22 de julio 2002 - 00:00

Arte BA cumplió con sus fines

En el contexto de la crisis actual nadie se atrevía a imaginar que Arte BA, la feria porteña que ayer cerró las puertas de su onceava edición, iba a resultar un éxito. Y hasta se podría asegurar que la recesión le vino bien. Más austera, la feria mejoró su estética, sin publicidades ni stands empresariales que interfirieran la visión del arte. Pero además fue un éxito comercial.

Aunque esta vez las obras con precios siderales no fueron las elegidas, pese a que algunos galeristas las presentaron y muy buenas, el tope lo marcó una coleccionista que se llevó una pintura del joven Fabián Marcacchio por 22.000 dólares. A partir de allí se vendieron y en abundancia, como en los buenos tiempos, obras con precios accesibles que oscilaban entre 800 y 10.000 pesos.

Según opinan los entendidos, el entusiasmo de los compradores, más allá del creciente interés que suscita el arte, se debió tanto a la falta de confianza en el mercado financiero como a la pesificación de las obras (un dólar igual a un peso).

En estos días de zozobra pagar 3.000 pesos un cuadro que hasta hace pocos meses costaba 3.000 dólares, y colgarlo en el living con la doble expectativa de disfrutarlo y recuperar el valor inicial, se vislumbra como una buena alternativa para colocar el dinero.

•Paradoja

Por otra parte, si bien las obras de menor precio, cuya inversión implica menor riesgo, fueron las elegidas, las compras revelan un dato interesante y paradojal: una marcada preferencia por artistas jóvenes y no consagrados que son justamente los de alto riesgo, ya que no cuentan con el aval de la crítica o las instituciones, ni superaron la censura del tiempo.

Este rotundo cambio en el gusto argentino que supo ser conservador, no pasa inadvertido: es evidente que los compradores se volcaron con decisión hacia las expresiones más actuales del arte que se multiplicaron en esta edición. Así, obras complejas cuya comprensión requiere de cierta formación, o por demás provocativas, que demandan cierta audacia de quien las elige, fueron las más buscadas.

El mejor ejemplo es el mural fotográfico de
Leonel Luna, «La Conquista del Desierto» que evoca mordaz la pintura del siglo pasado de Juan Manuel Blanes, idéntica es la caballada y el horizonte, pero los jinetes con barbijos y armas de fuego en vez de sables, difieren de los del batallón de Roca, son piqueteros surgidos de la más reciente actualidad. Cargado de contenido político, el mural de Luna fue la primera obra que se vendió.

El carácter «ideologizado» de este mural es sin embargo una excepción. Los artistas argentinos contemporáneos eluden mayormente los temas sociales y políticos que predominaron en la última Bienal de Venecia y la actual Documenta de Kassel.
«Belleza y Felicidad», nombre de uno de los espacios de exhibición de las últimas tendencias, resume el espíritu que predomina entre los jóvenes. El arte que dominó el gran escenario de la feria era más bien irónico, ornamental y hasta decorativo, inspirado más que nada en el placer privado que depara la belleza.

Otro cambio que marcó Arte BA es que por primera vez los argentinos depusieron la pasión por el óleo heredada de España y optaron por otros géneros como fotografías, objetos, esculturas, dibujos o videos.

•Elegancia

En ese extenso panorama de la feria, casi todas las galerías se destacaron por la elegancia de sus montajes y los espacios jóvenes por un desorden que para algunos «conspiró contra del lucimiento de las obras», y para otros, «agregó el encanto de lo informal y estimuló la búsqueda».

La memorable edición donde
Ruth Benzacar vendió las instalaciones de Antonio Berni y Jorge de la Vega en casi 1 millón de dólares, quedó atrás en el tiempo, pero lo positivo de la cuestión es que esos dos compradores privilegiados fueron suplantados por centenares que se atrevieron a dar el primer paso para acercarse al arte, y al de su tiempo.

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