Suena raro que un director dedique su película, con todo afecto, a la memoria de un tío parricida, pero así aparece en los créditos finales de “Terror familiar”, documental que ayer presentó en el Bafici el propio nieto de la víctima. El nieto es Damián Galateo, y su abuelo era un crack de los viejos tiempos, Alberto Galateo, que entre 1929 y 1943 anduvo haciendo goles por la Argentina, Brasil e Italia, fue figura decisiva del Seleccionado en el Mundial 1934 de Roma, brilló en Colón, Unión, Huracán y otros clubes, ganó 5 títulos nacionales y los hinchas hasta le dedicaron dos canciones. Pero tenía un problema: cuando tomaba se ponía violento. Así acabó en un club de segunda división donde apenas hizo un mísero gol. Entonces colgó los botines, se puso a trabajar de tornero, se hizo alcohólico definitivamente, y en vez de pegarle a la pelota empezó a pegarle a la mujer y al resto de la familia. Un día pasó lo que a veces pasa, el hijo mayor salió con un 38 en defensa de la madre.
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Terror familiar. Alberto Galateo, que murió asesinado por su hijo.
Para esta película, Galateo nieto visitó algunas canchas, consultó a parientes y periodistas, leyó mucho sobre crímenes de familia, hizo hablar al padre y otra gente, metió sin aviso al actor Norberto Gonzalo para representar al tío hablando a cámara (o negándose a hablar), metió también a Lee J. Cobb en un fragmento de “Los hermanos Karamazov”, ralentó y alargó inútilmente el trabajo, en fin, lo suyo pudo ser mejor, pero igual es interesante y da que pensar. Una lástima que no aparezca el otro Galateo, Augusto, psicólogo deportivo del Club Unión, para enriquecer el conjunto.
Siguiendo con los registros delictivos, Alejandro Hartmann, el de “Carmel, ¿quién mató a María Marta?”, presentó ahora “El fotógrafo y el cartero: El crimen de Cabezas”, sólido trabajo de investigación que a mediados de mayo se estrena en Netflix, Benjamín Delgado y Lucía Cavallotti trajeron desde Corrientes “Reflejos de un pescador”, que es tanto un manual de filosofía deportiva, regalo del experto Tulio Mochi, como un institucional bien hecho de la Fiesta Nacional del Surubí (en la que, probablemente, el surubí no tiene la menor intención de participar), y Pablo Levy, que allá por el 2011 hizo con su hermano Diego la inefable “Novias-madrinas-15 años”, ahora abrió el baúl de los recuerdos de sus viejos e hizo, con frescura y buen humor, “Julia, no te cases”, buen consejo ¡dedicado a la madre! (pero que le habría venido mejor a la esposa de Galateo).




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