3 de febrero 2022 - 00:00

Monica Vitti: Italia llora a su actriz más amada

La aplaudieron los seguidores del cine intelectual y el pueblo por sus comedias.

vitti. Una diva todo-terreno que descolló en géneros diversos.
vitti. Una diva todo-terreno que descolló en géneros diversos.

Murió ayer Monica Vitti, una grande del cine italiano, ya con 90 años cumplidos. La valoraban los intelectuales por sus dramas con Antonioni sobre la incomunicación humana, y la amaba el público general por sus muchas y gozosas comedias con Alberto Sordi, Tognazzi, Dorelli, Gassman y otros buenos, y la amaban también por su belleza particular, sensual, su voz ronroneante y pastosa, y la gracia natural con que llenaba la pantalla. Pero, como un castigo injusto, en 2002 le apareció una enfermedad neurológica similar al Alzheimer. Desde entonces vivió apartada de todos, acompañada solo por su marido (con quien se había casado apenas dos años antes, por suerte tras larga convivencia) y una enfermera. Hoy la llora toda Italia.

Romana criada en Sicilia, no era siquiera adolescente cuando empezó a hacer payasadas para tranquilizar a sus hermanitos en los últimos días de la guerra. Lo que se oía entonces no eran aplausos, sino bombas y tiroteos, pero ahí descubrió su vocación. Cuando volvió la calma, se puso a estudiar actuación en serio, con buenos maestros. Y se cambió el nombre: de Maria Luisa Ceciarelli pasó a llamarse Monica Vitti, como medio homenaje a su madre, Adele Vittiglia. Así se fue haciendo conocida, y bien solicitada en teatro, cine y televisión, por su capacidad de hacer cualquier clase de género. Una pieza dramática, “La nemica”, de Nicodemi, la consagró ante el público. Un trabajo extra, el doblaje de otra actriz para “El grito”, la relacionó con el director Michelangelo Antonioni.

Juntos hicieron “La aventura”, “La noche”, “El eclipse”, más tarde “El desierto rojo”, obras trascendentales sobre la incomunicación humana. Pero entre ellos se comunicaban muy bien. Además esas películas le dieron fama mundial. Lo que le permitió volver a las comedias. Entre ellas, “La pimienta de la vida”, con Belmondo, “Modesty Blaise”, suerte de James Bond femenino, “Alta infidelidad”, “Me casé por diversión”, “La muchacha de la pistola”, “Las mujeres somos así” (también llamada “Erotika, exótika, psicopátika”), “Cuentos colorados”, “Camas salvajes” y otras cuantas.

A señalar especialmente, “Celos estilo italiano”, de Ettore Scola con Giannini y Mastroianni, “El fantasma de la libertad”, de Luis Buñuel, “Yo sé que tú sabes que yo sé”, de y con Alberto Sordi, “Cuarto de hotel”, de Mario Monicelli, “La Tosca”, de Luigi Magni, ambas con Vittorio Gassman, y dos dirigidas por ella misma: “La fuggiDiva” y “Scandalo segreto”. Se reencontró con Antonioni para “El misterio de Oberwald”, pero ya estaba mejor con Carlo Di Palma, enorme director de fotografía. A quien dejó por un fotógrafo más joven, Roberto Russo. Fue él quien la acompañó en las últimas buenas, y en las malas. Ella solo pedía una cosa: que no la saquen de perfil.

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