La ciencia ficción es el género de nuestros días

Una nueva generación de narradores encontró en ella el formato más propicio para sus distopías.

Juan Mattio. “En nuestra generación pesan el cine, el comic, el animé”.

Juan Mattio. “En nuestra generación pesan el cine, el comic, el animé”.

Una máquina creada en la Argentina durante la última dictadura para perseguir, encerrar y matar, continuará en el futuro tras subversivos y rebeldes más allá de la muerte. Una historia contada por voces, fichas, fragmentos, informes y grabaciones es lo que Juan Mattio cuenta en “Materiales para una pesadilla” (Aquilina). Mattio con anterioridad publicó la novela “Tres veces luz”, dirige la colección Arqueologías del Futuro donde ha publicado una antología de literaturas extrañas de autores argentinos actuales “Paisajes experimentales”. Dialogamos con él.

Periodista: ¿La ciencia ficción se ha transformado en una forma de la literatura realista?

Juan Mattio: Vivimos en un mundo hipertecnológico con experiencias cotidianas de enrarecimiento. Abro mi teléfono con mi huella digital. Se suceden a diario hechos extraños que no tomamos en cuenta porque los hemos naturalizado. A la vez nos encontramos con un clima político de distopía. La pandemia vino a radicalizar esa sensación que ya preexistía. Es todo muy parecido a la literatura de Ballard, un mundo que se está agotando. El filósofo Franco “Bifo” Berardi habla de la “cancelación del futuro” como perspectiva histórica. Y eso se traduce en literaturas distópicas, pesimistas, que se cruzan con el enrarecimiento tecnológico. A diario en los medios uno encuentra noticias extraordinarias, inquietantes, sobre lo que está pasando en la ciencia, cosas que parecen del orden de la magia.

P.: Su novela lleva a pensar que en el futuro se dará la absoluta victoria de lo virtual.

J.M.: Mi novela es deudora de la tradición ciberpunk, ese subgénero de la ciencia ficción que muestra la transformación de las formas orgánicas de la vida. “Materiales para una pesadilla” es una investigación personal sobre el lenguaje. Dado que tomamos el lenguaje como un hecho humano me desafié a pensar si es posible imaginar qué pasa si se convierte en algo externo y hasta hostil al ser humano. Tenemos instalada la idea de que el lenguaje comunica y, sin embargo, puede ser un elemento de incomunicación, de malentendidos, de crueldad. ¿Qué pasa cuando las palabras nos distancian y nos ponen en conflicto con el mundo en vez de volverlo transparente y accesible? Si se piensa seriamente no se llega a una conclusión tranquilizadora.

P.: “Materiales para una pesadilla” cuenta dos historias relacionadas, una en la Argentina de la dictadura, y otra en el futuro, en diversos países, en 2040.

J.M.: La novela tuvo tres versiones. En la primera seguía a un escritor que se pasa a los servicios de inteligencia. Era bastante oscura. La represión no es sólo violencia directa; requiere inteligencia A él lo convocan a pensar un dispositivo de persecución del lenguaje para hacer más eficaz la represión. En la tercera versión, que es la que se ha publicado, surgió la idea de enlazar el pasado con el futuro de modo que se pudiera pensar que una experiencia de la magnitud de la dictadura no puede acabar sin dejar restos. Me interesa pensar cómo el lenguaje queda marcado por una experiencia así. Qué tipos de palabras han adquirido un significado distinto. Palabras que usamos pero que ya no son las mismas.

P.: ¿Tuvo en cuenta las maquinas sobrehumanas de Piglia?

J.M.: La referencia a las máquinas está presente en “La ciudad ausente”, en el papel que cumple la técnica tanto en “Blanco nocturno” como en “El camino de ida” y han sido referencias especiales para mí. Pero la generación a la que pertenezco trabaja con una cultura más globalizada. La tradición literaria nacional no funciona para nosotros tanto como un sistema narrativo que incluye el cine, el comic, el anime o novelas de ciencia ficción que se están escribiendo en Inglaterra o Japón. Por supuesto que se escribe desde una posición que es claramente argentina.

P.: ¿Por qué la generación de narradores de entre 25 y 40 años ha elegido escribir esa “novela extraña” que une distopía, ciberpunk, terror, fantástico y ciencia ficción?

J.M.: La literatura de ciencia ficción en la Argentina ocupó un nicho con revistas como “Más allá” y “El péndulo”, autores como Pablo Capanna, Angélica Gorodischer, Carlos Gardini. A ellos podemos agregar “El eternauta”. De pronto surge una generación que empieza a trabajar más libremente con ese imaginario y que circula por editoriales que no son específicamente del género, por ejemplo Claudia Aboas, Ricardo Romero, Kike Ferrari están publicando sus historias en Alfaguara Penguin, mientras que Yamila Begné, Gonzalo Santos o Dolores Reyes lo hacen en editoriales pequeñas tampoco especializadas en ciencia ficción. Hay una generación que está haciendo una búsqueda.

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