22 de junio 2006 - 00:00

"Bialet Masse, un siglo después"

Aunque irregular en su factura, el documental de Sergio Iglesias cumple su función de recordar a un valioso hombre de otra época, cuyo alerta sobre dolores y miserias de la Argentina profunda sigue vigente 100 años después.
Aunque irregular en su factura, el documental de Sergio Iglesias cumple su función de recordar a un valioso hombre de otra época, cuyo alerta sobre dolores y miserias de la Argentina profunda sigue vigente 100 años después.
«Bialet Massé, un siglo después» (Argentina, 2006, habl. en español).Guión y dir.: S. Iglesias. Documental.

Para muchos, Bialet Massé es sólo un lindo pueblo del Valle de Punilla, ideal para el turismo familiar. Por ahí, desde sus propios recuerdos de vacaciones infantiles, desde las primeras explicaciones paternas sobre el porqué de ese nombre, empieza el documentalista Sergio Iglesias, que ahora vuelve al pueblo, pero ya no de vacaciones.

Vuelve, y sigue la visita guiada de una escuela al museo de Juan Bialet Massé. Alguien resume su vida. Médico catalán, servicio en Marruecos, llegada al país en 1873, periodista, directivo de los colegios nacionales de Mendoza y La Rioja, titular de medicina legal en la UNC (para lo cual estudia y se recibe de abogado en tiempo récord), presidente del Concejo Deliberante de Córdoba, fundador de una fábrica de cal hidráulica que elimina las importaciones, propulsor y constructor de represas y diques (sobre todo el primero del lago San Roque, empleando 7.000 obreros y materia prima nacional), autor de varios libros de texto, registros de censos y jurisprudencias, un código de procedimientos, etc., titular de legislación laboral y agrícola (para lo cual también estudia y se recibe de agrónomo en tiempo récord), impulsor de colonias algodoneras...

La primera emoción de la película es al ver cómo admiran a este luchador los miembros del museo. La segunda, es al ver la ternura de un hombre simple ante una criatura recién nacida, en un pobre hospital de la provincia de Misiones. ¿Cuál es la relación entre ambas personas?

Un informe de 1904, en tres tomos, para cuya redacción Bialet Massé transitó las 14 provincias que entonces componían el país: «Estado de las clases obreras en el interior de la República Argentina». Ese trabajo, que escribió «como médico, abogado y empresario» (palabras suyas) a pedido del gobierno del general Julio A. Roca, formó las bases de nuestra legislación laboral, junto a los de Luis Despontin, Manuel Ugarte, y Alfredo Palacios, y era, ante todo, un enérgico alerta contra la ignorancia, la insalubridad, y el desinterés por el bien común.

Iglesias no recorre las 14 provincias. Le basta un muestreo donde las palabras del libro se alternan con las imágenes y la voz de los de abajo (el hospital donde los enfermeros hacen con todo su corazón lo que pueden, igual que los obreros petroleros del norte salteño, o los de una fábrica neuquina, o unos artesanos jujeños, unos indios chubutenses, etc.), para comprobar que ese alerta de hace un siglo sigue vigente. Se puede tirar la pelota para afuera (culpar a la globalización, a la oposición, a las víctimas), o considerar este nuevo informe como un actual llamado de atención.

Algo irregular en su factura, a veces distraído con prescindibles tomas de enlace, igual interesa, y cumple su doble función: recordar a un hombre de otra época, y avisar sobre ésta.

También son dignos de rescate, otros dos libros de Bialet Massé: «Cuatro verdades sobre la enseñanza secundaria», y «Deberes y derechos de los obreros», trascripción de una conferencia ante los ferroviarios, que empieza diciendo «No esperéis oír de mi boca esas frases huecas, que se han hecho tontas a fuerza de repetirlas, y que a nada práctico llevan. Yo no voy a decir aquí, aquello de guerra al burgués, fuego al capital, los derechos sagrados del proletariado, comuna, dinamita, esas son macanas, que no sirven sino para retardar el progreso del obrero, calentarle la cabeza y remover lo que queda de salvaje en el fondo de cada hombre, trasmitido por la herencia y que la civilización no ha podido arrancar todavía», y resume finalmente «Instrucción y orden, unión y ley, libertad y responsabilidad, constancia y moderación, he ahí los dogmas del obrero, que conducen a un fin: el triunfo seguro de la Justicia. He dicho.»

Ya no hay gente como ésta.

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