Como un samurai entre árabes

Espectáculos

«Océano de fuego» («Hidalgo», EE.UU., 2004, habl. en inglés, árabe y sioux) Dir.: J. Johnston. Int.: V. Mortensen, O. Sharif, L. Lombard, Z. Robinson, M. McDowell.

La estructura de esta curiosa película de aventuras se parece a la de «El último samurai», pero en vez de transportar el western a Japón, lo lleva al mundo árabe. Se supone que el argumento sobre un cowboy con sangre india que llevó su caballo mustang al desierto irakí para participar en una carrera especialmente rigurosa se basa en una historia verídica, pero la verdad es que no hace falta ser un experto historiador de las competencias equinas para percibir lo incoherente del guión.

Viggo Mortensen en el desierto en esta inverosímil aventura que sólo tiene algunos momentos divertidos.

Si bien
Frank Lloyd realmente existió, muy poco de lo que se narra en «Océano de fuego» puede tener algo que ver con la realidad, y el guión de John Fusco («Corazón de trueno») cambia de clima abruptamente a lo largo de las más de dos horas de película, con muchas escenas más o menoscreíbles pero no muy interesantes interrumpidas por grandes momentos de acción tan atractivas como inverosímiles.

La ensalada lo permite casi todo, desde apariciones de indios fantasmales al mejor estilo
Jim Morrison y Oliver Stone en pleno Medio Oriente, damas victorianas dispuestas a entreagar su virtud para ganar una carrera de caballos, árabes tramposos que juegan sucio, estremecedoras tempestadoes de arena, tigres adiestrados para matar y hasta sesiones de tortura con sofisticados instrumentos de castración.

El resultado es desparejo y poco serio, pero por momentos divertido y visualmente impactante. Las escenas de acción están filmadas con mucha imaginación, y el director
Joe Johnston («Parque Jurásico 3», «Querida encogí a los niños») aprovecha al máximo las posibilidaes de paisajes y decorados. Viggo Mortensen es un original héroe desganado, y su simbiótica y apasionada relación con su mustang Hidalgo por momentos recuerda a la del vaquero de historieta Lucky Luke con su caballo inteligente.

El asunto está tomado con humor, al punto de incluir al animal en un diálogo romántico entre el cowboy y una princesa árabe:
(¿»Por qué me miraste distinto que los demás hombres?», pregunta ella. «No sé, quizá porque le caíste bien a mi caballo», es la respuesta). En todo caso, los animales se roban la película. No sólo el histriónico Hidalgo, sino los terribles tigres que en una escena memorable son soltados en el desierto para atacar a unos desalmados jinetes árabes.

D.C.

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