6 de noviembre 2006 - 00:00

Buenos Aires, del pasado al futuro

Se presentó en la Fundación Proa de LaBoca el libro «Buenos Aires», de HoracioCoppola y Facundo de Zuviría.
Se presentó en la Fundación Proa de La Boca el libro «Buenos Aires», de Horacio Coppola y Facundo de Zuviría.
La Fundación Proa de la Boca es el espacio más adecuado para presentar las fotografías del libro «Buenos Aires» de Horacio Coppola y Facundo de Zuviría editado por Larivière. La ciudad ha sido el tema preferencial de Proa, desde que en 1999 invitó a la curadora de Documenta, Catherine David, quien presentó una muestra de urbanismo con los artistas del grupo Des-límites, autores de un plan de recuperación del Riachuelo.

Con la mirada del extranjero, David advirtió que Buenos Aires estaba más explorada en la literatura que en las artes visuales, y convocó un grupo de escritores para que aportaran su visión de la ciudad. El diálogo con Ricardo Piglia, que habló de su «Ciudad ausente» y también de la de Borges (que busca y encuentra las formas elementales en el suburbio), quedó rondando desde entonces, y ahora, las fotografías de «Buenos Aires» parecieran haber llegado para continuarlo.

La ciudad de Coppola es recta y solitaria, quieta y silenciosa, la de De Zuviría es sinuosa y está plagada de reflejos y resplandores que la desmaterializan. Pero ambos, a pesar de la diferencia que impone el paso del tiempo, comparten una mirada afín.

Las imágenes de Coppola, tomadas entre 1929 y 1936, se asemejan al Buenos Aires «esencial» de Borges; las fotos que sacó De Zuviría entre 1980 y 2005, se acercan a esa ciudad «futura, ausente, próxima, por construir», de Piglia. De hecho, en el libro figuran dos esquinas metafísicas de Palermo fotografiadas por Coppola, que ilustraron en 1930 la primera edición de «Evaristo Carriego» de Borges. En la foto «Vista del Kavanagh», De Zuviría muestra a través de un vidrio, una ciudad que se transfigura, cuyas formas se deshacen entre los reflejos de lo que fue y lo que apenas se insinúa. Porque el verdadero tema de estas fotos es el tiempo.

En su ensayo «Nueva refutación del tiempo», Borges sitúa al lector en una dimensión casi abstracta de Buenos Aires, en un barrio de los márgenes deliberadamente idealizado e inmóvil, donde se percibe el aspecto eterno de las cosas. Los matemáticos encuadres de Coppola colocan al espectador en ese lugar preciso; después de siete décadas, la cámara indagadora de De Zuviría persigue ese mundo fugitivo.

Las imágenes de ambos exploran -acaso sin proponérselo-, la relación que los habitantes de Buenos Aires entablan con el devenir, y basta ver la tapa del libro. La calle Corrientes que ya no será nunca así; los transeúntes de la Recova que marchan quién sabe dónde. «Solamente los países nuevos tienen pasado», dice Borges. «Yo no he sentido el liviano tiempo en Granada, a la sombra de torres cientos de veces más antiguas que las higueras, y sí en Pampa y Triunvirato» -escribe, en un texto que dedica a Figari-. «Aquí somos del mismo tiempo que el tiempo, somos hermanos de él».

En otras palabras, el tiempo liviano de la milenaria Granada es el no-tiempo del sueño (para Shakespeare estamos hechos de la materia del sueño), mientras el tiempo de Pampa y Triunvirato es la vigilia porteña (el tiempo real). Las fotografías reunidas en la muestra, hablan de una ciudad que huye y se construye a la vez.

El encuentro entre el Buenos Aires abstraído de Coppola y el evanescente de De Zuviría, viene a cubrir ese vacío de las artes que señaló la curadora francesa pero, sobre todo, a suscitar nostalgia por el tiempo que se fue y a generar la ansiedad de adivinar el que vendrá.

Dejá tu comentario

Te puede interesar