Cannes 2002: entre política y negocios

Espectáculos

Cannes (ASN, DPA y Reuters) - El Festival de Cannes no es sólo una vitrina de glamour y dinero: política y, sobre todo, negocios y acuerdos para lo que resta del año, marcan la mayor celebración de cine del mundo. Cuando faltan cuatro días para la clausura, estos son algunos de las novedades: la nueva división de cine arte de Universal, Focus, ha precomprado los derechos de la película biográfica acerca de la sufrida poeta estadounidense Sylvia Plath, protagonizada por Gwyneth Paltrow. El film se centrará en la tempestuosa relación entre Plath y su marido, el laureado y extinto poeta británico Ted Hughes.
 
El director canadiense
David Cronemberg, por su parte, mostró «Spider», el primer film que rueda en Inglaterra, y si bien el clima sombrío de la narración es puro Cronenberg, el film parece más una obra de encargo que un digno opus del maestro absoluto del horror psicológico.

Quentin Tarantino
comenzará a filmar en Beijing, el mes próximo, su largamente esperada película, «Kill Bill», que protagonizarán Uma Thurman, David Carradine y Lucy Liu. La filmación continuará en Tokio, Londres y Los Angeles.

Dos películas llamaron la atención en el Festival: el controvertido director palestino Elia Suleiman se acercó, con ácido sentido del humor, al conflicto de Cercano Oriente con «Divine Intervention, a Chronicle of Love and Pain». Suleiman, que también es el guionista y el protagonista, presentó un film con apenas diez minutos de diálogo en todo el metraje.

Su cámara, que ha sido fijada en determinados puntos de los territorios palestinos, no sólo muestra la humillación a la que policías palestinos someten a civiles, sino también descubre escenas de egoísmo entre los propios palestinos. En rueda de prensa, el realizador explicó que con ello ha querido mostrar «al pequeño fascista que todos tenemos dentro».

El director, que se considera un pacifista aunque vierte muchas veces declaraciones explosivas, dijo haber impreso en el film el «ambiente claustrofóbico» que se respira en los territorios palestinos y el «creciente espíritu fascista de Israel», según declaró.
Suleiman, que con su primer largometraje «Chronicle of a Disappearance» (1996) ganó en el Festival de Venecia el premio a la mejor ópera prima, subrayó que su película no es un documental, sino una documentación de lo que allí se está viviendo, de la paralización existente entre los palestinos, de la agresión que sufren, y sobre todo del sinsentido de una violencia que convierte en mártires a palestinos que reciben las balas israelíes y que acaba con la vida de muchos inocentes de todas partes.

El otro film fue
«Ararat», del canadiense Atom Egoyan («El dulce porvenir»), que se ocupa del genocidio de un millón de armenios en la parte oriental de Turquía en 1915. Protagonizada entre otros por el astro de la canción francesa Charles Aznavour, también de origen armenio, la selección de esta película para el festival desató las protestas de las autoridades turcas, que niegan el genocidio.

Concebida como cine dentro del cine -la película trata sobre un director que ha decidido reconstruir lo ocurrido en base a testimonios-, «
'Ararat' es una meditación del papel espiritual del arte en el proceso de intentar comprender tras el genocidio», señaló Egoyan en conferencia de prensa. «Cada escena me recordaba algo de lo que mi madre me contó», añadió Aznavour. Al cantante le gustaría que el film tuviese la mayor difusión posible para que así lo ocurrido en el pasado «no pueda ser ocultado. Especialmente para los turcos jóvenes en todo el mundo es muy importante comprender qué pasó», dijo.

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