11 de julio 2002 - 00:00

Avatares de radio y TV

La radio de hoy, tan participativa, es habitualmente una fuente de humor involuntario. Basta escuchar a la legión de oyentes masoquistas que llaman al inefable «Baby» Etchecopar para ver si zafan o no de sus malos tratos.Algunos días atrás, un pobre hombre, desempleado, le comentó que alguien había «abusado» de su esposa, lo que motivó la inmediata curiosidad del conductor: «¿Cómo que abusaron?». «Sí, un vecino le tocó los pechos en la calle». «¿Y vos que hiciste?». «Nada, qué puedo hacer». «Pero hermano, ¿cuánto tiene de busto tu mujer?». «Y, mucho, como 110». Lo que siguió fue surrealista, casi irreproducible, y la conversación terminó con el conductor despidiéndolo con «dos besitos» para cada uno de los pechos de la señora.
 
•Otro caso es el programa nocturno de Esteban Mirol, también en «Radio 10». Mirol es un conductor cálido (y todo un caballero en el trato a sus oyentes), que ha creado un buen espacio comunitario, pero eso no lo salva de algunos momentos desopilantes. Noches atrás, a propósito de una carta del Papa a los fieles, Mirol había propuesto como tema de discusión la castidad, cuando entró al aire el llamado de un oyente para opinar. Pero el problema era que este oyente intentaba hablar desde la noche anterior, cuando se debatía el tema de la seguridad en la provincia de Buenos Aires. «Yo quiero hablar de la bonaerense, Esteban, pero veo que ahora tengo que opinar sobre la virginidad», empezó. Aunque el conductor lo invitó a hablar de lo que quisiera, el oyente también fue respetuoso con el orden del día y se sintió obligado a improvisar algunas consideraciones sobre los beneficios o perjuicios de la abstinencia, sin por eso dejar de meter algún bocadillo sobre la falta de seguridad en el conurbano. Evidentemente, Antonin Artaud y Eugene Ionesco perdieron una gran fuente de inspiración al no haber podido conocer la radio argentina.

Este año no parece divertirse demasiado el trío Pergolini-De la Puente-Di Natale (conductores de «Caiga quien caiga») con su propio programa, pero obviamente disimulan y se esfuerzan para que el televidente no lo advierta. En el estudio donde convocan cada martes una barra de adolescentes cuyo sueño es trabajar en televisión y que les festejan cada frase (la mayoría guionadas), el trío trabaja expeditivamente, cumple el horario de programa, verduguea a Santo Biasatti y se va. Pergolini es el que más atención presta a las notas editadas para hacer algún comentario posterior pero no se divierte mucho. Aunque menos antipático y agresivo con sus hinchas que en otros tiempos (o más consciente del cuidado de su imagen luego de aprender de Agulla, con la campaña De la Rúa), Pergolini se esfuerza por parecer interesado en sus seguidores. Con un infantil: «¿Cómo la están pasandooo?» se relaciona con una barra que atenta responde: «¡Bieeeeeen!». Ironías de la vida, terminar pareciéndose a Mariana Fabbiani.

•Manda en rating pero cansa la vulgaridad de la comedia costumbrista «Son amores». Tienen algo de gracia los personajes más jóvenes (comenzando por la pequeña Malena Luchetti y siguiendo por el trío de sobrinos de Miguel Angel Rodriguez, además de la menos joven pero impecable, Claudia Fontán), pero el programa molesta por su aberrante uso del lenguaje e insistente cortina de cumbia. La peculiaridad del personaje de Valeria (hermana de Nicolás Cabré y Mariano Martínez) es hablar mal: tiene errores de género y número y conjuga mal los verbos, entre otras calamidades. Además, el tema cumbianchero con el que desafina todos los días Mariano Martínez, será parte de su nuevo CD y ya se escucha en las discos.

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