14 de febrero 2001 - 00:00

Atrae una novela de "pago chico"

Carlos Bernatek, «Rutas argentinas» (Bs. As., Adriana Hidalgo, 2000, 230 págs.)

Celebrado como cuentista por «Larga noche con enanos» (mención honorífica del Fondo Nacional de las Artes), Carlos Bernatek en «Rutas argentinas» (finalista del premio Planeta 1998) demuestra con holgura sus dotes eximias de novelista.

Danel es un pueblo que no existe en el mapa. Pero el mapa está lleno de pequeñas poblaciones que se parecen a Danel. Esta, la que describe, la novela, se encuentran en algún lugar de la planicie santafesina, rodeada de cultivos (presumiblemente de soja), tal vez no lejos de la ciudad capital, muriendo de monotonía. Bernatek nos introduce en Danel en pleno verano.

El calor es palpable; se vive, como lector, la pesadez, el agobio que oprime a los personajes. Personajes que, a lo largo de los años, cumplen con los mismos ritos: dicen las mismas palabras o realizan los mismos gestos, concurren a sitios invariables, desempeñan tareas que no variarán un ápice.

La mayoría quiere dejar el pueblo; cuando este sentimiento se vuelve intolerable no vacila alguno en recurrir al crimen. Otros, en cambio, se aferran a esa vida minúscula: allí, en Danel, son alguien, son algo; fuera, desaparecen. Silva, Tanzi, Beitelman, Perla, Garnier, Toni, Nancy, el Canario o «Gallito» son personajes recordables.

Cada cual cultiva su historia, y la suma de las historias individuales compone la historia general del «pago chico» que es Danel. Hay muchos delitos en la trastienda de esas vidas: ninguno logra el nivel de un drama ejemplar, de tragedia con mayúscula.

Sin remedio, recaen en la sordidez o la truculencia. Pintura minuciosa de un pueblo de llanura (donde la naturaleza no ofrece ningún panorama), «Rutas argentinas» es una novela profunda, fuerte. Se la lee con un interés creciente, de tal modo que al correr las páginas se torna imposible abandonar el libro.

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