1 de julio 2003 - 00:00

Bellas Artes recrea espíritu de la cultura precolombina

Hernán Dompé realizó treinta y tres esculturas totémicas en chapa de hierro y les propuso a once artistas-amigos que las intervinieran con sus lenguajes propios. La muestra se inaugurará en el Museo de Bellas Artes, el miércoles 16 de julio, a las 19.30. Las esculturas de Dompé recobran, desde una perspectiva contemporánea y propia, la aptitud religiosa y social del totemismo. Hay en sus obras una resonancia de sacralidad y una disposición de tono moral: él mismo indicó que sus tótems encierran una propuesta terrena, tan sostenida en nuestro tiempo: la de impedir y detener la destrucción del medio. Pero tal objetivo procede del carácter espiritual de los Tótems: el hombre de hoy, como el de ayer, encarna esa dualidad.

A mediados de los años 60, Dompé realizó estudios en España y Francia. Diez años más tarde, con el mismo objeto, volvió a Italia, y visitó Holanda, Alemania y Suiza. En 1982, viajó a los Estados Unidos con una beca, instalándose en Nueva York durante un año. Pero el viaje esencial fue, sin duda, el que lo llevó a recorrer Perú y México, en 1980, donde tomó contacto con las obras de aztecas, mayas, quichés e incas. Dompé recreó antiguas formas y métodos alusivos a las arcaicas sociedades latinoamericanas, con técnicas que producen objetos capaces de actualizar el regionalismo precolombino.

Incas, aztecas, mayas: todo aquello que Dompé sintió en el Perú y en México -la naturaleza, la arquitectura, las piezas de arcilla, las esculturas de piedra, las armas, que procedían de una elaboración indudablemente artística - operan como catalizadores en su búsqueda de una identidad regional. Su remisión al universo precolombino (armas, herramientas agrícolas, barcas, tótems) aspira al rescate de cánones que traducen una visión integral del mundo, fundada en una estrecha unidad entre la Naturaleza y la vida espiritual del hombre

La barca di Caronte, Principesca y Nautilo son las obras pintadas por Jorge Diciervo, con imágenes de fuerte voluntad escenográfica, en una actitud lúdica y de seducción. «Yo regreso a mi pueblo porque es una metáfora que me provee de signos plásticos ligados a imágenes de mi tierra», ha escrito Juan Doffo. Su tierra es la pampa, una tierra con historia y memoria. A través del paisaje, trata de apresar la dimensión metafísica de la pampa, su horizonte y su cielo, donde aparece la savia regionalista de Doffo, que presenta Vía Láctea, Diálogo y Vida.

Fuego va!!!, Juana en la hoguera
y A lo perro ha titulado Ana Eckell sus escenas nerviosas y tensas, que satirizan los hábitos sociales de nuestras ciudades, marcando la desigualdad, el poder, la soledad y la masificación de la vida cotidiana actual.

Juan Lecuona pintó Angel de la tormenta, La señorita tropical y Demoiselle en capilla, a partir de una amalgama entre concretismo y abstracción, que caracteriza sus últimas obras. Sus indagaciones son a partir del Suprematismo y el Constructivismo rusos (1913-30). Como ocurrió con los artistas de esos movimientos seminales (Malevich, Tatlin, Lissitski, Rodchenko, Gabo, Pevsner), las formas elaboradas por Lecuona no son imágenes sino estructuras que generan un ordenamiento de elementos abstractos.

Gustavo López Armentía
enlaza la Figuración-Abstracción, no como pares polares, sino como síntesis de una legibilidad figurativa apenas sugerida. En Involucrados, Destino seguro y Un sueño rescata elementos míticos del imaginario popular, conectadas con el peso de la rutina cotidiana y la levedad de fábulas vinculadas a la región. El lenguaje intencionalmente híbrido de las obras de Eduardo Médici,Anverso y reverso, Cegueces y Fuera de borda, nos habla de la identidad y la diferencia, del olvido, de la pérdida del original, del anonimato, aunque siempre son constantes las figuras que aluden a una amarga parábola de la condición del hombre.

En Lacónica, Lux Melanco y Ulises, Héctor Médici ha centrado su interés en destacar el carácter del «territorio plástico». El soporte de Dompé no es pasivo sino un componente inescindible, donde las texturas son dominantes. Pero también superpone fragmentos y partes, añadiendo hilos, nudos e imágenes metafóricas. Un Femenino, Temor y Tiempo Difícil son las pinturas de Luis Felipe Noé, cuya obra se relaciona con la historia y los hechos de hoy. El ritmo de una vitalidad en permanente transformación es uno de los rasgos distintivos de Noé, en éstas y todas sus obras actuales a través de formas barrocas ( neoexpresionistas), que lo han convertido en un importante referente.
Los trabajos de
Teresa Pereda materializan sus investigaciones sobre el concepto de tierra autóctona, entendido como testigo del destino humano.

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