• Rolando Graña, gerente de contenidos de «América», fue mortificado injustamente ayer por Mirtha Legrand en los «Almuerzos». La conductora y el resto de la mesa (Magdalena Ruiz Guiñazú, Joaquín Morales Solá y, en menor medida, Rosendo Fraga) insistieron en llamar «censura» a la decisión editorial del canal de suprimir la presencia del «arrepentido» Mario Pontaquarto en TVR. Además, nada se dijo de los entretelones políticos que también se conocieron esta semana y que estarían vinculados con la presencia del «arrepentido» en ese programa. En el último «Polémica en el bar», por caso, Gerardo Sofovich confirmó la existencia de una reunión en Casa de Gobierno, en la que directivos de «América» habrían recibido presiones para ceder opinión política. Nada es «inocente» en estos tiempos de campaña. ¿Tan inocente (en el mejor de los casos), se puede ser en el tema TVR y sólo hablar de «censura»?
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• Mirtha ya se siente demasiado «más allá del bien y del mal» (como decía Juan Perón) y exagera. Negar el «derecho del editor» no se trata con facilismo. Hay que saber mucho. ¿Puede opinar Magdalena Ruiz Guiñazú, beneficiaria de un monopolio como «Clarín», que además de sus traiciones a la libertad de prensa una vez borró de sus pantallas a Liliana López Foresi? ¿O no tenemos memoria?, se lo recordó bien Graña.
• Ni bien Mirtha terminó de presentar el plato griego que iban a degustar, lanzó: «Graña, ¿hubo censura con TVR?», ante lo que el periodista explicó, cansado por tener que repetirlo otra vez: «Fue una discusión interna con el directorio del canal, y se resolvió no engrandecer a un hombre procesado como Pontaquarto con ese lugar privilegiado de crítico, en un programa donde opinaba de cualquier tema. Si hubiera tenido información nueva para revelar hubiera sumado, como sumó las varias veces que lo invité a mi programa. Pero ponerlo como prohombre no».
• Estuvo correcto. Pontaquarto no está procesado sólo ahora. Lo fue y dado de baja en el Senado por apropiarse de fondos de esa cámara que nunca devolvió. Por eso ya era un procesado cuando se «arrepintió». ¿Es un hombre para llevarlo a opinar públicamente de algo? Entonces arremetió Ruiz Guiñazú: «Rolando, es cierto que te sentaste a editar y lo cortaste vos? ¿Hasta donde aceptás lo que te impone el directorio? ¿Por qué lo hiciste?» y Graña, visiblemente molesto por tener que dar más explicaciones, admitió: «Edité como edito mi programa «Código» o «Informe central». Acepté porque hubo una decisión editorial, como hay en todos los medios. ¿O me vas a decir que en los medios de «Clarín» hablaron de los despidos masivos?» y Guiñazú respondió que en su momento habían analizado caso por caso los despidos y habían encontrado justificación a todos. Ruiz Guiñazú es una «señora gorda» que tiene en prensa una especie de terapia ocupacional. Intenta ser periodista con comentarios de señora en colas de supermercado. Sumada a Mirtha Legrand que le pide edad a los entrevistados y los amonesta con «podría ser tu madre», es un periodismo parodia. Legrand lanzó luego contra todos: «En las empresas periodísticas son más papistas que el papa, con tal de que el gobierno no les quite la publicidad». Aquí acertó en algo.
• Y siguió la conductora, apuntando contra todos: «Ojo que con esto no quiero defender a TVR, que siempre me atacó y me faltó el respeto. Repetían los años que yo cumplía, en este país parece que hay que morirse en lugar de cumplir años. Pero Graña, fue mucho peor verte probando un alucinógeno que lo que hubiera sido Pontaquarto en «TVR». Querido, metiste la pata hasta acá» y Graña contraatacó: «Pero Mirtha, ¿vos no decidís a qué invitado llamás y a cuál no? es lo mismo, el canal decide a quién le da aire y a quién no». Legrand asintió y reveló que una cláusula en su contrato la habilita a invitar a quien quiera (y lógicamente no invita a quien no le interesa). «Pero aclaro que no estoy de acuerdo con el canal porque para mi hubo censura con «TVR», aunque aquí yo siempre he trabajado con total libertad». Cuando comenzó «Intrusos», Jorge Rial comentó: «No entiendo. Quien crea que no se trabaja con libertad en este canal.. ¿por qué no se va?»
• Sin cortes durante media hora seguida, se desarrolló la discusión en «Almorzando». Graña, aquí equivocándose al respetar el derecho del editor en un caso sí y en otro no, recordó el episodio Nudler: «Censura fue lo de Nudler en «Pagina 12», por una nota que no quisieron publicarle y tan lejos llegó la trama que hubo que disolver la Asociación Periodistas». No hubo respuestas y más tarde, Morales Solá, con evidente desconocimiento del caso «TVR», vociferó: «El canal sabía de la presencia de Pontaquarto, lo anunció en las promociones y luego lo cortó. ¿No era mejor emitirlo y luego conversar con la producción? a lo que Graña le explicó: «El canal no sabía y le había aclarado su postura a la producción, pero siguieron adelante.Ya había ocurrido en oportunidades anteriores, cuando hubo que hablar con Gvirtz, tras burlas a las víctimas de Cromañón, el caso Schenone y el caso Malechini». Cerró Mirtha: «La libertad hay que agradecerla. Yo estuve prohibida dos veces, con Isabelita y con Alfonsín. Volví con Carlos Menem a «Canal 7» y siempre le estaré agradecida por eso». Conclusión: los temas de prensa deben ser discutidos por periodistas en serio, no a nivel de animadores televisivos.
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