22 de noviembre 2004 - 00:00

Cae el arte latinoamericano en subastas de Nueva York

«Detrazado» de Rómulo Macció, obra expuesta en la Bienal de Venecia en 1968 que se vendió en «Christie’s» en 45.410 dólares.
«Detrazado» de Rómulo Macció, obra expuesta en la Bienal de Venecia en 1968 que se vendió en «Christie’s» en 45.410 dólares.
La semana pasada en Nueva York, durante las jornadas de remates de arte latinoamericano, «Sotheby's» cosechó 11,7 millones de dólares y «Christie's» 9 millones. Poco dinero si se tiene en cuenta que había un Frida Kahlo, y si se compara con los 388 millones que suman este año las ventas de impresionistas y grandes maestros. Pero a pesar de los magros resultados, abundaron los comentarios.

Algunos aseguran que Ana Sokoloff, historiadora del arte que desde el año 2000 se desempeñaba como jefa del departamento dedicado a Latinoamérica de «Christie's», renunció a su cargo porque quiere montar su propia galería de arte contemporáneo. Otros, dicen que rodó su cabeza cuando la subastadora evaluó que además de «varias ventas excitantes, incluso la primera de arte latinoamericano en París», los números dejan mucho que desear si se comparan con los de Sotheby's, su eterna rival.

Entretanto, una pintura de David Alfaro Siqueiros que ilustraba la tapa del catálogo de «Sotheby's» fue retirada de la venta a último momento «porque habrían cuestionado su autenticidad», según afirman los entendidos. «Un dato anecdótico, porque las casas de subastas no son museos donde hay curadores expertos, y los falsificadores, que abundan, son cada día más sofisticados y engañan a cualquiera», asegura un experto.

El arte argentino tuvo sin embargo una performance muy especial en «Christie's», más que nada si se sabe que en estos últimos tiempos de devaluación, las subastas neoyorquinas desaparecieron de las agendas de nuestro país.

«Los coleccionistas son como estrellas fugaces»,
dice Rodolfo Windhausen, periodista argentino radicado en EE.UU. que desde hace 25 años asiste a las subastas, y no duda cuando tiene que observar «las razones reales de la compra» o descubrir «algún testaferro o galerista dedicado a subir artificialmente los precios».

Aún así, una pintura de Guillermo Kuitca se vendió en 71.000 dólares; «Detrazado» de Macció (expuesto en la Bienal de Venecia en 1968) en 45.410 dólares, y otra obra del mismo artista realizada en 1965, fue pagada 31.070 dólares. Luego, una obra de Fabián Marcaccio llegó a 28.680 dólares, «Evita» de D'Arienzo se vendió en 23.900, una pintura de Fernando Canovas en u$s 14.340, Guillermo Conte en u$s 7170, Daniel García en u$s 9560 y Benedit en u$s 6573.

Pero en el Norte nunca falta alguien dispuesto a pagar un millón de dólares o más, y así lo demuestran el récord logrados, en «Christie's» de más de 1 millón por las pistolas de Bolívar, y en «Sotheby's» por una pintura del venezolano Michelena del siglo XIX (u$s 1,3 millón). De todos modos, en esta última década, las cotizaciones del arte latinoamericano en las subastas se han estancado, mientras en otros mercados como las ferias y galerías continúan subiendo. El principal motivo parece ser que no se cuida la selección y la calidad de las obras es muy despareja.

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