Espectáculos

Drama gallego se quedó con el Astor de Oro en Mar del Plata

Su director, Oliver Laxe, también recibió el premio al Mejor Guión, en el que intervino el argentino Santiago Fillol.

Mar del Plata - Con una floja ceremonia y muchos asientos vacíos (alguien olvidó repartir las entradas) terminó ayer el 34° festival marplatense de cine. El melodrama brasileño “La vida invisivle”, de Karim AÍnouz, se ganó con alto puntaje el Premio del Público, y el drama gallego “O que arde”, de Oliver Laxe, el Premio del Jurado Oficial al Mejor Film y Mejor Guión (escrito entre Laxe y el argentino Santiago Fillol), amén de los premios de Cronistas y Signis. Liliana Juárez sorprendió como Mejor Actriz por la comedia tucumana de estilo montevideano “Planta permanente”, película que también se llevó otros premios y dos menciones de los jurados paralelos.

Del resto, el Jurado Oficial dio la nota con el Premio a Mejor Director compartido entre Pedro Costa y Angela Schanelec, cuyas películas fueron las más aburridas de la competencia. En otras secciones ganaron “Angélica”, de Delfina Castagnino (Mejor Argentina), “A fevre”, de Brasil, y “Nunca subí al Provincia”, de Chile (Mejores Latinoamericanas), y los documentales rockeros “Radio Olmos”, rescate de lo filmado hace 26 años durante un recital en la cárcel, y “Satori Sur”, sobre el poeta y periodista Miguel Grinberg.

En cuanto a los premios de jurados paralelos, que por algún antojo la organización rebautizó independientes, además de “O que arde” y “Planta permanente” se impusieron “La botera”, “Las buenas intenciones”, la comedia “De la noche a la mañana” y “Los que vuelven”.

Con un premio cada uno se agregan “A vida invisível”, “Los sonámbulos”, “Venecia” y una docena más, entre ellos el boliviano “Sirena”, cuyo autor, Carlos Piñeiro, rehusó dar la mínima opinión sobre lo que pasa en su país, a diferencia de muchos colegas argentinos que aprovecharon para lanzar sus consignas desde el escenario.

Para agradecer, el cierre con “El irlandés”, de Martin Scorsese, en pantalla grande, un auténtico film de festival clase A, como todavía dice ser Mar del Plata. Para lamentar, las pocas películas verdaderamente relevantes que hubo en las competencias, la escasez de figuras, la curiosa ausencia de grandes directores y productores de cine como miembros de los diversos jurados, la ínfima exposición dedicada a José Martínez Suárez (apenas seis fotos en un rincón donde casi nadie se detiene), el muy flojo servicio de información al público y a la prensa, la falta de diálogo con la ciudad, que ya no siente suyo el festival, en fin, la lista es larga. Puede que ahora vuelvan tiempos mejores, o al menos iguales a los anteriores, pero no peor que éstos.

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