27 de noviembre 2001 - 00:00

Arquitectos reflexionan sobre la era cibernética

Uno de los trabajos exhibidos
Uno de los trabajos exhibidos
(27/11/2001) T reinta y tres de los mejores estudios de arquitectos argentinos inauguraron el domingo pasado, en el Museo Nacional de Bellas Artes, la exhibición «De la cibercultura a la representación de la arquitectura», que se lleva a cabo por primera vez en la Argentina e implica un cambio en la forma de representar la arquitectura. Se expondrá hasta el próximo 20 de enero.
 
Gracias a los nuevos medios tecnológicos, la arquitectura y -podemos decir-el arte en general han llevado a cabo en los últimos años un nuevo matrimonio. Y entonces, no sólo los nuevos edificios son inteligentes y están proyectados sobre la base de diseños virtuales, generados electrónicamente, sino también la representación de esa nueva arquitectura es diferente.
 
«La gran ruptura desde el siglo XIX, paralelamente a la revolución de los transportes, es la llegada de una estética de la desaparición. Al pasar por la invención de la fotografía instantánea que hará posible el fotograma cinematográfico, la estética será puesta en movimiento. Las cosas existirán más cuanto más desaparezcan», ha señalado el pensador francés Paul Virilio. Hoy, frutos paradigmáticos de la alianza entre estética y tecnología (el video y el arte digital) se han aliado para operar como el más poderoso e ilimitado medio de creación de todos los tiempos, ya que abarcan no sólo el campo de las artes visuales, sino también el de la arquitectura.
 
La velocidad cambia la visión del mundo, al oponer la fugacidad a la permanencia, la presentación a la representación, así como las posibilidades de virtualidad y de alcance universal simultáneo, que se pueden encontrar en el ciberespacio de principios del tercer milenio. Entre fines de los '80 y comienzos de los '90, las distintas redes informáticas fueron relacionándose unas con otras, sin que ningún organismo central dirigiese el proceso, al tiempo que el número de personas y de computadoras conectadas por las redes crecía de manera exponencial y vertiginosa. Así como había ocurrido con la invención de la computadora personal, una espontánea corriente cultural impuso nuevas direcciones al desarrollo de la arquitectura.

Tecnología

Las tecnologías de lo digital surgieron entonces como infraestructura del ciberespacio, un nuevo territorio de comunicación, de sociabilidad, de organización, pero también de información y creatividad. El ejemplo más conocido y primario de esta comunicación es el universo de las conferencias electrónicas. En ellas, las personas no se localizan por su nombre, su situación geográfica, o su posición social, sino a partir de centros en un mapa del sentido o del saber.
 
Según
Virilio, la cuestión de la telepresencia deslocaliza la posición, la situación del cuerpo. Ya no existe el aquí, todo es ahora. Las nuevas tecnologías eluden el desplazarse para habitar. Pero creemos que es importante recordar -como reflexiona el urbanista francés-que la arquitectura es la medida del mundo. Ya con Le Corbusier el cuerpo del hombre es la referencia de su hábitat. El ser humano vive en espacios con proporciones que dan un sentido tanto a la escala del barrio, como a la del mundo globalizado.
 
El ciberespacio se erige en sistema de sistemas, pero por esa misma razón es también el sistema del caos. Encarnación máxima de la transparencia técnica; en él tienen cabida, sin embargo, debido a su irreprimible abundancia, todas las opacidades del sentido. Crea y vuelve a crear la figura de un laberinto móvil, en continua expansión, carente de plan, universal, un laberinto que ni el mismo
Dédalo hubiera imaginado. Borges, como en todos sus escritos, lo presenta y se anticipa en forma singular.

El ciberespacio (término inventado por el novelista William Gibson) es el continente de esos mundos virtuales formados por las redes informáticas del mundo real.
 
El signo del ciberespacio, lo virtual, anuncia y escenifica la desaparición de la categoría de lugar que planteaba la representación de la arquitectura hasta hace pocos años. Desde el punto de vista sociocultural, la representación es el sistema o conjunto de manifestaciones por cuyo intermedio una sociedad, a través de las imágenes y los símbolos que crea y mantiene, materializa los modelos de comportamiento que forja o imita.
 
Los objetos e ideales por los que se moviliza y expresa, sus modos de vivir y pensar, su concepción del mundo, sus creencias y valores se verán registrados en sus propuestas creativas. La arquitectura integra, por cierto, ese sistema, y hasta podría afirmarse que ayudó a establecerlo, que es cofundadora de él: no hay sociedad humana sin territorio, no hay territorio sin hábitat, no hay hábitat sin la acción siquiera elemental de la arquitectura. Es éste, el de su origen (arqui, en griego, indica primacía y origen), el primer nivel de representación asumido por la arquitectura, una representación institucional. Un segundo nivel es el de la representación espacial, que constituye una de las funciones esenciales de la arquitectura; un tercer nivel es el de la representación social, destinada a completar y vivenciar la representación espacial; por último, un cuarto nivel abarca la representación instrumental, o sea, cubrir las necesidades (materiales, espirituales, éticas, estéticas, imaginarias) de la comunidad.
 
En este contexto, la arquitectura no debe renunciar a la realización moral, pero tampoco a la imaginación estética, dos fuerzas que han de responder a las peculiaridades de cada comunidad, de cada país, de cada región, sin perder por ello de vista la época en que actúan. De allí, los nombres de las dos últimas bienales de arquitectura de Venecia:
«El arquitecto como sismógrafo» la primera (1998), dirigida por Hans Hollein; y «Más ética y menos estética» (2000), organizada por Maximiliano Fuksas.

Hollein

El público argentino podrá escuchar, el próximo sábado, al arquitecto vienés Hans Hollein, y a partir de hoy, ver fotos de sus obras en el Museo de Bellas Artes.
 
Con la aparición de lo virtual, los vínculos entre lugar y lenguaje se enriquecen con figuras nuevas. Los lugares virtuales generan un lenguaje más real, y ello se traduce en formas distintas apoyadas por una nueva cibercultura, que permite todas las combinaciones, todas las hibridaciones entre naturaleza y artificio, entre realidad y virtualidad, entre lugar y lenguaje. Por eso, el interés de las obras que se exhiben en esta muestra reside en la tensión e, incluso, en la contradicción entre los diversos niveles de realidad y virtualidad que coexisten en una misma ciudad, en una misma obra de arquitectura.

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