28 de abril 2022 - 00:00

Bafici 2022: cuando el médico es el enemigo

Se presentó ayer en competencia oficial el título más atractivo hasta hoy, “El pa(de)ciente”, de la chilena Constanza Fernández.

el pa(de)ciente. La participación chilena en la Competencia Oficial.
el pa(de)ciente. La participación chilena en la Competencia Oficial.

Dicen que los peores pacientes son los médicos. Quizá porque cuando les pasa algo feo saben de qué se trata, cómo van a tratarlos durante la internación, y también cómo piensan aumentar los precios y honorarios. El cine italiano de los 70 lo dijo bien claro en la comedia “El médico de la mutual” y en el revelador “Bisturí, la mafia de blanco”. Con otro tono, y final feliz, dentro de lo que cabe, dice ahora lo suyo la película chilena que ayer se presentó en la Competencia Oficial. Se trata de “El pa(de)ciente”, de Constanza Fernández, basada en el libro del mismo título de Miguel Kotow, oftalmólogo, que fue repentina víctima del síndrome de Guillain-Barré, la pasó mal, pero pudo recuperarse (con secuelas), recuperar su espacio y contar su experiencia “desde el otro lado del mostrador”. El síndrome referido, corresponde explicar, es un trastorno poco frecuente donde el sistema inmune equivoca su misión y puede conducir rápidamente a la parálisis. Cuando algo es raro, poco frecuente, atenderlo sale más caro. Y, acá llega lo bueno, el espacio que ocupa el doctor Kotow es la cátedra de Bioética en la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

La película le pone otro nombre al personaje protagónico, pero con la misma profesión y similar figura de Kotow y con varias de las reflexiones que aparecen en el libro, sobre la relación con los pacientes, la dudosa exactitud de ciertos aparatos, y la cuestionable actitud de superioridad doctoral que algunos tienen, y que, llegado el momento, se les viene abajo. “¿De dónde sale esta epifanía?”, se dice. “¿Creo que puedo iluminar a otros con mi propia sombra?” Critica, en especial, a quienes proclaman que “la empatía es enemiga de la eficiencia”, y pinta en breves y justos trazos la indiferencia y la prepotencia de algún personal sanitario, así como la luminosa ayuda de una sonrisa o una atenta explicación. Se expande en la relación familiar, con la esposa sufrida y los hijos que acompañan pero a veces también son egoístas, y -lamentablemente- se expande también en la duración de la película. No llega a las dos horas, pero con unos minutos menos habría tenido más eficacia. Igual se ganó el Premio del Público en el Festival de Huelva del año pasado.

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