«La bella durmiente del bosque». Ballet en un prólog y tres actos. Mús.: P. I. Tchaicovsky. Coreog.: M. Galizzi según la original de Petipa. Esc.: N. Benois. Vest.: N. McDowell. Ballet Estable. Dir.: M. García. Orquesta Filarmónica de Buenos Aires. Dir. J. Carciófolo (Teatro Colón. Repite: 27, 28 y 29 de diciembre).
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Uno de los tres grandes ballets de Tchaicovsky,«La bella durmiente del bosque», fue el elegido por el Colón para clausurar la temporada 2002 del Ballet Estable que dirige Marta García. La misma obra se repondrá a mediados de marzo, en la sala mayor del teatro, abriendo la temporada 2003.
Estrenado en 1890, «La bella durmiente» es un ejemplo claro del academicismo de Marius Petipa, quien ha trazado sus diseños coreográficos respetando las constantes del ballet de escuela de la época. La originalidad, el refinamiento y la belleza recorren los tres actos y el prólogo de esta obra sobre la insustituible música de Tchaicovsky.
El Colón armó esta vez una producción que cuenta con la espectacular escenografía de Nicola Benois, el rico vestuario de Norman McDowell de la versión Carter y las luces acordes de Fioruccio. En medio de este marco de un barroquismo lindante con el manierismo visual, la compa-ñía bailó esforzadamente la propuesta del coreó-grafo francés asimilado al ballet de Rusia.
Tres horas y media de duración parecen excesivas para el público actual, por lo que debería haberse aligerado en lo posible esta extención a veces abrumadora (sobre todo, el prólogo y las bodas de Aurora). Aun así, la versión mostró momentos de gran elegancia y sólida técnica clásica tanto en el cuerpo de baile como en los papeles principales. Karina Olmedo y Jorge Amarante conforman una pareja apta para revivir el romanticismo que los envuelve, seguros en la preparación aunque algo limitados en cuanto a expresividad. En cambio, Silvia Perillo entrega una armoniosa personificación del hada Carabosse para la que equilibra su magnífico tecnicismo con un óptimo poder de comunicación. En otros roles se destacan Gabriela Alberti ( Lila), Lila Flores ( Florisse) y Leonardo Reale ( Pulgarcito).
Es de esperar que ciertas desprolijidades de conjunto y los interminables intervalos sean superados en las sucesivas representaciones de esta obra maestra del ballet del siglo XIX.
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