4 de mayo 2007 - 00:00

Ballet Contemporáneo: 30 años de arte y obstáculos

Mauricio Wainrot, director del Ballet Contemporáneo del San Martín, que este año celebra los 30 años de su fundación.
Mauricio Wainrot, director del Ballet Contemporáneo del San Martín, que este año celebra los 30 años de su fundación.
Incendios intencionales, prohibiciones, investigaciones policíacas, rastreos al estilo Sherlock Holmes, culpables identificados y delitos impunes. Para Mauricio Wainrot, primero bailarín y luego director artístico y principal coreógrafo, no ha sido fácil dirigir, aunque sea por etapas en los últimos trece o catorce años, al Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín.

Esta temporada es la del 30° aniversario y, a punto de estrenar un «Trípico» este fin de semana, Wainrot dialogó con este diario mientras prepara una nueva obra que estrenará en este programa triple («Movimiento Perpetuo») al lado de otros dos coreógrafos nacionales, Carlos Trunsky («Amargo Ceniza») y Carlos Casella («Playback»).

Periodista: ¿Cuáles fueron los mejores y los peores momentos de la compañía durante estos 30 años?

Mauricio Wainrot: Soy, como dice Kive Staiff, un histórico del Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín porque formé parte de todas las compañías oficiales, desde el primer día. Pero hay que separar las aguas... Esta compañía de hoy no tiene nada que ver con la anterior. El primer ballet Contemporáneo se fundó en 1969 y, lamentablemente, en 1971 fue desterrado. No se nos renovaron los contratos y después de tres años de trabajo intenso con Oscar Araiz a la cabeza, la compañía se desmembró y seguimos luchando algunos pocos cerca de él, tratando de subsistir. En 1977, siete años después, Ana María Stekelman a instancias de Kive Staiff crea el Grupo y el Taller de Danza Contemporánea. Por eso son dos cosas bien diferentes. Nosotros festejamos ahora los treinta años de la creación de esta compañía, formada por nueve bailarines. Se llamó Grupo de Danza Contemporánea, y luego Ballet Contemporáneo.

P.: ¿Cuál fue la mayor dificultad?

M.W.: Volver a reencaminar una agrupación de danza después de seis años de vacío. Ahí comencé a hacer coreografía y de allí surgió «Anna Frank», que yo llevé al mundo. La creé en 1984, el Ballet ya estaba bajo mi dirección -antes lo había dirigido Stekelman- que había asumido en 1982. Es la primera obra internacional que se creó en el ámbito del San Martín por un coreógrafo argentino y luego fue montada en 12 compañías internacionales.

P.: ¿Desde cuándo dirige en esta última etapa?

M.W.: Desde 1999. Este es mi noveno año al frente del Ballet Contemporáneo. En ese entonces yo vivía en Canadá e iba y venía para dirigirlo. Jugué una carta muy fuerte en ese entonces porque dedicarme al Ballet Contemporáneo significó dejar todo mi trabajo internacional, que en ese entonces tenía. Creí necesario volver pero pedí a Staiff libertad para traer coreógrafos extranjeros y elegir los bailarines que yo creía necesarios para crear una compañía de altura internacional. Así lo hice y creo haber cambiado el destino del ballet, por entonces, muy alicaído.

P.: La suya es la dirección más larga del toda la vida del Contemporáneo...

M.W.: Han sido 14 años hastahoy. Casi la mitad de su existencia. Con muchos obstáculos.

P.: ¿Contra qué tuvieron que pelear?

M.W.: Yo quise hacer «Anna Frank» en 1982 y no pude. Vivíamos bajo la dictadura militar y no se pudo hacer. La hicimos en 1984, durante el gobierno de Alfonsín. Tuvimos serios problemas. El día del ensayo general nos quemaron el vestuario, al día siguiente plantaron una bomba incendiaria en la consola de luces o sea que se hizo el estreno con la policía adentro del teatro. Habíaactores y titiriteros que cuidaban las instalaciones y parecía que el drama que se representaba en el escenario -una familia que vivía bajo el régimen fascista-lo vivíamos en la realidad el teatro.

P.¿ Es una constante eso de las amenazas?

M.W.: Hace poco se concretóotra que nunca se terminó de investigar. Suponemos quién fue el responsable, pero se está investigando aún. Tanto yo como mi asistente sufrimos durante meses amenazas que decían que si no renunciábamos a la dirección les iban a pasar cosas graves a los bailarines, que nos daban poco tiempo para renunciar y otras amenazas violentas. Yo hice seis denuncias en los juzgados y leyendo los legajos, podemos pensar muy bien quién fue el responsable.

P.: Nunca pasaron de ser amenazas...

M.W.: Bueno. Dejaron de serlo cuando nos quemaron la sala de ensayos, un piano y un tapete muy costoso. Esto ocurrió en la última función de año 2004. Fue muy triste pero igual seguimos trabajando. Pero se creó un clima de sospechas entrelos bailarines y yo empecé a dudar de la gente del teatro. Me convertí en poco en Sherlock Holmes. Fue muy desagradable...

P.: ¿Y el mejor momento?

M.W.:
Sin duda el estreno de «La tempestad» el año pasado. Una de las mejores obras que haya hecho el Ballet Contemporáneo. Es el producto de la evolución y de madurez de la compañía. Hay otras: «Carmina Burana», «El Mesías», «Luz lejana», «Medea»... Pero creo que «La tempestad» es un momento excepcional para la historia del ballet del San Martín.

Entrevista de Eduardo Giorello

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