16 de noviembre 2004 - 00:00

Cinemateca programó raro ciclo anarquista

Se iniciará hoy en la Sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín un ciclo de auténticas rarezas históricas del cine español, traído por Cinemateca Argentina, de comedias musicales, melodramas, y piezas didácticas e informativas que produjeron los anarquistas de Cataluña y Aragón a comienzos de la Guerra Civil Española, antes de ser desplazados por los comunistas. Allí figuran cortos como el antialcohólico y humorístico «La última», o «Nosotros somos así» (un musical de niños al estilo «Bugsy Malone»), y largos como «Carne de fieras», donde una mujer baila enteramente desnuda en la jaula de los leones de un circo.

Entre otras curiosidades, también se podrá ver cómo era Ana María Campoy a los doce años, ya que a esa edad actuó en «Aurora de esperanza», su película debut, en un papel casi protagónico, junto a su padre, y que ella misma no ve desde entonces. «Habrá que mirar su expresión cuando se vea en pantalla», dice el español Angel Santos Garcés, curador de la muestra. Dialogamos con él.

Periodista:
¿Cómo es eso de la bailarina desnuda?

Angel Santos Garcés: Es un melodrama de 1936 con un niño, un boxeador, una mujer y un siniestro domador, e incluye en dos escenas el primer desnudo frontal femenino del cine español. Hubo que esperar casi 40 años para el siguiente, y aun más para ver bien la película, porque apenas terminado el rodaje comenzó la guerra y el director quiso partir al frente. Recién en 1993 el cineasta y restaurador Fernán Alberich pudo recuperarla para la Filmoteca de Zaragoza.


P.:
¿Y cómo se han conservado estas películas?

A.S.G.: Se perdieron muchas, porque las producía la central de trabajadores anarquistas, la CNT, con gran esfuerzo y con los enemigos en casa. No olvide que el Partido Comunista estaba tratando de desplazarlos a toda costa. Esto corresponde a una corta etapa en que los anarquistas eran fuertes (sólo el gremio de espectáculos tenía 45.000 afiliados, desde acomodadores a directores de teatro y de orquesta), hasta que los comunistas tomaron el poder y todo cayó en picada. Tras la guerra, el franquismo confiscó bienes y archivos de todos sus enemigos, pero con buen criterio envió todo el material de películas a la Filmoteca Española. Más tarde la CNT mostró con facturas la propiedad de ese material, y de ese modo se autorizó su exhibición. Lo que vemos son cuatro largometrajes, y sólo siete cortos, de un total de 360 que se hicieron sobre educación sexual, consejos de salud, vida cotidiana en la retaguardia, etcétera. Esto es interesante, porque de la guerra ya se ha pasado cantidad de películas, pero de la retaguardia casi nada.


P.:
El programa define una escena del largo «Nuestro culpable» como «surrealismo ácrata buñueliano»...

A.S.G.: No escribí yo ese programa. Pero otras partes también son como un preneorrealismo. Y de otro melo, «Barrios bajos», sobre un abogado laboral que mata al amante de su esposa y debe refugiarse entre hampones, se habla de «realismo poético inspirado en Marcel Carné y Jacques Prevert, pero a la catalana». Sí, se inspiraban sobre todo en Rene Clair. Note usted que quienes hicieron esos films no eran profesionales, pero sí que les gustaba el cine. ¡Pero no el cine soviético estalinista! Los anarquistas no querían héroes, no querían mitos, ni menos aún querían mitificar al trabajador.


P.: «Aurora de esperanza»
es sobre un desocupado que no quiere que su esposa sea modelo de ropa interior en las vidrieras. Ahí trabaja Ana María Campoy.

A.S.G.: Que entonces era una niña. Ella hace de hija, y es casi protagonista. El director también era casi un niño, un muchacho de 26 años que hasta entonces sólo había escrito un guión. A estas películas hay que verlas con mucho cariño, y conocimiento de las circunstancias en que se rodaron, porque había penuria de directores experimentados, y los buenos camarógrafos debieron irse al frente.


Entrevista de Paraná Sendrós

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