser y un coleccionista de Berlín, era también en esa época el marchand de Fader. Lo cierto es que al año siguiente de la exposición de Picasso -la más importante que el malagueño realizó en esos años y, el galerista, por supuesto, en toda su vida-Müller le vendió al Museo de Bellas Artes «La mazamorrera» de Fader por 25.000 pesos, «Los mantones de Manila» por 20.000 y «Al solcito» por 8.000.
Otra obra de Picasso que ganó fama y que también se exhibió en Buenos Aires en esa oportunidad, fue el «Retrato de Angel Fernández de Soto» pintado en 1903. El retrato es un emblema de la época azul y fue comprado en el año 1995 por el compositor inglés Andrew Lloyd Webber, quien en un remate de Sotheby's pagó 29,1 millones de dólares. Fernández de Soto compartió con Picasso su taller de la Riera de Saint Joan, hasta que el malagueño se mudó al estudio del escultor Pablo Gargallo. Fernande Olivier cuenta en sus memorias: «Picasso y Fernández de Soto querían dárselas de elegantes, y como no tenían más que un solo par de guantes para los dos, se los repartían, guardando la mano desnuda en el bolsillo y accionando mucho la mano enguantada».
Entre las pinturas que llegaron entonces a la Galería Müller, además de las mencionadas, figuraban: «Baile en el Moulin de la Galette» (1900), «Los amantes» (1900) «La comida del ciego» (1903), «Retrato de la Señora Soler» (1903), «Mujer haciéndose peinar» (1905), «La Arlesiana» (1910-1911), «Guitarra sobre una chimenea» (1920), «Tres mujeres en la fuente» (1921), «Naturaleza muerta con manzanas» (1923), «Bañistas» (1926), «Dos cabezas» (1926) y «Pájaro sobre una rama» (1928). En suma, el contenido de un museo.
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