A Antonio Banderas no le falta práctica en el cometido de ser el atractivo vocero de una Argentina imaginaria para consumo internacional. Ya fue el Che de Evita-Madonna en la Buenos Aires de la convertibilidad, y ahora, por obra de la devaluación, regresó al país para convertirse en una especie de Tu Sam de los años de «the desaparecidos». La película que empezó ayer se llama «Imagining Argentina», y su argumento mezcla, curiosamente, el drama político de conciencia con una historia de misterio al estilo «El sexto sentido» o «Premonición».
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Esta coproducción entre España y el Reino Unido, que dirigirá Christopher Hampton («Relaciones peligrosas») y coprotagonizará Emma Thompson, quien aún no llegó a Buenos Aires, iba a rodarse originalmente en España, tal como informó este diario en octubre del año pasado. Sin embargo, la producción de Myriad Films encontró que ahora se le insuflaría más «realismo mágico» a la película filmándola in situ, y sobre todo que se aprovecharían los beneficios de la moneda abruptamente devaluada. Ayer, centenares de desocupados y subocupados hacían largas colas buscando un lugar como extras: la motivación de casi todos, en estos tiempos, es puramente económica. En «Evita» perduraba al menos la ilusión artística.
El proyecto estaba en carpeta desde mucho tiempo atrás pero nunca se había calculado (¿por prudencia?), rodarlo en el país. Dos actores precedieron a Banderas en la elección de los productores, Richard Gere y Andy García; tampoco Hampton fue el primer cineasta en el que se pensó sino en el menos conocido Oliver Parker.
La novela en la que basa este film pertenece al narrador norteamericano Lawrence Thornton, y fue publicada en 1988. «Imagining Argentina», su opera prima, no se refiere a la imaginación del californiano Thornton sobre los «años de plomo» sino a las dotes mágicas que tiene su protagonista, un poeta y profesor de teatro llamado Carlos Rueda, para adivinar el paradero de las personas con sólo ver una foto. Carlos se convierte, como Cate Blanchet en el film de terror «Premonición», en una especie de consultor parapsicológico de las Madres de Plaza de Mayo, que acuden a él para conocer el destino de sus familiares. Sus poderes fallan, sin embargo, cuando son su propia mujer e hija las secuestradas.
En los Estados Unidos, las primeras noticias acerca de esta filmación abundaron en habituales imprecisiones. Hasta «Variety» señaló, por caso, que «Imagining Argentina» transcurría en la época del peronismo. Otras crónicas, en este caso de la novela, incurrieron en el «síndrome de Macondo» y exaltaron el «realismo mágico», género literario que identificaron con Gabriel García Márquez y con... Jorge Luis Borges. La portada del libro les da el pie: está repleta de papagayos, ave aparentemente infaltable en cualquier ornamentación de tema latinoamericano.
En general, la crítica literaria estadounidense saludó entusiastamente la trilogía argentina de Thornton y a su autor, opinión que no tiene correlato con la de Alberto Fuguet y Edmundo Paz Soldán, quienes publicaron el voluminoso estudio «Se habla español»: «Existe una respetable tradición literaria anglo (inglesa primero y norteamericana luego) que transplanta a un local a un territorio exótico: Asia, la India, Africa, y por cierto Latinoamérica. Desde 'Nostromo' a 'Bajo el volcán' y 'Esos caballos tan lindos', de 'El poder y la gloria' a 'El cónsul honorario', este tema se ha convertido en un subgénero tan complejo como facilón. Lo practican escritores tan respetables como Robert Stone y Joan Didion, y tan deplorables como Lawrence Thornton y Marc Jacobs».
La novela le procuró no pocas satisfacciones a Thornton, al punto tal que escribió dos secuelas: «Naming The Spirits» («Nombrando los espíritus»), la primera, donde reaparecen Cecilia y Teresa, esposa e hija del vidente, mientras éste perfecciona sus habilidades adivinatorias, y «Tales From The Blue Archives» («Cuentos de los archivos azules»), a la que «The New York Times» definió como «más mística que realista-mágica». En ella, que transcurre ya en democracia, una mujer llamada Dolores Masson reclama la aparición de sus dos nietos apropiados indebidamente por el general Rodolfo Guzman, protegido por el gobierno y el indulto. Para lograrlo, por supuesto, recurre nuevamente al médium, que nunca falla.
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