21 de noviembre 2003 - 00:00
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Yendo día por día: el domingo, en el festival de escuelas latinoamericanas de cine, se luciá la del INCAA; el lunes se presentaron las nuevas oficinas del festival marplatense, aportando anuncios de dispar recepción; el martes, con gran acto, comenzó Ibermedia, que sigue hasta hoy; el miércoles algunos hombres del Instituto participaron del respaldo a la nueva Ley del Autor Cinematográfico que se tramita en el Congreso; y ayer fue lo más flojo, con el comienzo de una muestra bastante mal anunciada. Pero esto último ya es tan habitual que casi ni molesta, y además la curiosidad periodística pasaba por otro lado: el escandalete de los uruguayos, justo cuando se les iba a rendir un homenaje.
Por casa, tampoco habría que reírse mucho. Un gerente del INCAA comentó que en su momento al anterior director, José Miguel Onaindia, la cuota de 100.000 dólares le pareció chica, «y en un rapto de generosidad dijo que Argentina iba a pagar el doble, lo divertido es que después la nueva administración se encontró con una deuda de 400.000 uno encima del otro». Y para no reírse del que se fue, puede agregarse que hace muy pocos meses la española Elena Vilardell, secretaria técnica de Ibermedia, habría protestado al INCAA porque otro gerente estaba pidiendo reintegro por gastos que ya le habían sido anticipados.
Entre las películas cofinanciadas por Ibermedia figuran «La ciénaga», «El bonaerense», «Un oso rojo», «Plata quemada», y la nueva de Luis Puenzo, «La puta y la ballena», que de otro modo no hubieran podido hacerse, así que conviene estar al día y hacer buena letra.
En total, la entidad ya ha impulsado unos 500 proyectos en materia de coproducción, distribución, yo promoción, y aporta también a la formación de profesionales. Algunos de sus frutos pueden verse ahora en un ciclo del Gaumont, lástima que apenas haya sido anunciado a último momento, y con errores lógicos cuando se hacen las cosas a último momento. Igual, los conocedores ya dedujeron que donde dice «película de Arturo Ridipein» se alude a una del mexicano Arturo Ripstein, que de paso viene a dar un seminario, etcétera.
Consciente de estos males (y pasando a otro tema), el próximo festival marplatense, que va del 11 al 20 de marzo, está tratando de hacer las cosas con tiempo. La mejor noticia al respecto, es que contrató como directora de producción a la muy eficiente y organizada Liliana Mazure, que en su momento había reencauzado desórdenes iniciales del festival municipal porteño. Los equipos de trabajo ya salieron del cubil donde se apretaban en un piso del INCAA, y ya están en sus nuevas oficinas, alquiladas a bajo precio en el Teatro Avenida.
•Astor × Ombú
Otras noticias no suenan tan bien. En particular, la decisión, anticipada por este diario, de cambiarle el nombre al premio, que dejó definitivamente de ser el Ombú de Plata, y pasa a ser el Astor de Oro. Con gestos como éste, las autoridades del INCAA y el director del festival, Miguel Pereira, esperan ganarse la colaboración del municipio y de las fuerzas vivas marplatenses, que por lo general reclaman mucho y hacen bastante poco. Es cuestión de fe.
Triste detalle, cuando Julio Maharbiz creó el premio Ombú, supo agregarle el incentivo de una suma de dinero que en ese momento equivalía a medio presupuesto de una película standard, a efectivizarse sólo en caso de una futura coproducción del ganador con el INCAA. Otros tiempos. Ahora, al ser definitivamente talado, hace rato que el Ombú ya estaba sin plata.
Ultima noticia: la primera película nacional elegida para competir en Mar del Plata sería la comedia de cienciaficción de Fernando Spiner, «Adiós, querida luna (astronautas argentinos)». Su productor Oscar Azpeitía («Herencia») ya está alquilando el Torreón para la fiesta después de la presentación el sábado 13 de marzo.




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