9 de julio 2003 - 00:00
Brambilla: "Ojalá hubiera veinte teatros nacionales"
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Raúl Brambilla
Periodista: ¿Qué desafíos le presentó esta típica obra de los años veinte?
Raúl Brambilla: ¡Todos! (se ríe). La obra tiene de fondo un conflicto moral, eso está clarísimo, pero el problema era cómo trasladar este melodrama al mundo de hoy para que el espectador pueda asumirlo y le resulte tan emotivo como hace 80 años. Y creo que lo logramos mediante la estilización de recursos, tanto de actuación como de utilización de ciertos objetos que son muy importantes dentro de la obra. Es casi una tragedia, pero no llega a serlo del todo porque el circuito de la culpa no se cierra, no hay un héroe que se inmole en pos de valores más altos, su decisión final queda abierta.
P.: El tema del incesto sigue provocando escándalos en la actualidad. Basta con recordar el caso Woody Allen y Soon-Yi.
R.B.: El caso de Woody era distinto porque se trataba de una hija adoptiva de Mia Farrow, pero acá la joven es hija biológica de la mujer que murió, por lo que roza más de cerca la idea de incesto. Ellos están ante un hecho tabú y lo viven con culpa. La decisión de apagar ese fuego pasional o dejarlo arder los conduce a una situación trágica.
P.: ¿Qué carga erótica tiene la puesta?
R.B.: En una primera lectura pensé que iba a estar muy cargada de erotismo, pero después la obra fue imponiendo sus límites y ahora el erotismo está mucho más sugerido. Si lo poníamos muy a la vista hubiéramos transgredido el discurso de la obra que está marcado por una época y una clase social.Además, esta gente está de pleno luto. Pero ya sabemos que el erotismo es mucho más eficaz cuánto se sugiere que cuando se muestra.
P.: ¿Qué recuerdos conserva de su gestión como director del Cervantes?
R.B.: El balance personal fue muy positivo y yo estoy con la conciencia muy tranquila
porque trabajamos mucho a pesar de los obstáculos que tuvimos.
P.: Entre los que más se recuerdan están los recortes presupuestarios y las declaraciones periodísticas del entonces Secretario de Cultura, Darío Lopérfido, donde restaba importancia al Cervantes en relación al Colón y el San Martín.
R.B.: El tema presupuestario fue lo más grave, porque respondió a una decisión unilateral no consultiva de parte del Ministerio de Economía, que recortaba indiscriminadamente.
P.: ¿Es verdad que el Cervantes estuvo a punto de cerrar?
R.B.: Esa fue una figura utilizada por la prensa que no me gustó mucho. En ningún momento hablé de cerrar. Lo que yo dije es que si se seguía recortando tan brutalmente el presupuesto no se iba a poder seguir funcionando, porque no había con qué hacer contratos, ni obras ni nada. Lo que sí es cierto es que hubo una enorme incomunicación con Secretaría de Cultura, que sufrí mucho y que nunca entendí. Me tocó una época complicadísima. Además, me sorprendió que el Cervantes siendo el único teatro nacional tuviera, de algún modo, los mismos problemas que el San Martín de Córdoba que es un teatro de provincia, con una estructura más pequeña.Yo ya se los dije a los funcionarios de turno, durante mi gestión: no se puede tomar una decisión administrativa, ni legal de manera generalizada. Cada institución tiene rasgos específicos y hay que detenerse en profundidad a ver su funcionamiento y necesidades. Si se engloba todo, la administración pública termina convertida en una cosa enorme e inabarcable con la que naufragamos.
P.: ¿Y ahora cómo ve al Teatro Cervantes?
R.B.: El esquema burocrático sigue siendo muy grande porque éste es un teatro seudo autárquico. Mientras siga existiendo la cuenta única y el presupuesto del Cervantes lo decida Economía, todo va seguir siendo complicadísimo. Espero que los actuales funcionarios de Cultura lo entiendan, porque no es tan complicado. Con atención y decisión política se puede ir mejorando cada área. Este es el único teatro nacional, lo bonito sería que hubiera veinte teatros nacionales.




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