11 de noviembre 2003 - 00:00

Canogar, con la visita de los reyes

Obra de Rafael Canogar
Obra de Rafael Canogar
El jueves, sus majestades los reyes Don Juan Carlos y Doña Sofía de España presentarán en el Museo Nacional de Bellas Artes, con la asistencia del artista, una muestra retrospectiva de Rafael Canogar. Las setenta obras seleccionadas atestiguan su trayectoria desde sus comienzos con el grupo El Paso hasta sus trabajos más recientes.

Canogar
, nacido en Toledo en 1935, se trasladó a Madrid en 1944. La abstracción geométrica caracteriza sus primeros trabajos pero, a mediados de la década del cincuenta, se orientó hacia la abstracción informalista. En 1957 participó en la creación del grupo renovador del arte español El Paso junto a los escultores Martín Chirino y Pablo Serrano, los pintores Manolo Millares, Manuel Rivera y Antonio Saura y los críticos José Ayllón y Manuel Conde.

El grupo propone un nuevo lenguaje cercano al informalismo y es uno de los primeros movimientos en la vanguardia de post-guerra de España. Los cambios en el contexto social y cultural de ese país a fines de los cincuenta y comienzos de los sesenta fueron promoviendo el modelo de las sociedades industriales de Occidente. «'Nulla aesthetica sine ethica' puede ser la clave simbólica que aglutina a las fuerzas creativas más activas del arte español de esos años», observó Francisco Calvo Serraller.

Es el tiempo del compromiso político en todas partes y los artistas españoles se identifican no sólo con la vanguardia artística sino también política. El movimiento El Paso, representativo de ese contexto, alcanzó reconocimiento internacional y ejerció una importante influencia en las generaciones españolas siguientes. Pero, tras la crisis del informalismo, se desarrolló una reacción figurativa, neoexpresionista y pop. En estos artistas es necesario destacar que el aporte de Bacon no se limita a la concepción del espacio, sino que se vincula con su sistema de retratos a partir de fotografías.

Bacon
había señalado «las fotografías no son sólo puntos de referencia. Son a menudo reactivadoras de ideas». La pintura española de esos años está llena de imágenes cotidianas caracterizadas por una perspectiva expresionista y recursos tomados del pop art. Un fenómeno conocido en España, pero donde los artistas no adoptaron literalmente el modelo americano.

Algunas fórmulas del pop -aunque transformadas-, se reconocen en Canogar, quien modificó su retórica visual, luego de su estadía en los Estados Unidos en 1965, donde fue profesor en el Mills College de Oakland, en California.

«Tomo la realidad» -escribió- «haciendo pintura figurativa.Al hacerlo, encuentro otra realidad, social, con la que no estoy conforme. A partir de ello mi obra inicia un derrotero de pintura testimonio. Utilizo para detectar el tema todos los medios de difusión. Y encuentro a un hombre un poco anónimo, que no tiene cabeza, ni identidad reconocible, que puede estar en cualquier sitio. Estas figuras que se mueven, que caminan, que son apaleadas, sufren en mi arte una transformación que las hace emblemáticas de las situaciones del hombre actual».

A ese período pertenecen sus series sobre temas políticos y sociales, escenas de violencia, representadas como imágenes simbólicas de nuestro tiempo, a la manera de testimonios, en los que se neutralizan las valoraciones o puntos de vista del artista. En esos años, utiliza fragmentos de fotografías de reportajes y poco a poco, sus formas se van materializando en rostros y objetos. «Trabajo con una primera materia informal, torturada y orgánica cuyo antecedente surge en el barroco», señaló en 1962.

Al retomar la figuración, con estas obras que cuestionan los problemas sociales, se convirtió en una de las figuras más destacadas del realismo crítico español. Realizó collages fotográficos y trabajos tridimensionales que remiten a las víctimas de la opresión y las persecuciones políticas; obras como «
Agresión», «Tumulto», «Protesta» son un ejemplo de esta temática.

La muestra en el Museo incluye obras de los años setenta cuando retomó la abstracción, y de los ochenta, vinculadas a lo geométrico. A mediados de los setenta,
Canogar realizó collages abstractos, casi todos monocromáticos, pintados con la espátula. En los ochenta, recuperó las imágenes del rostro humano representado, con indudables alusiones al desasosiego del hombre contemporáneo.

Sus obras de la última década se caracterizan por la fragmentación. Acerca de ellas, ha dicho
«por un lado está el formato irregular, formado por la superposición de diferentes capas de pasta de papel; por otro, la imagen que, como signo o ícono, construye y reconstruye las obras».

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