Con la reapertura de cines vuelve un clásico: "Los inútiles", de Fellini

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Un retrato admirable de la vida indolente de unos grandulones de pueblo, en cuyo elenco sobresalió Alberto Sordi en papel central.

Otra vez se abren medianamente las salas, y otra vez, como el año pasado con “La dolce vita”, una película de Federico Fellini viene a decirnos que el cine, al menos el cine de los grandes autores, es un arte, una revelación, una piadosa inmersión en el alma humana, y también un regocijo y una confesión. La obra se llama “Los inútiles” (“I vitelloni”), “quizá su película más sincera, más suya”, al decir del maestro Villegas López, y llega en versión remasterizada en 4K, lo que permite apreciar debidamente la música melancólica de Nino Rota, la fotografía del maestro Otello Martelli, el mismo de “La dolce vita”, y los gestos tan humanos, entre la gracia y el drama que se niega, de Alberto Sordi, el Albertone amado en todas partes, inclusive en Mar del Plata, donde tuvo una novia y se la llevó a Roma, pero ella se volvió porque extrañaba mucho.

Con una fina mezcla de burla cariñosa, crítica dolida y admirable puesta en escena, Fellini muestra la vida indolente de unos grandulones de pueblo: el cantante de ocasiones (papel a cargo de su hermano Riccardo), el mujeriego, el que quisiera ser escritor, el que vive a costillas de la madre y la hermana, inquieto porque ella anda con un hombre casado, y el que acompaña a los demás sin sentirse del todo a gusto. Dos de estas personas van a buscar otra clase de vida. Mientras tanto, los amigos bromean, toman sol, pasean por la playa gris de invierno sin hacerse cargo de nada. Por ahí uno tiene que casarse “de apuro”, y recién cambiará de actitud cuando el padre, más bajito que él, pero más hombre, le aplique un correctivo, como se decía antes. Hoy ciertas cosas son “políticamente incorrectas”, pero antes funcionaban.

En todo caso, es el mundo que vivió Fellini. El creció en un pueblo como ese, con amigos como esos, y situaciones similares, pero supo irse a tiempo. Tan cercana a su vida parece esta historia, que el último saludo que se escucha es el suyo (y es lo único que alguna vez reconoció como suyo en esta historia). Hay un relator, en breve parte, pero no es él sino Ricardo Cucciolla, el Sacco de “Sacco y Vanzetti”.

Franco Interlenghi, que de niño protagonizó “Lustrabotas”, de Vittorio de Sica, es aquí el muchacho que se siente incómodo, el que muchos entienden como alter ego de Fellini. Eleonora Ruffo, la novia embarazada. Después hizo algunos péplum y western-spaguetti, se casó y largó el cine. La checa Lida Baarová, aquí una señora seria y elegante, fue actriz durante el nazismo, más tarde amante de Goebbels, luego caída en desgracia y condenada a muerte en Praga, pero escapó y vivió un breve exilio en Argentina (1949). Hubo un biopic checo que pudo verse en Netflix, “La amante del diablo”.

Hay otras cuantas anécdotas alrededor de “Los inútiles”. La más singular es que, a la hora del rodaje, el equipo debió acordar fechas con Alberto Sordi, que estaba de gira por los teatros de Italia. Solución: algunas partes se filmaron en Rimini, el “paese” de Fellini, y otras en Ostia, Florencia (la santería), Viterbo, Roma y Venecia (la fiesta de carnaval en el Teatro Goldoni, que en ese momento estaba en obras). Y después de tanto esfuerzo, ningún distribuidor quería estrenarla.

"La veían y le daban la mano al productor como diciendo ‘sentido pésame’”, contaba Fellini. Al fin el productor la metió en un paquete con otras dos muy comerciales, y pudo estrenarla. Resultado: éxito en media Europa, EE.UU. y Latinoamérica, León de Plata en el Festival de Venecia, candidata al Oscar como Mejor Guión Original. Ahí perdieron. Cuatro veces Fellini y sus colaboradores Ennio Flaiano y Tullio Pinelli fueron candidatos a ese Oscar, por “La strada”, “Los inútiles”, “La dolce vita” y “8 y medio”. Cuatro veces perdieron, pero hoy de las ganadoras casi nadie se acuerda.

Filmada en 1953, veinte años más tarde George Lucas la tomó como guía y fuente de inspiración para su “American Graffitti”, y así lo reconoció cuando lo nominaron por Mejor Film, Guión y Director. Y también perdió, y eso hoy a nadie le importa. En el fondo, es como decía Leonardo Favio: “Si perdés, perdés mucho. Y si ganás, ¿qué ganás?”

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