Peligro ruso en buen film catástrofe

Espectáculos

Como un Chernobyl bajo el agua, la política se adueña de una tragedia que era evitable.

En el año 2000; un submarino ruso salió a hacer un ejercicio en condiciones que no eran óptimas. Hubo una explosión de un torpedo de ejercicios, a la que siguió otra mucho más severa que mató a casi toda la tripulación, con la excepción de 23 sobrevivientes que esperaron que los rescataran en una parte de la nave aún no inundada del todo, y a la que le quedaba un poco de oxígeno. Robert Rodat, guionista de “Rescatando al soldado Ryan” de Spielberg, es el encargado de contar esta historia de una tragedia evitable, que se pone más tensa a medida que trascurren las dos horas de proyección, sobre todo cuando va quedando claro que a las autoridades rusas no les interesa tanto salvar a los sobrevivientes como proteger sus supuestos secretos militares y la honra de su Armada frente a las fuerzas occidentales que podrían ayudar.

Similar en algunos aspectos a la más costosa “K 19” de Kathryn Bigelow, excelente film con Harrison Ford y Liam Neeson impostándose como rusos, “Kursk” luce más auténtica por lo bien ensamblado de su elenco internacional y el talento del director Thomas Vinterberg para armar un logrado contrapunto entre el drama en alta mar y los acontecimientos en tierra. Todo lo que tiene que ver con la dirección de arte y los efectos especiales apunta a volver creíble este drama submarino.

“Sumergidos” (“Kursk”, Bélgica-Francia, 2018). Dir.: T. Vinterberg. Int.: C. Firth, A. Diehl, M. Von Sydow.

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