El 2 de enero volverían los cines

Espectáculos

Sin comunicación oficial, ya sea empresarial o política como ocurrió en el teatro, se sabe ya que el próximo 2 de enero reabrirían los cines en el país.

A pesar de que no hubo una comunicación oficial, ya sea empresarial o política como ocurrió en el teatro, se sabe ya que el próximo 2 de enero reabrirían los cines en el país. Desde luego, el clima no es el mismo que el de años atrás, cuando las distribuidoras lanzaban entre fuegos de artificio sus grandes estrenos de Navidad y Fin de Año. Para decirlo en términos de Charles Dickens, es el espíritu feliz de los estrenos del pasado contra el siniestro espíritu de los del futuro.

Según una fuente del sector, más que una reapertura como tal se trata de rehabilitar esa parte de los shopping que aún sigue cerrada, “una prueba piloto que se extenderá durante enero y febrero: de su resultado dependerá que en marzo se siga o se vuelva atrás”. En ese resultado influyen no sólo la conducta del público, es decir, si regresará o no al “cine presencial” (resulta absurdo hasta oírlo así), sino también otros factores de mercado que hoy ponen al cine, tal como se lo entendió siempre, en jaque. Aún no en jaque mate, pero casi. Entre esos factores se cuentan la evolución de la crisis sanitaria, el efecto que pueda tener la vacuna en la población, y sobre todo el mercado complementario del candy, sin el cual hace años que el negocio del cine habría dejado de funcionar. Hoy no se ignora, desgraciadamente, que la elaboración manual de pop corn es una de las prácticas menos confiables desde el punto de vista sanitario. Y, last but not least, la política que seguirán las casas matrices de las grandes cadenas exhibidoras, como Cinemark, que en los Estados Unidos están atravesando en estos días su peor crisis. Por lo que se sabe, esas empresas les han dicho a sus filiales internacionales: arréglense solas y que tengan suerte, porque ya no tenemos más dólares para girar. La segunda y peor ola del virus en aquel país y en Europa dificulta dramáticamente la situación.

La inactividad de diez meses también tiende obstáculos. Si bien algunas salas mantuvieron “en caliente” sus equipos durante la pandemia, esa no fue la conducta seguida por todas. Un proyector digital necesita estar siempre en funcionamiento. Para decirlo en términos simples, es como haber dejado el auto en el garage durante toda la cuarentena sin haber encendido el motor ni una sola vez. O más grave: porque desde otro coche se le puede dar arranque, y en el peor de los casos se cambia la batería. Un proyector digital, en cambio, tiene toda una serie de piezas que se echan a perder por fata de uso, y su cambio es mucho más oneroso que el de una batería (multiplíquese esa cifra, además, por la cantidad de proyectores que tiene un complejo). A lo cual hay que sumar, tal como hicieron las salas del teatro cuyo funcionamiento se habilitó, los sistemas de ventilación permitidos. Sí: en esos subsuelos donde suelen estar los cines.

¿Y los contenidos? Las poco exitosas experiencias de los autocines durante la primera etapa de la pandemia, con títulos muy conocidos como “Rapsodia Bohemia”, demostró que no sólo se trata de volver al cine por el sólo hecho de hacerlo sino que hace falta una oferta que lo justifique. Entre los primeros títulos figuran “Tenet”, la superproducción de Warner dirigida por Christopher Nolan (de cuyo estreno en Europa no falta tanto para que se cumpla un año) y “Mujer maravilla 1984”, seguramente una producción convocante pero no al punto de que arrastre multitudes con barbijo. Como se ve, una encrucijada difícil, aunque la historia demuestre una y otra vez que las predicciones definitivas son siempre temerarias.

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