Bedel investiga la relación del hombre con lo absoluto

Espectáculos

Escultor, diseñador y arquitecto, Jacques Bedel (1947), obtuvo en 1968, una beca del gobierno francés para realizar estudios en el campo de las investigaciones visuales en París, y al año siguiente fue invitado a participar en el X Congreso Internacional de Arquitectos como delegado de la Association Internationale des Arts Plastiques, organismo dependiente de la UNESCO.

En 1974, el British Council le otorga una beca para realizar estudios de escultura en Londres y en 1980, recibe el Premio Fulbright para llevar a cabo investigaciones en el National Astronomy and Ionosphere Center de la Cornell University y la NASA en Washington. Desde 1971, integra el Grupo CAYC. Con sus integrantes participó en la Bienal de Venecia y obtuvo el Gran Premio de la Bienal de San Pablo en 1997.

Bedel
comenzó haciendo proyecciones múltiples de sombras en color, pero su preocupación no consistía en crear cajas con pantallas sino un objeto que reflejara sombras y que también valiese por sí mismo cuando ce-saran las proyecciones. En París, empieza a investigar con espejos planos y acrílicos para obtener imágenes superpuestas multiplicadas. El espejo, al reflejar su entorno, capta y transmite el movimiento.

Colaborador del Groupe d'Art Constructif et Mouvement, utiliza en sus propuestas espejos parabólicos para lograr un mayor campo de reflexión en una superficie menor. Empieza entonces a salir de las obras planas y a desarrollar esferas dentro de cuerpos geométricos (esferas y cubos). Lentamente se traslada al terreno de la escultura, cuando, en sus investigaciones sobre reflexión de imágenes, utiliza el acero pulido. Este metal le permite trabajos de mayor tamaño, sin el riesgo de rotura de los espejos. Luego, pasa a las chapas de hierro con perforaciones milimétricas.

El libro simboliza la cultura, y es un objeto que, por excelencia, encierra sentidos.
Los Libros de Bedel contienen objetos tridimensionales: paisajes, ruinas, restos, y su significación deriva de la ausencia de un sentido familiar para el espectador. La oposición libro cerrado/libro abierto es también portadora de múltiples sentidos. El libro cerrado, como la caja de Pandora, oculta en su interior elementos desconocidos y desconcertantes. El libro abierto ya no es un libro: es un trozo icónico de una realidad ecológica, un símil de algo preexistente, las más de las veces ignorado para quien lo observa.

Las ruinas de
Bedel son objetos actuales que imitan objetos pasados. Por eso los libros imitan lo actual y, en tanto libros mágicos, pertenecen también al pasado. A diferencia del arqueólogo, no intenta reconstruir: sólo documenta y reseña. Copia o imagina vestigios. Realiza también Cubos del mismo material utilizado para sus restos arqueológicos: resina poliuretánica y una dimensión modulada de 0,50 x 0,50 x 0,50 m. Sus paisajes están recortados dentro de los cubos y ofrecen la apariencia de sectores de paisajes en profundidad, como resultantes de la acción de un cincel.

Bedel encierra sus formas en libros o las libera en los cubos. Su actividad podría ser clasificada como una metaescultura: un lenguaje escultórico acerca de otro, un mismo discurso espacial contenido en diferentes formas, sean éstas libros o cubos.

El artista recombina elementos naturales tomados de las diferentes zonas del país y los somete al mismo proceso químico que sufrieron en el transcurso de los tiempos, con la diferencia de que controla y experimenta las distintas etapas de la creación. De este modo, reelabora las fosilizaciones, carbonizaciones e incrustaciones de aguas minerales, que son integradas a las representaciones regionales por medio de tierras, óxidos, silicatos.

En 1992, inicia la serie de
Rollos que presenta actualmente en la I Bienal Internacional de Arte de Buenos Aires, en el Museo Nacional de Bellas Artes. Desde entonces, viene recobrando el logos divino escrito por los hombres. Se interna en el Apocalipsis de Juan, escrito en la isla griega de Patmos, hacia el año 95 de nuestra era.

Suele considerarse que su autor es el Evangelista, pero varios historiadores y teólogos han sostenido en los últimos tiempos, con sensato juicio, que el Apocalipsis no fue obra del apóstol sino de alguno de sus discípulos. En estas creaciones de
Bedel, como en las anteriores, no hay misticismo ni fin teológico, sino interés en la interminable empresa del ser humano por saber de sí y de su destino. El hombre, para Bedel, es el espíritu del hombre en todo tiempo y lugar.

Juan
fue desterrado a Patmos en virtud de las violentas persecuciones contra la naciente Igle-Bedel, que alude al fin de los tiempos señalado por el Libro de Juan y al nuevo milenio, ha elaborado una revelación de la revelación: sus citas sólo se hacen visibles a la luz, que es lo que Yahvé crea el primer día (Génesis, I,3).

Otra serie de rollos es
Ignis (Fuego), para cuya realización parte de los gráficos que indican la onda de emisión de la gran llamarada y la intensidad de la energía, cuando el laboratorio espacial norteamericano Skylab registró una poderosa explosión solar. Los registros de actualidad tomados por el Skylab le sirven para investigar el futuro. De un futuro anunciado en el ayer de las cosmogonías, las religiones y el pensamiento filosófico. Así, recodifica las experiencias rutinarias del Skylab I en virtualidades trascendentales, que, sin embargo, se cuentan en las investigaciones y estimaciones técnicas.

Los doce rollos de
Ignis se ubican en la misma línea conceptual que los de la serie Verbum. Si en esas obras recomponía el largo, interminable diálogo entre el hombre y lo Absoluto, en Ignis deduce y sugiere las formas extremas que podría llegar a investir lo Absoluto en su relación con el hombre.

En la Bienal, presenta además una columna hueca,
El Manantial, que incluye la inscripción de un texto hallado en Persépolis (al sur de Irán), «Todo lo que nos parece bello ha sido realizado por la gracia de algún dios».

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