4 de abril 2003 - 00:00
Carlos Gorostiza, de estreno a los 83
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Carlos Gorostiza
Carlos Gorostiza: Yo lo llamo atletismo escénico. Es cierto, prácticamente una parte de mí mismo había abandonado la dirección, porque quería dedicar el tiempo que me queda a lo que más me gusta y me importa, que es escribir. Una tarea que lleva mucho tiempo, pero cuando terminé «Toque de queda» después de dos o tres meses de dejarla dormir, volví a leerla y me dije: «Esto lo tengo que dirigir yo y en la sala Casacuberta». Entonces, llamé a Kive Staiff y se la ofrecí. Ahí fue cuando me contó que pensaba llamarme para poner «El pan de la locura», pero le hice la contraoferta y después de tomarse unos días para leer la obra, aceptó.
P.: Su último trabajo para la escena fue «Abue. Doble historia de amor», en 1999. Ahora
regresa con una obra de mayor compromiso.
C.G.: «Abue...» fue un divertimento que me permití.
P.: Leyendo la obra se diría que Pericles, el protagonista de «Toque de queda» es la encarnación del mal que nunca muere.
C.G.: Todo el mundo me pregunta quién es Pericles o qué representa y yo no quiero levantar el telón sobre este misterio. En realidad no es un misterio, es una metáfora en la que cada espectador puede entender lo suyo. Lo único que puedo adelantar es que se trata de un personaje inmortal. La acción transcurre en agosto del '45, el día que se festeja el final de la guerra, pero es un festejo entre comillas porque este personaje en cierto momento dice: «¿Qué es lo que están festejando? Siempre se festeja un hecho muy especial e irrepetible, pero con tanta guerra que va a haber ¿qué sentido tiene festejar este final?».
P.: ¿Y por qué se llama «Toque de queda»?
C.G.: Fue una licencia que me tomé. Ese día no hubo toque de queda en Buenos Aires, pero hubo grandes corridas. Teníamos un gobierno muy de derecha y los que salimos a la calle a gritar por la liberación de París o por el final de la guerra fuimos acosados por la policía.
C.G.: Sí, yo tuve que treparme por las rejas de un casa de la calle Alvear para que no me agarraran los cosacos, así llamábamos en ese entonces a la policía montada. ¡Lo que son las vueltas de la vida! Cuando fui Secretario de Cultura, durante el gobierno de Alfonsín, tenía mi despacho justo enfrente de esa casa. Me interesa jugar con el tiempo, por eso los personajes de la obra saben lo que va a ocurrir en el futuro de una manera mágica y misteriosa. Se anticipan grandes acontecimientos como la computación, la irrupción del sida... La idea es que el espectador vaya subiendo y bajando en el tiempo.
P.: En «Toque de queda» usted relaciona el mal con la seducción.
C.G.: Sí, porque el mal es seductor.Acuérdese de «Portero de noche», la película de Liliana Cavani. ¿Por qué el mal es seductor? Fundamentalmente por miedo. Eso hace que el seducido se entregue al poder del otro, prefiere estar de acuerdo con él porque tiene miedo de oponerse.
P.: Pericles insiste en que la esperanza es una traidora. ¿Está de acuerdo con esa frase?
C.G.: ¿Usted cree que Shakespeare estaba de acuerdo con lo que pensaba Macbeth?
P.: No, pero podría suponerse que la esperanza es una actitud demasiado pasiva para un dramaturgo tan combativo como usted.
C.G.: Mire, hay una hermosa película soviética que se llamaba «Juan Sebastián Bach era un gordito alegre», que mostraba justamente la faz más divertida de Bach, muy lejos de sus espirituales cantatas, de las que desde luego soy gran un admirador. Bueno, yo no soy Bach, pero tengo derecho a tener mis cositas alegres, fuera de lo que aparece en mis obras. Quiero aclarar, que a pesar de todo, la bondad siempre triunfa sobre la maldad. Yo creo en eso. Si no fuera así, no estaríamos aquí charlando tan tranquilamente ni yo estaría dirigiendo una obra en este maravilloso teatro.


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