19 de marzo 2002 - 00:00

Burmann: "Que estemos mal no nos condena a contar solo tragedias"

Daniel Burmann
Daniel Burmann
"Estoy aprendiendo algo obvio: uno filma para comunicarse, no para mostrar cuán inteligente es. Obvio, pero cuesta aprenderlo". Así habla Daniel Burmann, que pasó de 3.000 espectadores con «Un crisantemo estalla en Cincoesquinas», a 60.000 con «Esperando al mesias», cifra que espera mantener, pese a la crisis, con «Todas las azafatas van al cielo», film que estrena este jueves. «Cuando la gente ve y disfruta la película, eso le da sentido a lo que hago.Y me da como mucho placer», dice.

Periodista: ¿De qué trata su película?


Daniel Burmann:
Cuando se las representa, las azafatas están en todos lados y en ninguna parte. Vuelan y nunca quedan en tierra. La mía, que tiene un problema, se baja, busca algo, escapa continuamente, y hasta prueba ese falso ritual suicida, infantil, de asomarse a la muerte. Del otro lado está un odontólogo, cuya vida es un eterno pasillo. Y en el medio se encuentran.

P.: La presentó en Berlín, fuera de concurso.


D.B.:
Y se me acercaron como diez azafatas alemanas, «¡Es así!», decían. La gente se reía donde yo esperaba, y captaba las sutilezas, o aceptaba la vulgaridad de los pilotos, esa vulgaridad que llegado el momento expresa ciertas verdades. Fue gratísimo lo de Berlín.

P.: Ellos no esperaban una comedia romántica.


D.B.:
Valoro muchísimo a quienes muestran la realidad en sus películas, pero, aunque estemos mal, no estamos condenados a contar solamente tragedias e historias tercermundistas. Hacemos otras cosas, aparte de la realidad. Aclaro que no es exactamente una comedia romántica, sino más bien una comedia sobre el dolor. Uno tiene un dolor y no puede estar con él, ni sin él, porque también te acompaña. Y te da identidad. Mis personajes sufren, pero, como suele ocurrir, lo que uno sufre, al otro que lo ve le causa gracia. La risa surge entonces en la visión de cada espectador. Y mis personajes tambien aman. Un amor de conveniencia, de cabotaje. Y es válido. ¿Por qué no podemos amar mas o menos? Algo no tan apasionado, lubricado, maravilloso, como el que aparece en las películas americanas, pero más posible.

Sex appeal

P.: Cuente del Alfredo Casero protagonista.

D.B.:
Es un Casero interesante, diferente, haciendo un viudo de mediana edad. Este actor tiene, curiosamente, un raro sex appeal.

Galanes y actrices

P.: Los galanes gordos estamos de moda...

D.B.:
Cosa que me alegra. No todos deben ser jóvenes y hermosos.

P.: En cambio, Ingrid Rubio, su protagonista femenina, es joven y hermosa.


D.B.:
Y bueno, qué quiere. Pero no porque crea que en una historia de amor las mujeres deban identificarse con una chica bonita, sino porque me gusta mucho como actriz. Su trabajo en «El faro» es impresionante.

P.: ¿Quiénes los acompañan?


D.B.: Valentina Bassi
, en un personaje que me gusta mucho, de prosti, guía turística, madre, cirujana clandestina...Siempre te exigen un punto de vista moral sobre los personajes. No sé. Esta es su historia, su vida, y es la que tiene más vida. Y Emilio Disi, un personaje querible, que refleja la necesidad de comunicarse con una hija a través de pequeñas travesuras. Y Daniel Hendler, como un taxista judío que está en su propia diáspora, oyendo su música tradicional. Norma Aleandro, que está formidable; y también varios actores más, como Sandra Sandrini, o Mosquito Sancinetto, yo no diría en papeles chicos, sino en un minuto que después pueda recordarse, tipo instantáneas. Pero acá, en vez de hacer una película coral, como «Esperando al mesías», quise profundizar en dos personajes. Me gusta más, por ahora. Y otro personaje, es Ushuaia en invierno. Una anécdota. Lo primero que hicimos fue la escena donde ambos se conocen, cada uno con los pies descalzos enterrados en la nieve (no me pregunte por qué). Estábamos en una pista de esquí, a 15 grados bajo cero, mirabas abajo y era todo blanco, arriba y también era todo blanco, los handies no andaban por el frío, así que debíamos gritar, y, aunque habían cerrado la pista, igual cada tanto pasaba algún esquiador delante de la camara...

P.: Habría algo cerca para calentarse.


D.B.:
Más o menos. El bar estaba abajo, debíamos ir en motos de nieve. Pero filmamos rapidísimo.

P.: Se entiende.Así que paisajes fueguinos, perritos huskies...

D.B.: Huskies no, hubiera sido demasiado bonito. Pero en la escena de un nigh-club barato apareció un perro callejero al pie del escenario, y me pareció muy bueno.

Proyectos

P.: ¿Y ahora, qué proyectos tiene?

D.B.:
Con nuestra pequeña empresa, DB Cine (mi socio es Diego Dubcovsky), participaremos en la parte argentina de la próxima película del brasileño Walter Salles, a rodarse en setiembre. Ya hemos hecho servicios de producción para una miniserie italiana de Giorgio Capitani, por ejemplo. Siempre me interesó la producción
como un trabajo creativo. Me encanta, no lo veo como un estadio inferior a la dirección.

P.: Pero hará otra película.

D.B.: «Escaletrix»
, el próximo verano, algo sobre el amor en el matrimonio. Tengo una visión muy piadosa del tema. Bueno, sin darme cuenta, en mís películas hablé sucesivamente de la búsqueda del amor primero y el amor de mediana edad, y ahora estoy pensando en el amor maduro. Y la verdad que no es algo autobiográfico. Incluso «Esperando al mesías» es menos autobiográfico de lo que muchos creen.

P.: ¿Entonces?

D.B.:
Escucho mucho lo que hablan en las otras mesas del bar.

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