2 de enero 2008 - 00:00

Brandoni: "En cultura, este gobierno es una desgracia"

Luis Brandoni coprotagonizará «El hombre inesperado» con Betiana Blum. En el diálogo con este diario, atacó a José Nun «que dejó el Teatro Cervantes cerrado durante dos años porque no supo resolver un problema gremial de 25 empleados».
Luis Brandoni coprotagonizará «El hombre inesperado» con Betiana Blum. En el diálogo con este diario, atacó a José Nun «que dejó el Teatro Cervantes cerrado durante dos años porque no supo resolver un problema gremial de 25 empleados».
«Ultimamente me di varios gustos», dice Luis Brandoni a este diario. Está hablando de arte, no de política, claro. Sobre eso hablará después, en especial con algunas opiniones sobre la política cultural oficial. Ahora, en pocos días más, el 8 concretamente, Brandoni interpretará a un escritor en crisis en una nueva obra de la autora de «Art», Yasmina Reza, llamada «El hombre inesperado».

La obra, que será dirigida por Luis Romero en el Multiteatro, transcurre durante un viaje en tren de París a Frankfurt. Sentada frente al protagonista va una mujer (Betiana Blum) que lleva en su bolso la última novela de este escritor. De allí en más tendrá lugar un fluir de conciencias, no ajeno a la mutua atracción entre los pasajeros.

Entre los gustos a los que se refería Brandoni figuran haber hecho «Stefano» de Armando Discépolo en el Cervantes, la gira con «Justo en lo mejor de mi vida» y haber vuelto a trabajar en el Teatro San Martín, después de 38 años, con «Un enemigo del pueblo». «Se me partió el alma, cuando terminó la obra, porque tuvo un éxito extraordinario y sé que les abrió la cabeza a muchos estudiantes del secundario», agrega.

Periodista: Usted ya trabajó en «Art» la obra más popular de Reza. ¿Qué opina de este otro título?

Luis Brandoni: Tendría que repetir las mismas palabras que utilizó Osvaldo Bonet en ocasión del estreno de «Querido mentiroso», la versión que protagonizaron Inda Ledesma y Ernesto Bianco: «Vayan a ver cómo es cierto que la inteligencia puede ser un espectáculo». Es difícil hablar de «El hombre inesperado» porque se corre el riesgo de develar algunos recursos que pueden ser malinterpretados. Hay poca acción, pero lo que se va generando entre los protagonistas es muy intrigante. Reza es una gran dialoguista, tiene mucho sentido del humor y conoce muy bien la mentalidad del hombre y de la mujer. Acá se habla de todo. Mi personaje, por ejemplo, es como si quedara en calzoncillos.

P.: ¿Y está feliz de volver a actuar? Mire si hubiese ganado en las elecciones.

L.B.: Nunca me propuse ser un profesional de la política. Yo simplemente cumplo con mi deber de militante, jamás abandonaría la carrera actoral por la política.

P.: ¡Pero aceptó ser candidato a vicegobernador en las últimas elecciones!

L.B.: Sí, pero convengamos que era bastante difícil que pudiera ganar. También fui candidato a senador en 2005, pero le repito, son propuestas que acepto por un compromiso de militancia. Mire, cuando en 1983 asumió el doctor Raúl Alfonsín, me ofrecieron un cargo en el gobierno y no lo acepté. Hablé con él y le dije: «Mire doctor, yo estuve prohibido durante diez años por la dictadura, ahora necesito más que nunca trabajar como actor». Entonces inventamos el cargo de asesor en el área de cultura en forma ad honorem. Nunca tuve el interés de vivir de la política. Le aseguro que en los cuatro años que fui diputado de la Nación perdí dinero porque ganaba muchísimo más como actor. Pero siento que cumplí, todavía se están debatiendo algunos proyectos que presenté entre 1997 y 1999.

P.: ¿Cuáles por ejemplo?

L.B.: El de la Ley de fomento para la activad teatral, que exceptuaba del impuesto a las ganancias a todos los autores, actores y productores que hicieran teatro nacional. Eso lo modificó el doctor Cavallo, quien muy pícaramente sacó a los actores y autores y dejó nada más que a los empresarios. También propulsé la Ley de mecenazgo que fomentaba el apoyo empresario en el arte en contraprestación de una rebaja de impuestos. Este proyecto llegó a ser aprobado por el Congreso, pero después fue vetado por una actuación extraordinaria de Teresa González Fernandez, la ex mujer de Felipe Solá, que fue Secretaria de Cultura del gobierno de Rodríguez Saá. Después, cuando él se fue, ella quedó por inercia en el cargo y seguramente inducida por las grandes empresas se empeñó en la tarea de lograr el veto de la ley y lo logró. También trabajé en un proyecto para declarar a la radio y televisión argentinas un organismo no gubernamental con control parlamentario. Es decir, desafectado de Presidencia de la Nación.

P.: También se lo vetaron...

L.B.:
Sí, De la Rúa, para darle la organización del multimedios estatal a Darío Lopérfido. ¿Qué tal? Yo proponía un sistema de control parlamentario, representativo de las minorías, que llamaría a concurso para los cargos por oposición y antecedentes.

P.: ¿Y este gobierno en materia cultural?

L.B.: No le importa nada. Alguien va a tener que decir algún día que este gobierno ha sido una verdadera desgracia en materia de cultura. Desde el secretario Torcuato Di Tella que salió a decir que ni el presidente ni él consideraban que la cultura fuese una prioridad de este gobierno, hasta José Nun que dejó el Teatro Cervantes cerrado durante dos años porque no supo resolver un problema gremial de 25 empleados. Felizmente, a la actividad cultural de nuestro país no hay con qué darle. Nos incendiaron teatros, nos clausuraron salas pero el teatro argentino tiene cada vez más fuerza.

P.: ¿Y las inspecciones que están sufriendo las salas independientes?

L.B.: Esos son disparates, una total falta de criterio, propio de un país que está muy mal. Le cuento algo. En 1997 yo estaba en campaña por Magdalena, el pueblo más antiguo de la provincia de Buenos Aires y en cuyo teatro -me entero- cantó Enrico Caruso. Hablé con los demás diputados y este teatro pasó a ser designado monumento histórico nacional. Años más tarde, en 2006, se me ocurrió incluir Magdalena en la gira de «Justo en lo mejor de mi vida».

Pero me dijeron que no podía ser, que el teatro está inactivo desde que lo declararon monumento nacional. ¿Y eso qué tiene que ver? les digo. «Es por seguridad, los bomberos no nos permiten dar funciones».

Entrevista de Patricia Espinosa

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