«Llegué para irme» es una extraordinaria
demostración del talento de Gabriel Chamé
Buendía (no por nada, un elegido por
el Cirque du Soleil), que ganaría aún más
intensidad con algunos minutos menos.
«Llegué para irme» Dramaturgia y puesta en escena: A. Gautre y G.Chamé Buendía. Int.: G.Chamé Buendía. Esc. e Ilum.: J.Pastorino. (Paseo La Plaza.)
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Ex integrante del Clú del Claun, y habitual colaborador del Cirque du Soleil (trabajó durante cuatro años en «Quidam» y ya fue convocado para un nuevo show), Gabriel Chamé Buendía debuta ahora en Buenos Aires con su propio espectáculo de clown, ya estrenado con gran éxito en el Festival de Avignon 2006. «Llegué para irme» narra las vicisitudes de Piola Buendía, un individuo que llega a su hogar tras una larga ausencia sólo para rearmar valijas y partir de viaje nuevamente. Durante su breve estadía intentará recuperar el tiempo perdido, atendiendo los insistentes llamados de su madre, poniendo en orden su casa y tratando de concertar una cita con la mujer que lo desvela.
Chamé, en realidad, se basó en su propia experiencia de artista en gira y ahí se lo ve lidiando con las compañías aéreas o abrumado por el caos en el que lo sumerge esa vida nómada de la que también se burla. El actor tiene la misma capacidad de delirio que caracterizó a los grandes cómicos del cine mudo. Inventa juegos con todo lo que se le pone a tiro, lucha contra los objetos que se le rebelan (incluidos los electrodomésticos) y logra que cualquier cosa cobre vida o se convierta en algo inesperado. Su gracia no tiene límites cuando juega con las palabras. La escena en la que intenta armar una carta que él mismo rompió sin querer resulta desopilante.
También dialoga con el público, reflexiona sobre su vida, se pelea por teléfono con alguna empleada ineficiente, o se divierte combinando las tres lenguas que maneja habitualmente (inglés, francés y castellano).
El espectáculo suma un disparate tras otro, pero no deja de transmitir cierto grado de angustia (tanto viaje impide tener un amor duradero) y de sutil melancolía (la aparición del padre muerto parodiando a «Hamlet»). Las fantasías eróticas del protagonista arrancan carcajadas en la platea, pero esto no impide que los domingos la sala se llene de chicos que festejan las ocurrencias del clown (su hiperkinesia infantil, sus pruebas de equilibrio, sus rebotes en la cama elástica).
Chamé maneja con inteligencia esta « invasión» infantil, sin perder complicidad con el público adulto, el único que capta todas las entrelíneas. Aún así, el espectáculo ganaría en intensidad si se le aplicaran algunos cortes. Sus setenta minutos de duración resultan algo excesivos para la historia que se narra, por más que al intérprete le sobren recursos y talento. Su clown es encantador, maneja un humor inteligente y hasta ciertas dosis de malicia; por lo tanto, no necesita mostrar todas sus habilidades en un solo show.
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