25 de noviembre 2003 - 00:00

Cine con Vecinos: un fenómeno que crece

Cine con Vecinos: un fenómeno que crece
Aunque un representante de la crítica snob lo denunció como «un virus que debe extirparse antes que se expanda», el llamado Cine con Vecinos, de un grupo amateur de Saladillo, ya parece un ejemplo a seguir en varias localidades del interior bonaerense. Empiezan a proliferar telefilms de simple consumo interno, hechos sólo para mostrarse en el cine o el cable local. En San Nicolás hasta hicieron una cinta de ciencia ficción con efectos especiales.

Un dato ilustrativo. «Luna», el telefilm hecho este año con una camarita digital por los saladillenses Fabio Junco y Julio Midú, sobre una joven tan inocente como ridícula que quiere volar, provocó incomodidad y hasta rechazo en algunos exigentes de la última Muestra de Cine Nacional de Olavarría, pero emocionó hasta las lágrimas a buena parte de la platea, que se deshizo en agradecimientos, al punto que los responsables de la muestra, muy bien organizada, con gusto aceptarían incluir en 2004 algunas más de esas películas amateurs desdeñadas por la crítica exquisita. Dialogamos con los autores.

•Curiosidades

«Lo nuestro son apenas curiosidades, un género aparte», aclara el dúo, que en cuatro años ya lleva nada menos que 16 telefilms, tres premios Martín Fierro, 200 vecinos convertidos en actores, y un promedio de 20.000 espectadores locales por película. Y con toda naturalidad y entusiasmo agregan lo que al exquisito le cayó como una bomba de tiempo: «La idea es que cada pueblo haga su propio cine, una especie de 'país que no miramos'. Ya hay una docena como nosotros, en 25 de Mayo, Lujan, Necochea, Pehuajó... Y nada de escaparle a ningún género: ahora los de San Nicolás estrenan una de ciencia-ficción,con fx y marcianos en 3D, que a juzgar por las fotos que pasan por internet parece una producción de Spielberg. Y los de Olavarría ya quieren hacer una de amor».
Humildemente,
Junco y Midú cuentan su experiencia, y deslizan algunos consejos:

«La idea es hacer algo del modo más digno posible con lo que tenés a mano. Cada trabajo nuestro nos lleva unos siete fines de semana, sin gastar más que los casetes, ayudados por los vecinos y el municipio, que nos presta la grúa. También nos ayudan un amigo con un helicóptero, la policía, los bomberos ('¿querés que te queme algo?'), el hospital nos presta la enfermera, todos colaboran. Después hacemos la postproducción en una semana, y al mes, cosa de no enfriar el entusiasmo, ya hacemos la función en el cine, que se llena. Y a fin de año pasamos todas las películas por los dos canales locales».

«A veces los vecinos son mejores que un actor de teatro vocacional, que capaz que le tocó un mal profesor y hay que sacarle los tics. Son toda gente que no conoce a Stanislavski ni le interesa, sólo quiere ser famosa por un día, o divertirse. Nosotros vemos dónde po nerla, usando una psicología barrial: éste se cansa a las dos tomas, a vos no te doy el guión porque te hacés un matete, etc. También está el que te dice 'todo bien, vos hacé cine pero yo no te presto mi mujer para que se ande besando con otro porque después me cargan en el almacén'. Es una excepción, porque todos saben que nosotros no vamos a ridiculizar a nadie».

«Al comienzo hacíamos pasatiempos, ahora empezamos a probar distintos géneros (un Martín Fierro es por mejor comedia del interior), y hasta hicimos una sugiriendo una relación homosexual, lo que fue muy novedoso para el pueblo. Obviamente, las primeras eran un desastre. Fuimos mejorando, hoy estamos estudiando en la ENERC (la escuela pública del INCAA), vamos aprendiendo, pero entretanto hacé algo. Tampocolas primeras de R.W. Fassbinder eran buenas, por hablar de alguien que empezó como amateur prolífico. Lo bueno es convivir con lo que hiciste. Después, si al espectador no le gusta, ya es problema suyo ( trasladar los problemas a los demás también es bueno)». «¿ Independientes? No pedimos créditos ni subsidios, pero dependemos de los avisos y las rifas que arman en el pueblo para ayudarnos a comprar una mini DV más profesional, o el municipio que alquila la sala, etcétera. ¿La mejor experiencia? Haberle perdido el miedo al ridículo, y haber aprendido a escuchar a la gente».

Según observadores, otra experiencia valiosa es la de ayudar a que medio pueblo se encuentre y se divierta con algo en común, y viva una suerte de democratización, o desacralización, de los medios audiovisuales, burlándose un poco de los exclusivismos de sector.

Dejá tu comentario

Te puede interesar