15 de febrero 2001 - 00:00

Aun en su exotismo algo híbrido, es bella y atrapante

Film taiwanés de Ang Lee
Film taiwanés de Ang Lee
Aparentemente, «Wo Hu Zan Long» es un proverbio chino que afirma que la fuerza del tigre o el dragón reside en la capacidad de disimular su poder. Igual que cualquier película china épica con espadachines saltarines, ninjas voladores, fuerzas sobrenaturales, pasiones desatadas y todo tipo de comportamientos ilógicos y surrealistas, «El tigre y el dragón» mezcla una serie de ideas e imágenes muy difíciles de asimilar para un espectador occidental.

La diferencia con otros clásicos del género épico/sobrenatural/folklórico de artes marciales realizados en Hong Kong y China durante los '90 por directores como Ronnie Yu, Ciung Tsiu Tung y Tsui Hark (incluyendo maravillas como la trilogía de «Swordsman», «La novia de pelo blanco» o «La nueva posada del dragón») es que Ang Lee enfocó su película hacia una perspectiva occidental.

El resultado es un híbrido que no siempre cierra, pero que contiene al menos una docena de secuencias antológicas que dejarán completamente pasmado al público desprevenido que se acerque a ver la principal competidora de «Gladiador» en el Oscar (y es importante decir que en cualquier momento de «El tigre y el dragón» hay cien veces más cine que en cualquier parte del film de Scott).

Repetición

En principio, la trama de «El tigre y el dragón» parece prometer una variación especialmente sombría y hasta solemne del mismo truco argumental, utilizado un millón de veces en «La marca del zorro» o «Scaramousche»: un guerrero está a punto de renunciar a las artes marciales a pesar de que nunca pudo vengar la muerte de su maestro, pero cuando entrega en custodia su valiosa espada milenaria, el arma es robada por un misterioso ninja volador que cubre su rostro con una capucha negra.

Esta excusa da lugar a varias historias de amor, relatos paralelos y luchas a granel. Como en cualquiera de los títulos citados anteriormente, de golpe el ritmo parece congelarse, y luego explota vertiginosamente de tal manera que hay que elegir entre leer subtítulos o mirar las imágenes desenfrenadas que tiran chispas desde la pantalla.

Si «El tigre y el dragón» por momentos llega a mejorar la estética, el dinamismo y el carácter épico de este extraño género prácticamente desconocido en nuestro país, donde sólo se conoce el cine chino for export, digerido previamente por el circuito de festivales europeo, se debe a un equipo de gente que conoce el tema mucho más que el director Ang Lee. Responsable de las extrañas cualidades lumínicas de films como «La novia de pelo blanco» o «La novia de Chucky», el director de fotografía Peter Pau es indudablemente uno de los máximos responsables de simular trabajo visual, y no cabe duda de que en varios momentos clave del film, la imagen encuentre resoluciones dramáticas muy superiores a las que propone el argumento (su nominación al Oscar es más que merecida). Y las inolvidables caminatas por el aire de los personajes perfeccionan al máximo la personal técnica de efectos especiales y coreografías de artes marciales ya probadas en el cine chino y en «Matrix» por Yuen Wo Ping.

La presencia de Chow Yung Fat ayuda a darle carácter a cada escena, a pesar de que el superastro famoso por sus films con John Woo (y también visto en «Ana y el rey» junto a Jodie Foster) no luce tan cómodo con la espada con sus habituales pistolas automáticas. En cambio, la gran sorpresa es la soberbia actuación de la experta en kung fu Michelle Yeoh.

La compañera de James Bond en «El mañana nunca muere» y Jacke Chan en «Supercop» exhibe un rango interpretativo que cualquiera de las actrices nominadas al Oscar en su lugar envidiarían (sólo que ninguna de ellas sabe dar las increíbles patadas voladoras de Michelle). La dirección de actores es el mayor logro que se le puede adjudicar a Ang Lee, responsable también de los altibajos y el carácter híbrido de «El tigre y el dragón». Su falta de sentido del humor sólo sería compatible con una resolución más cruel y menos pretenciosa que la que tiene el film.

En sus fallas más notables,
«El tigre y el dragón» es algo así como «La vida es bella» del cine de artes marciales. En sus mejores logros, es la película que hacía falta para que el público occidental tome contacto con lo más interesante del cine chino.

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