16 de junio 2005 - 00:00

Buena idea culmina en un film fallido

La actuación de Osvaldo Laport (de espaldas en su condiciónde ángel que nadie ve) no ayuda a la credibilidad de unfilm que arruina su buena idea inicial con una serie de descuidosy unos cuantos excesos.
La actuación de Osvaldo Laport (de espaldas en su condición de ángel que nadie ve) no ayuda a la credibilidad de un film que arruina su buena idea inicial con una serie de descuidos y unos cuantos excesos.
«Sólo un ángel» (Argentina, 2001, habl. en español). Guión y dir.: H. Maldonado. Int.: O. Laport, C. Milone, O. Santoro, R. Blas, M. Riera, P. Novak, H. Serrano, R. Puente, L. Pereyra.

Es una pena que esta película no haya podido estrenarse en 2001, cuando se filmó. El público entonces estaba más predispuesto a ver cosas como las que aquí aparecen. Pero sus productores no pudieron sacar a tiempo la copia «A» y el «libre deuda», y ahí quedó, a la espera de mejores tiempos que nunca llegarán.

Su autor, Horacio Maldonado, venía de hacer «Héroes y demonios», una historia de acción y locura con epicentro en la política, que a su manera expresaba la bronca del momento por la corrupción general del país. Y en la misma línea siguió con «Casi un ángel», pero, acá está lo interesante, cambió el tono, y hasta el género. En vez de una obra cargada de neurosis, hizo una curiosa fantasía romántico-policial, donde un exitoso ingeniero absorbido por el trabajo muere en un accidente, y a partir de allí, sin que nadie lo vea, empieza a considerar las cosas de otra manera.

Puede pensarse en cualquier título hollywoodense con el mismo punto de partida. El detalle que marca la diferencia, es que ahora el finado no sólo se dedica a cuidar a su familia desde el más allá, como los fiambres cargosos de las cintas americanas, que se ponen de guardabosques de la viuda, sino que además descubre que sus socios eran unos tránsfugas de lo peor (contrato nefasto con una empresa sospechosa, comisiones arregladas a sus espaldas, desaparición de un informe sobre impacto ambiental, pago de coimas con fondos transfereridos que llevan su firma, etc.), y, en consecuencia, se da maña para desenmascararlos públicamente y de ese modo salvar a muchas posibles víctimas.

Un cronista novato, ansioso de hacer periodismo de investigación, será la herramienta adecuada para castigarlos. Aunque el muchacho corra riesgo de vida y el ángel no pueda ayudarlo, lo cual es otro detalle. La historia empieza con un crimen, sigue con el mencionado accidente (a señalar, el ramo de rosas que terminan aplastadas por la ambulancia), incluye algo de tortura, un par de despidos, y otro par de muertes violentas, bastante merecidas.

Los malos, Marikena Riera y Ramiro Blas, se lucen como en la telenovela más elogiada. Lamentablemente, no puede decirse lo mismo de otros rubros. Elenco irregular, cierta dureza en los diálogos, descuidos de guión, música excesiva (encima todo culmina con una canción de Fito Páez a grito pelado), son algunos de los aspectos que juegan en contra, y que el paso del tiempo deja más al descubierto. La idea era buena. Da en el palo.

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