Calderón y Lope, huéspedes de abril en Buenos Aires

Espectáculos

La Compañía Nacional de Teatro Clásico de España se presentará desde hoy, y durante el resto del mes, en el Teatro Presidente Alvear con dos obras de su repertorio dedicado al Siglo de Oro Español. El programa dará comienzo a las 20.30, con «El castigo sin venganza», de Lope de Vega, que tendrá funciones hasta el domingo 23, y continuará del 27 al 30 con «Amar después de la muerte», de Pedro Calderón de la Barca.

La compañía decidió celebrar su vigésimo aniversario en Buenos Aires, ya que fue aquí donde estrenó (en abril de 1986) su primer trabajo, «El médico de su honra», de Calderón, en el Teatro Nacional Cervantes, y dos años más tarde «El burlador de Sevilla» de Tirso de Molina, espectáculo que coprodujeron con el Teatro San Martín. Ahora, la compañía ofrecerá dos nuevas producciones con puesta en escena de Eduardo Vasco, su actual director. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Por qué eligieron como repertorio el Siglo de Oro Español?

Eduardo Vasco: Teatralmente hablando, hay sólo tres períodos en la historia de la humanidad que se pueden calificar de extraordinarios. Uno es el de la tragedia y comedia griegas, otro el teatro isabelino y otro el del Siglo de Oro español. Esta compañía es la institución que garantiza que el patrimonio clásico español esté en escena, para que todas las generaciones puedan ver uno o varios títulos representativos. Es el equivalente de la Comédie Française y de la Royal Shakespeare Company de Londres. Pero estas instituciones tienen más presupuesto y pueden hacer hasta teatro contemporáneo; nosotros no, a lo sumo llegamos hasta el romanticismo.

P.: El espectador argentino no es muy afecto al teatro en verso. ¿Ha tenido en cuenta esa dificultad?

E.V.: También en España había cierta aprensión hacia el teatro clásico, y eso ha cambiado. Ahora, además, el precio de las entradas es más accesible, y pasamos de ningún festival a tener muchos en toda España. Podríamos asegurar que hoy el teatro clásico es exitoso. Nosotros tenemos un público bastante fiel y estamos permanentemente de gira con nuestros tres elencos.Además, formamos a nuestros actores para que el verso le resulte bello y natural al espectador, para que se crean que los personajes hablan así. Eso se había perdido, pero ahora hay actores muy entrenados. El nuestro es un teatro muy de palabra, por eso apostamos a los actores y al texto. No somos la compañía vanguardista del estado español, tenemos que contar la historia como es. No podemos « deconstruir», por ejemplo, «La vida es sueño» porque a lo mejor perdemos la oportunidad de que toda una generación conozca la versión auténtica.

P.: De todas maneras adaptan los textos.

E.V.: Claro, porque estas obras están llenas de noticias y comentarios que poco tienen que ver con la acción principal. En aquella época, la gente iba y venía por el corral de comedias armando un alboroto tremendo, y entonces había que recordarle lo que había ocurrido en las escenas anteriores. El espectador de hoy ha cambiado radicalmente, está muy influido por la publicidad y del cine.

P.: «El castigo...» tiene una puesta más aggiornada, transcurre durante el gobierno de Mussolini; mientras que la de «Amar después de la muerte» ofrece una minuciosa reconstrucción histórica. ¿Por qué?

E.V.: «Amar...» es un texto tan potente para la España de hoy que decidimos dejar a Calderón tal cual. Ya que además habla de unos hechos históricos que figuran entre lo más vergonzoso que sucedió en el país y que llevó a la expulsión de los moros al no conseguir que se asimilasen a la cultura castellana. En España pasa ahora algo muy parecido con toda la inmigración magrebí. Es todo muy complicado y la dificultad de asimilación está llevando a mucha gente a pensar que la solución es echarlos. Y claro, oír a Calderón denunciar algo de tanta actualidad, cuatrocientos años antes, hizo que prefiriéramos servirlo así, por el efecto que tiene este conflicto en el espectador de hoy.

P.: ¿Y con respecto a «El castigo...»?

E.V.: Su tema es más universal (la joven esposa del Duque de Ferrara se enamora de su hijastro desatando, la cruel venganza de su marido) y está mezclado con un conflicto de poder. Lo llevamos al fascismo italiano porque era lo más cercano en el siglo XX que nos permitía jugar con el tema del honor de una manera tan violenta. Además a Mussolini le pasó algo parecido con su yerno el Conde Ciano, al que mandó ejecutar.

P.: Ambas obras tienen alto contenido ideológico.

E.V.: Casi todo el teatro clásico español lo tiene. Lo que sucede es que muchas funciones se han hecho de una manera tan frívola que lo han desvirtuado. Le doy un ejemplo: «Fuenteovejuna» siempre se había representado como un drama antipoder, como una obra casi republicana, cuando es todo lo contrario, un canto a la monarquía. Por eso muchos directores suprimían el final, con la llegada de los reyes que se unen a todo el pueblo. Lo que les dice Fernando el católico es «¿qué queréis, que los proteja yo en lugar de este otro?» Bueno, venga. El resto son utopías, no es un pueblo que se rebela. Si quieren hacer de «Fuentejovejuna» un canto al comunismo, que lo hagan, pero ésa no es la obra.

Entrevista de Patricia Espinosa

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