Berlinale premió a director encarcelado en Teherán

Espectáculos

El film, que recuerda un famoso título español de García Berlanga, relata historias de quienes trabajan de verdugos en el sistema carcelario de su país y deben ajusticiar criminales y opositores políticos.

Berlín - Presidido por Jeremy Irons, el jurado internacional otorgó el sábado los Osos de Oro y Plata a ocho de los dieciocho films en competencia, en el tradicional Berlinale Palast de Potsdamer Platz, el centro geográfico del festival. El absorbente drama político iraní “There is No Evil” (“No hay mal”), de Mohammad Rasoulof, recibió el Oso de Oro al mejor film. En conflicto con las autoridades de su país, y con una condena a prisión en suspenso por un largometraje anterior, considerado subversivo, el cineasta no pudo acercarse al festival. Autor también del guión, Rasoulof engarzó, con profunda humanidad y vueltas de tuerca, cuatro historias muy diferentes pero conectadas por un tema común: el precio que paga quien trabaja de verdugo en el sistema carcelario de su país, ajusticiando criminales y también opositores políticos, mientras se cumple el servicio militar.

El Oso de Plata del Jurado recayó en “Never, Rarely, Sometimes, Always” (“Nunca, rara vez, a veces, siempre”), un drama a pequeña escala, dirigido por la norteamericana Eliza Hittman, sobre una adolescente que busca terminar su embarazo. La tensión dramática no pasa por el desarrollo de un planteo moral, como en el film iraní, ni tampoco se toma partido a favor o en contra del aborto. La realizadora controla cuidadosamente el desarrollo y los tiempo del relato, y deja al público imaginar lo que ocurre en la cabeza de la protagonista. La estrategia da dividendos porque, haciendo explícita una postura, la película se habría situado en uno de los dos campos, perdiendo la mitad de su público.

El veterano director coreano Hong Sangsoo recibió el Oso de Plata a la mejor dirección por “The Woman Who Ran” (“La mujer que corrió”), una exploración minuciosa de tres mujeres profesionales que a través de diálogos y sin que nada ocurra en la pantalla presentan una visión de la vida en Corea. Se suele describir a Hong Sangsoo como un Woody Allen asiático, y esta película bien lo demuestra. La secuencia de un vecino que se queja de un gato resulta de antología.

La actriz alemana Paula Beer recibió el Oso de Plata por su trabajo en “Undine”, de Christian Petzold, una fábula contemporánea ambientada en Berlín sobre el mito de la sirena, con varias vueltas de tuerca. Parte de la notable interpretación de Beer es bajo el agua; parece realmente una sirena; en tierra seca, en cambio, proyecta la rigidez de un pez fuera de su ambiente.

El jurando premió al actor italiano Elio Germano con el Oso de Plata por su recreación del pintor naif Antonio Ligabue (1899-1965) en “Volevo nascondermi” (“Quería esconderme”). Es otro tour de force notable, porque Germano no sólo abarca la juventud y vejez del personaje sino también imita, convincente, una discapacidad física y mental, evocando una gran piedad. Los jóvenes hermanos italianos Fabio y Damiano D’Innocenzo escribieron y dirigieron el estupendo “Favolacce” (“Fábulas profanas”), por cuyo guión recibieron el Oso de Plata. La película escapa las coordenadas de género y también va más allá del costumbrismo y la alegoría que resaltan en un primer análisis Los D’Innocenzo describen un mundo adolescente bajo la férula de adultos tóxicos. “Son nuestras observaciones”, explicaron en la conferencia de prensa. Más “8 ½” y Buñuel que neorrealismo, “Favolacce” tiene una vuelta de tuerca final, que obliga a reinterpretar la trama.

El Oso de Plata a la contribución artística fue para Jürgen Jürges, el director de fotografía de “DAU. Natasha”, un perturbador drama ruso que integra un proyecto artístico- ideológico ambicioso, DAU, financiado por un oligarca ruso, cuyo objetivo es recrear física y psicológicamente las condiciones de vida soviéticas, a base de voluntarios que viven varios meses en un antiguo instituto en Kiev. La “experiencia” reproduce el modus operandi soviético –artefactos, comida, micrófono ocultos, policía secreta– y termina afectando el comportamiento de estos voluntarios. “DAU. Natasha” es el primer largometraje que documenta esta “instalación”, y se centra en la destrucción psicológica de una empleada de cafetería interrogada por la policía secreta soviética.

Finalmente, el último Oso de Plata al film que abre nuevas perspectivas estéticas fue para “Effacer l’historique” (“Borrar la historia”), una comedia francesa desopilante que satiriza la imposibilidad de funcionar en el mundo moderno si no se está online, con ochenta contraseñas, los datos personales en más de una nube, y expuesto al lado oscuro de las redes sociales. Los directores Benoît Delépine y Gustave Kervern resultan el equivalente moderno del gran cómico Jacques Tati. Debe notarse que este premio se llamaba Alfred Bauer hasta hace unas semanas. Homenajeaba al fundador y primer director de la Berlinale, cuyo desempeño en la maquinaria de propaganda nazi no se había advertido hasta ahora. Esta es la primera Berlinale bajo nueva administración. La evaluación de los flamantes directores del certamen –el crítico y curador italiano Carlo Chatrian y la directora ejecutiva Mariette Rissenbeck- ya ha comenzado a circular entre periodistas y expertos. Por lo oído estos días, han pasado airosos la prueba de fuego.

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