19 de abril 2006 - 00:00
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Eduardo
Vasco: «Una
obra como
‘Fuenteovejuna’
es
monárquica
y no
comunista.
Los que
quieren
hacerla así le
cortan el
final».
P.: De todas maneras adaptan los textos.
E.V.: Claro, porque estas obras están llenas de noticias y comentarios que poco tienen que ver con la acción principal. En aquella época, la gente iba y venía por el corral de comedias armando un alboroto tremendo, y entonces había que recordarle lo que había ocurrido en las escenas anteriores. El espectador de hoy ha cambiado radicalmente, está muy influido por la publicidad y del cine.
P.: «El castigo...» tiene una puesta más aggiornada, transcurre durante el gobierno de Mussolini; mientras que la de «Amar después de la muerte» ofrece una minuciosa reconstrucción histórica. ¿Por qué?
E.V.: «Amar...» es un texto tan potente para la España de hoy que decidimos dejar a Calderón tal cual. Ya que además habla de unos hechos históricos que figuran entre lo más vergonzoso que sucedió en el país y que llevó a la expulsión de los moros al no conseguir que se asimilasen a la cultura castellana. En España pasa ahora algo muy parecido con toda la inmigración magrebí. Es todo muy complicado y la dificultad de asimilación está llevando a mucha gente a pensar que la solución es echarlos. Y claro, oír a Calderón denunciar algo de tanta actualidad, cuatrocientos años antes, hizo que prefiriéramos servirlo así, por el efecto que tiene este conflicto en el espectador de hoy.
P.: ¿Y con respecto a «El castigo...»?
E.V.: Su tema es más universal (la joven esposa del Duque de Ferrara se enamora de su hijastro desatando, la cruel venganza de su marido) y está mezclado con un conflicto de poder. Lo llevamos al fascismo italiano porque era lo más cercano en el siglo XX que nos permitía jugar con el tema del honor de una manera tan violenta. Además a Mussolini le pasó algo parecido con su yerno el Conde Ciano, al que mandó ejecutar.
P.: Ambas obras tienen alto contenido ideológico.
E.V.: Casi todo el teatro clásico español lo tiene. Lo que sucede es que muchas funciones se han hecho de una manera tan frívola que lo han desvirtuado. Le doy un ejemplo: «Fuenteovejuna» siempre se había representado como un drama antipoder, como una obra casi republicana, cuando es todo lo contrario, un canto a la monarquía. Por eso muchos directores suprimían el final, con la llegada de los reyes que se unen a todo el pueblo. Lo que les dice Fernando el católico es «¿qué queréis, que los proteja yo en lugar de este otro?» Bueno, venga. El resto son utopías, no es un pueblo que se rebela. Si quieren hacer de «Fuentejovejuna» un canto al comunismo, que lo hagan, pero ésa no es la obra.
Entrevista de Patricia Espinosa




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