25 de octubre 2002 - 00:00

Buenas muestras en mes inusualmente prolífico

O ctubre en Buenos Aires no da tregua en el terreno artístico y sería interminable consignar la actividad de congresos, seminarios, debates con críticos del exterior, como el recientemente llevado a cabo por la Academia de Bellas Artes, premios, bienales de diferentes disciplinas, presentaciones de libros de artista, no menos de 30 exposiciones colectivas e individuales en lo que constituye una señal de que el arte que se realiza en nuestro país tiene una fuerza arrolladora.

La Argentina, vapuleada en lo social-políticoeconómico, parece no poder doblegar la creatividad de nuestros artistas que están saliendo «con todo» a demostrarlo.

La serie «Los Llorones» y «Proyecto Habitacional Alternativo» que se exhibe en el Centro Cultural Recoleta pertenece a Mariana Schapiro es algo así como un «no llores por mi argentina». Este mar de lágrimas de madera, piedra, metal, caireles, tubos de plástico, cables de acero, terracota, látex, textos en Braille, sogas y delicados hilos de bordar, es una metáfora de la existencia y el sentir de esta artista desde siempre con lo que la rodea.
Schapiro le da significación poética a materiales tan disímiles combinados con extrema rigurosidad formal pero poniendo a la «escultura» fuera de los límites instituidos, acorde con la óptica interdisciplinaria del arte actual. Un montaje que da al todo una cualidad Zen, por la que la mente deberá estar vaciada de imágenes y conceptos previos para concentrarse en la forma de la obra hasta que aparece su manifestación. Y ésta se da en la sutileza de «Laberintos», en la insólita combinación de materiales de «Apasionada», en la nostálgica laboriosidad de «Mar de Lágrimas» o la sobrecogedora «Duelo».

Artista siempre innovadora, de bien ganado prestigio y sensible al entorno, también utiliza el cartón para proyectos habitacionales, una realidad hoy en absoluto virtual.

•Gabriela Aberastury
comenzó a pintar desde su infancia pero nunca casas, animales o personas como los demás niños de su edad. «Pinto mis sentimientos», contestó a los cuatro años, frente a pequeñas obras abstractas. Existe un trazo reconocible a lo largo de toda su obra en la que distorsiona el espacio y, como ella misma lo señala, «el tiempo pierde su cronología».

En su actual muestra en Galería Palatina que se agrega a un abultado currículum de exposiciones colectivas e individuales, ediciones bibliográficas memorables, entre ellas, «El Aleph» (un ejemplar fue adquirido por la Bridwell Library de Dallas (EE.UU.) y una labor didáctica que desarrolla tanto en nuestro país como en Alemania, Aberastury utiliza infinidad de recursos provenientes de su maestría tanto en el grabado como en la pintura. Oleos sobre lienzo, óleo y mezzotinta, alugrafía y linóleo, gofrado, carburo de sílice son algunas de las técnicas empleadas para sus tramas matéricas, escrituras sígnicas, compactas texturas, «drippings», relieves. En formato vertical, «La Araña y el Arquitecto» o «La Espiral del Viento» recurre a una geometría aparentemente caótica, un verdadero
torbellino.

Hace un tiempo, en un pequeño catálogo, Aberastury escribió de puño y letra «mi mano no es más que el instrumento de una voluntad lejana», lo que explica el gesto automático de caligrafías en «Carta a H», una pequeña obra de 2002. En la historia del arte hay artistas a los que se identifica, recuerda o asocia especialmente por un solo cuadro. Seguramente, «Historias de Lluvia», obra que da título a la muestra, quedará en la memoria por las secuencias en las que la artista despliega a la vez que concentra una gran riqueza arquitectural conformada por rectas que también se transforman en curvas y que no permiten evasión alguna. Nuestra mirada queda atrapada por la no-solución de esas secuencias infinitas. Arroyo 821. Clausura el 4 de Noviembre.

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