21 de marzo 2024 - 15:40

"Comienzo", una obra sobre el amor en tiempos de Tinder y el simulacro de las redes

Se estrena el 29 de marzo en El Picadero con dirección de Daniel Veronese. Reflexiona de manera irónica sobre esa vergüenza privada de no estar en pareja en la era de Tinder y de alardear fraudulentamente en las redes sociales.

Vanesa González y Gastón Cocchiarale protagonizan Comienzo, dirigida por Daniel Veronese que se estrena el 29 de marzo en El Picadero. 

Vanesa González y Gastón Cocchiarale protagonizan "Comienzo", dirigida por Daniel Veronese que se estrena el 29 de marzo en El Picadero. 

“Uno abre el teléfono y ve diez mil vidas perfectas, entonces apremia la ansiedad por que la vida propia lo sea”, dice Gastón Cocchiarale, quien junto con Vanesa González protagonizan “Comienzo”, que se estrena en El Picadero el 29 de marzo.

“El teatro es el gran ave fénix de todos los mundos. A la Cultura la veo más fuerte que nunca pese a que se la ataca por todos lados”, expresó Vanesa González.

Dirigida por Daniel Veronese y escrita por el británico David Eldridge, “Comienzo” propone una meditación irónica sobre la soledad, esa vergüenza privada de no estar en pareja en la era de Tinder y de alardear fraudulentamente en las redes sociales. Conversamos con los actores.

Periodista: La obra aborda la soledad y plantea esa vergüenza de no estar en pareja en la era Tinder, ¿qué otras cuestiones refleja?

Gastón Cocchiarale: Retrata claramente la falta de encuentros reales de hoy. Los encuentros sexuales y amorosos están muy intervenidos por las redes, aplicaciones y cómo eso influye en ese encuentro y en lo real de ese encuentro. También se refiere de manera estupenda, a los mandatos, la vergüenza de no estar en pareja en estos tiempos porque uno sabe que esto abre muchas posibilidades a los encuentros. Pero la cuestión es qué tipo de encuentros y cómo llegamos a ellos. Qué se pone en juego a nivel social, cultural y personal. La obra lo refleja de manera clara, humana, con humor y crudeza. Dos seres necesitados, lastimados, con miedos y con sus propios universos que chocan.

Vanesa González: La obra también habla del miedo a la perdida, de la silenciosa razón por la que cada uno está en esa fiesta, adentro de ese departamento, esa noche. En la imposibilidad de acercarse. En lo transformador que es cada minuto de ese encuentro.

P.: ¿Qué se indaga respecto de las redes en particular?

G.C.: La obra muestra la construcción que uno hace de su persona y la especulación de qué mostrar en relación a las aplicaciones de citas. Las redes hacen un recorte de la vida privada y uno la compara con la de los otros, uno elige que mostrar y cómo, y el que está afuera lo sabe pero se compara igual, lo que redunda en angustia, depresión, baja de la autoestima. Mi vida nunca será como la del otro y con eso vamos en el cuerpo. Uno conoce la ficción de la vida del otro pero no la vida real, creeremos conocerla. Hay algo de la intimidad que está pero no, es como un juego perverso y no deja de generar que los personajes se vean atravesados y accionen desde ahí. Se fuerzan situaciones, hay apuro por ser felices, estar resueltos, encontrar pareja.

V.G.: Como un espacio de exposición, acumulación, afirmación, medida o demostración de “logros” que se cree son la llegada a “algún lugar con sol”. Cómo si existiera, en algún punto, un lugar o forma aceptable y respetable de ser y construir una vida. Al mismo tiempo eso que vemos ahí nos interpela y nos hace preguntarnos si queremos lo que creemos que queremos o por qué rechazamos lo que de verdad queremos o si realmente hay, necesariamente, que querer algo más de lo que ya somos.

P.: ¿Qué fue lo que más le interesó del texto?

G.C.: La primera cita, donde abunda la fragilidad y la honestidad, elementos que no son propios de una primera cita porque uno trata de fingir, mostrar lo mejor. Pero a los personajes se les escapan sus miedos y deseos, entonces la obra se pone muy frágil. Si algo le falta hoy a los encuentros es la ternura, y la obra lo retrata. Es un encuentro inverosímil por momentos, es fuerte que se digan lo que se dicen, y se expongan en una primera cita. Eso llevado de la mano de Daniel Veronese cobra otro tenor. Tiene una mirada aguda, crítica, precisa, de cómo contar esta situación. No hay muchos artilugios en la obra, somos los dos actores una hora y diez, una mesa, un vino y no mucho más. No hay mucha vuelta, no hay apagones, no hay música, no hay cambios de escena, no hay elipsis, en tiempo real ella y yo ahí a conectar, a estar expuestos, es un ejercicio actoral maravilloso.

V.G.: El texto es una conversación permanente entre dos personas que se desean y tienen miedo. Dos personajes con historias diferentes pero con un mismo mundo interior. El encuentro está lleno de distancia y errores. Plagado de detalles explícitos y tácitos que hacen a un diálogo entre dos que se comunican para quererse.

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P.: ¿Cómo fue el pasaje del libro al escenario?

G.C.: Al texto le fue muy bien en Londres pero con la mirada de Veronese sumó una profundidad que no tenía cuando leí. Comprender los miedos que se juegan frente al primer encuentro, donde uno espera ser amado, amar, y construir algo con alguien. Los personajes están en sus treintipico, cuarenta, con preguntas que no se hacían antes, se habla de la familia, futuro, maternidad, ya no es solo salgo para tener texto sino la preocupación por lo que vendrá.

V.G.: El trabajo con Daniel fue a puro ritmo, corazón, mucha intensidad e intimidad. Trabajando para poder abstraerse del afuera y estar en permanente comunicación con el compañero. Se trabajó mucho sobre la comprensión de la obra, de cada uno de ellos y del vínculo, pero siempre poniendo el cuerpo, desde el día 1. A pedido de él arrancamos el primer ensayo con letra sabida.

P.: Cómo ven este momento del teatro y de la cultura?

G.C.: El teatro y cultura pasan por un momento similar a los personajes de esta obra, por una exposición y fragilidad muy grande. Me preocupa como se está demonizando a los artistas y su trabajo a través de subsidios y vínculos con el Estado, lo que tiene que ver con desfinanciamiento del INCAA, el INT, el FNA, hay búsqueda política discursiva de instalar algo peligroso que me atemoriza. Me da miedo que la cultura argentina deje de tener la producción que tuvo en su momento, que dejen de estar esos relatos que nos identifican y venden el país al exterior y cuentan las historias que necesitamos contar como sociedad y pueblo. La época de la pandemia fue muy dura para los medios artísticos, no hay más ficción en TV abierta, el INCAA está desfinanciado, los teatros independientes hacen lo que pueden, y ser artista en Argentina no es para nada alentador. Al mismo tiempo nos convoca a poner el cuerpo, ocuparnos, no ser solo actores sino productores, autogestionar, cooperar, ser empáticos con trabajadores del arte y darnos fuerza tras esta violencia que últimamente se nos está atacando. Es un gran momento para unirnos.

V.G.: El teatro es el gran ave fénix de todos los mundos. Pase lo que pase, tiene el poder de rescatarnos de nosotros mismos. Creo que está siendo la casa y el trabajo de casi todos los actores, sobre todo por la falta de producción nacional en lo audiovisual. A la cultura la veo más fuerte que nunca, me conmueve, se la ataca gratuitamente por todos lados, se la subestima con resentimiento e incomprensión , no obstante, todo eso se transforma en alimento de fortaleza, unión y madurez.

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