23 de octubre 2002 - 00:00
Borges fue satanizado por la "literatura progresista"
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René Avilés Fabila
Periodista: De la amplia literatura mexicana pareciera que sólo se conocieran a Paz, Rulfo, Arreola, Fuentes y a alguno de los nuevos, como Jorge Volpi...
René Avilés Fabila: Ese ha sido eternamente el problema de los países latinoamericanos, se conocen las cumbres. Ahora algunos autores por haber ganado premios internacionales o por ser publicados en editoriales españolas aparecen en toda América Latina, pero sigue siendo un grave problema el no conocernos. México tiene mucha riqueza, mucha diversidad, hay escritores de toda índole. Antes parecía que el mundo campesino mexicano abrumaría permanentemente a nuestra literatura. Afortunadamente eso ha desaparecido, hoy la literatura es muy urbana. Cómo no serlo con ciudades de millones de habitantes...
P.: Usted pertenece a una generación clave en México...
R.A.F.: Soy parte, junto a José Agustín, Gustavo Sainz, Parmenides García Saldaña, de lo que la critica literaria Margo Glantz denominó, con perversidad propia de las feministas, «literatura de la onda». Generación que consolida la literatura urbana en México. En 1955, al empezar a escribir, encontramos una cantidad asombrosa de literatura rural, y no nos dice nada.
P.: En Europa y Estados Unidos consideran aún lo propio de la literatura de America Latina al realismo mágico...
R.A.F.: Sigue llamando la atención el tipo de literatura donde prevalece lo campesino y esa magia que no veo por ningún lado, sólo en la literatura. Ese gusto ya se había manifestado en el cine mexicano: Jorge Negrete, Pedro Infante, María Félix, el Indio Fernández, Dolores del Río, que había desdeñado una gran carrera en Hollywood para ser la eterna víctima del campo y del macho mexicano, que siempre era Pedro Armendariz. A nosotros nos pareció una aberración. El nacionalismo fue muy irritante y se daba hasta en lugares insospechados. Una vez la revista «Sur» me pidió un texto, envié uno en donde me burlaba de México. A la señora Victoria Ocampo le pareció una monstruosidad. Me mandó una nota diciéndome cómo era posible que me burlara así de mi patria. Traté de explicarle que con frecuencia los escritores mexicanos aterrizábamos en el comunismo y entonces no teníamos mas patria que la lucha proletaria y sandeces de ese tipo (Ríe). No me entendió.
P.: Usted escribió «Borges y yo», un libro de...
R.A.F.: ...cuentos. Relato, entre otras cosas, el encuentro que tuve en 1971 con Borges en la Biblioteca Nacional. Me acompañó el poeta y ensayista surrealista Aldo Pellegrini que no entró. Me dejó en la puerta y me dijo: lo espero, no tengo ningún interés de ver a ese... y agregó algo muy fuerte que no voy a repetir. Y me dijo: va a ver a Borges, pero Borges es imposible que lo vea. Claro, ya estaba casi enteramente ciego. Borges me saludó: ah, méxicano, nosotros los argentinos junto a ustedes no somos rústicos, elementales, patanes, rudos. Entonces le dije: pare usted, Borges, ¿cuántos mexicanos conoce? Me dice: sólo a mi maestro, a Alfonso Reyes. Le dije: Borges, usted no conoce a los mexicanos, son exactamente lo contrario.
P.: ¿Por qué fue a ver a Borges?
R.A.F.: Leí a Borges mucho antes de 1970, cuando empezaba a ser conocido, y me produjo una profunda impresión, tanto por los temas como por los tratamientos. Borges tiene hoy presencia en los jóvenes, en muchachos de 20 años que están escribiendo no diría a la manera de Borges, pero si utilizando muchos de sus secretos, de sus hallazgos. Es notable la enorme influencia de un escritor que fue satanizado en México, en América Latina, por los cubanos y por la «escritura progresista». La literatura es buena o es mala, no es progresista o retrasada.
P.: ¿De Borges le viene su interés por lo fantástico?
R.A.F.: Nunca me ha gustado el realismo, siempre tiendo a lo irreal. Tengo un cuento de un fantasma en la Unión Soviética que choca con el marxismo, con el materialismo dialéctico, y nadie le cree, y es horrible porque el fantasma se angustia. No creen en él. Consultan al Comité Central, y el Comité Central delibera y dice: no, no, no hay fantasmas, Lenin lo dijo: la materia es una e indivisible, el espíritu no existe.
P.: ¿Que piensa de la generación mexicana llamada del «crack»?
R.A.F.: Jorge Volpi y su generación, el crack, llamó mucho la atención porque uno suponía cuando aparecieron que se refería a la droga, y no, todos ellos son buenos, decentes, hablan de ruptura. No se exactamente que tipo de ruptura propongan, pero en general es una generación interesante. Carlos Fuentes ha ponderado mucho que Volpi haga una novela casi europea. No es el único caso, la literatura de Arreola podría ser europea y fue lo que le recriminaron, que a diferencia de Rulfo fuera extranjerizante. Esas criticas eran aberraciones con las que uno se encontraba en esa época.
P.: ¿Cómo hizo para escribir 400 cuentos?
R.A.F.: Creo que son más. Están saliendo mis obras completas, unos 27 títulos en total. Soy un cuentista natural, nunca quise ser novelista. Fui alumno de Arreola y de Rulfo, en el Centro Mexicano de Escritores, y agradezco la brevedad, hasta mis novelas son cortas. Soy novelista por obligación, lo fui con «El gran solitario de Palacio» porque la matanza de Tlatelolco fue impresionante. Estuve allí y salvé la vida milagrosamente. Sólo cuando surge una necesidad muy imperiosa me extiendo. Estoy alarmado con mi nueva novela, lleva 300 páginas y no acaba porque de pronto decidí regresar hasta el imperio azteca.
P.: ¿Cómo se siente que están editando sus Obras Completas?
R.A.F.: Al principio muy bien, ahora no me parece importante. Antes cada libro mío que se publicaba me emocionaba. Hoy ya no tanto. He perdido el entusiasmo por ver los libros publicados.
P.: ¿Qué escritores le gustan?
R.A.F.: Rulfo y Arreola han dicho que son producto de sus lecturas, pienso igual. Cuando leo algo que me gusta me sugiere cuentos. La Biblia, por ejemplo. En «Fantasías en carrusel», donde están mis cuentos fantásticos, hay una larga serie de tema bíblico, y esto viene porque de niño nunca me convenció la Biblia. La encontré de una enorme imperfección y a lo largo de mi vida la fui rehaciendo. Noe era un borrachin perdido que no supo que hacer en el arca, perdió muchos animales, no metió a los dragones ni a los pegasos, muchos por eso desaparecen. Desde luego hay un rescate de los perversos de la Biblia: de Caín, de Judas en «Judas Superstar» porque sin Judas no hay Pasión. Rehice la Biblia quizá porque muy pronto dejé de creer en Dios siendo un niño católico, como buen niño mexicano, sustituí la magia de la religión por la magia de lo que hoy llamamos mitología y en general literatura fantástica. Borges me abrió más ampliamente esa puerta.


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