14 de junio 2005 - 00:00

Beorlegui vale, aun sin Dolina

«De tango y otros puertos». K. Beorlegui (voz). Con N. Ballesteros (acordeón, piano). (La Casona del Teatro.)

Hace ya unos años que Karina Beorlegui gasta zapatos en los escenarios, como cantante y como actriz. Su acceso a cierta popularidad llegó de la mano de Alejandro Dolina; trabajó con él en televisión y fue coprotagonista de la opereta «Lo que me costó el amor de Laura» escrita por el conductor radial. Después, integró el elenco de «El romance del Romeo y la Julieta» bajo la dirección de Manuel González Gil. El año pasado emprendió su primera gira por España y Portugal para mostrar un repertorio, incluido en su primer disco « Caprichosa», en el que conviven tangos y valses con fados portugueses.

Y hace pocos meses, volvió a Europa para participar de la «VI cumbre mundial de tango» de Sevilla, del «16ª festival de Tango» de Granada y para hacer algunas actuaciones en Toulouse, Bordeaux y París. Lo primero que hay que decir de estos shows que está presentando en el café concert de La Casona del Teatro, es que Beorlegui se planta con profesionalismo y maneja su voz y su cuerpo a voluntad, y que aprovecha su figura agraciada para ponerlo al servicio de las canciones.

Cada detalle de su espectáculo -vestuario, puesta, armado del repertorio- está sumamente cuidado. La lista, como es habitual en ella, es una mezcla de tangos, rancheras y valses criollos clásicos -«Lejana tierra mía», «Sur», «Tabaco», «Besos brujos», «Fuimos», «Caserón de tejas», «Dónde hay un mango», «Ya estamos iguales» o «Mañana»- con un par de fados -«Caprichosa» y «Estranha forma de vida»- y una copla española -«Tatuaje»-. Además, incluye un popurrí -armado a la manera de una pequeña obrita dramática- de piezas muy conocidas del repertorio tanguero.

Aunque el piano de La Casona necesitaría una afinación, Néstor Ballesteros ha sabido entender el estilo de esta cantante y acompaña bien con las teclas, siendo a la vez un tanguero tradicional y un músico moderno. Sólo en algunos casos su trabajo se desplaza al acordeón que es cuando resulta menos interesante.

R.S.

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