25 de noviembre 2003 - 00:00

Arte latino, elegido con criterio español

En el Museo de Bellas Artes se inaugura hoy, a las 19, la muestra «El Final del eclipse. El Arte de América Latina en la transición al siglo XXI.» Las relaciones de cooperación entre la Argentina y España se intentan consolidar; hace pocos días con la visita de los Reyes de España, que inauguraron en el mismo Museo la muestra del gran artista Rafael Canogar, muy interesado en el arte social. «El final del eclipse» ofrece una mirada diferente del arte de Latinoamérica desde la óptica española de José Jiménez, teórico del arte, escritor español, especialista en estética, curador de esta exposición que incluye obras de 41 artistas de ocho países latinoamericanos.

La muestra se inauguró en Madrid en septiembre de 2001, y luego en el Museo de Arte Contemporáneo, de Monterrey. La noción de eclipse fue elegida para aludir a la interposición de una serie de cuerpos, de carácter histórico -la Conquista, la Colonia, todas las formas de neocolonialismo-que han impedido valorar a América Latina con su luz propia. La muestra no ha sido concebida en términos geográficos o de representación de los países, sino eligiendo artistas que marcan los criterios más relevantes de lo que es el arte contemporáneo.

La muestra incluye artistas como Gustavo Artigas (México), María Fernanda Cardoso (Colombia), Ignacio Iturria (Urugay), Ernesto Leal (Cuba), Jorge Macchi (Argentina) y Meyer Vaisman (Venezuela), entre otros.

Cabe destacar el equilibrio entre las figuras de la mediana generación, que tienen ya una trayectoria consolidada, y los más jóvenes. Casi todas las piezas proponen una reflexión sobre la cuestión -central de las artes visuales-, de qué significa ver, y cómo podemos construir lo que vemos. Todos los artistas trabajaron con esa idea, cada uno con su estilo y punto de vista diferentes. Para Fabiana Barreda (Buenos Aires, 1967), la obra es un instrumento de conexión con la trama social. La escultura viviente, en su «Proyecto Hábitat: Reciclables», conjuga creativamente su reflexión sobre los desechos cotidianos y la soledad del hombre en las grandes ciudades.

En «Pintura I», el brasileño Cildo Meireles (1948) recurre a materiales de producción industrial y plantea un juego constructivo entre formas, color y espacio. Es la mejor obra de la exhibición. Pablo Reinoso (1955), argentino, que reside en París, trabaja en un territorio de fronteras entre varias perspectivas. «Interior expuesto» y «Men-in-a» se caracterizan por la dinámica de las estructuras y el pasaje de lo opaco a lo transparente.

Entre los videos, interesa destacar «Venimos llenos de tierra», de los argentinos Gastón Duprat, Adrián de la Rosa y Mariano Cohn, rtistas que modifican la cotidianeidad y siguiendo un poco el desarrollo del lo crudo y lo cocido de Levi-Strauss, en esta obra se juntan lo efímero, lo banal y lo real.

El ciclo de
«La Bella y la Bestia» de Tunga (Brasil, 1952), se refiere a una paradoja, a una oposición de contrarios, que materializan objetos y fragmentos del cuerpo humano que sirven para señalar las huellas del deseo, y el pensamiento del artista que se destacó en la estación de tren de Kassel, en la última Documenta. Otro brasileño, Ernesto Neto (1964) está inspirado en un retorno a las fuentes con una serie de esculturas blandas, que ya habíamos visto en la Bienal de Venecia y en la Bienal de Buenos Aires. Se refiere a la existencia de tiempos paralelos: uno, el cotidiano y el otro, el de lo absoluto, que se siente -como él dice - pero no se toca.

La fotógrafa
Marta Pérez Bravo (Cuba, 1959), materializa en blanco y negro el mundo de los sueños, los rituales, los mitos y los símbolos afro-cubanos. Otra obra muy importante, ya que es imposible mencionar a todos, es la de Alfredo Jaar (Chile, 1956), «Epílogo». Es un yo acuso, en blanco y grises que aluden a una especie de condición humana silenciosa, casi invisible, peleando contra la violencia y los crímenes que se dan en la sociedad actual.

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