Goran Bregovic y su Banda de Bodas y Funerales. Con G. Bregovic (composición, guitarra, computadora, percusión, voz), Ognjan Radivojevic (derbouka, percusión, voz), Orquesta Gitana de Bronces, Voces Búlgaras (Daniela Radkova-Aleksandrova y Ludmila Radkova-Trajkova) y Vaska Jankovska (voz). (Estadio Luna Park, 26 y 27 de junio).
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El propio Goran Bregovic define a su música como funcional cuando la caracteriza como apta «para bodas y funerales». O para cine -podríamos agregar-, en el que hay fiestas de esos y otros tipos, como cuando escribió y realizó varias bandas de sonido para films de su coterráneo Emir Kusturica - « Unbderground», «Tiempo de gitanos» o «Sueño de Arizona».
De todos modos, no parece ser esa la sensación de las más de 10.000 personas que reunió para sus dos actuaciones en el Luna Park, dos años después de haber debutado en Buenos Aires, en el ambiente mucho más intelectual del teatro San Martín. Esta vez -cuestiones presupuestarias, quizá- no hubo orquesta de cuerdas ni coro masculino. Sí hubo, en cambio, una computadora que hizo las veces de una base rítmica ausente en el escenario. Por lo demás, no hubo mayores sorpresas para quienes presenciaron aquellos recitales de 2001.
Este músico, ex estrella de rock en su Sarajevo natal y convertido en figura internacional después de su mudanza a París y su asociación con Kusturica, repasó varios momentos de las músicas escritas para las películas y algunos cuantos títulos posteriores. Sin duda, lo que más entusiasmó al numeroso público que se ha ganado en la Argentina estuvo en los momentos más festivos -y el Luna llegó a ser una gran pista de baile-, en esa música de fuerte raigambre folklórica de dos tiempos bien marcados y con estructuras que asemejan a oberturas.
Sin embargo, lo más logrado de su obra parece estar en los temas más calmos, en los que las melodías y los instrumentos acústicos -en números pequeños-se adueñan de la música y aparecen las maravillosas voces de sus cantantes femeninas. A Bregovic hay que reconocerle el profesionalismo, la seriedad, la sabiduría sobre la materia sonora y el buen manejo del show que derrocha.
La realización es impecable, con una orquesta de bronces que ingresa espectacularmente por el centro de la platea y que responde con exactitud suiza a los mandatos de su director, que maneja todo con pequeños movimientos de sus brazos o sus manos, con las tres muy buenas voces femeninas mencionadas, con la participación destacada de su cantantepercusionista Ognjan Radivojevic, y con su propia presencia, ataviado en un parisiense traje blanco y llamativos zapatos de colores.
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