4 de diciembre 2001 - 00:00

Con original puesta, Gieco presentó un disco desparejo

León Gieco
León Gieco
Presentación de «Bandidos rurales». Actuación de León Gieco (voz, guitarras, armónicas). Con L. Gurevich (teclados, acordeón), M. García (batería, percusión), A. Forcada (bajo, charango), Tancredo (violín, mandolín, guitarra), E. Rogatti (guitarras) y Dragón (guitarras). Invitados: Los Hermanos Villagra, Infierno 18, Mitimaes, V. Heredia, L. Oskar. Pintores sin manos: C. Sosa y A. Simán. (Teatro Sky Opera, 1 y 2 de diciembre; repite 7 y 8/12).

Una vez más, León Gieco rompió con varios de los moldes que son corrientes en el negocio de la música. Pero, curiosamente, muchas de las cosas que en otros cantantes podrían resultar disparatadas, enfriar una actuación o generar alguna antipatía, en él son perfectamente coherentes, a su persona y a su postura como artista. Su show de presentación de su nuevo disco, «Bandidos rurales», comenzó con un acierto visual, con Gieco en persona pero firme como una estatua y caracterizado como en la tapa del álbum apoyado sobre la escenografía que sirvió de fondo al arte del disco. Pero para ese momento, en realidad, ya habían sucedido muchas cosas. Primero, fue el grupo de música andina Mitimaes tocando desde el balcón que da al hall del teatro. Después, ya en la sala, dos grupos de jóvenes casi niños, los santiagueños Hermanos Villagra y el grupo porteño Infierno 18 haciendo alternativamente una pieza de folklore y otra de punk rock; todo, mientras dos pintores sin manos, ubicados a ambos lados del escenario, realizaban sus trabajos. En la primera parte del show, y después de todos esos invitados, Gieco cantó íntegramente el material de «Bandidos...», un trabajo duro, en el que están muy claras sus posturas ante las cosas, que no tiene, sin embargo, un correlato en los resultados. Desparejo, el disco alcanza muy buenos momentos en temas como «La memoria», «La guitarra» -una pieza al estilo Zitarrosa con letra de Yupanqui-, «Uruguay, Uruguay» o la canción que da nombre al CD. Para cuando terminó esa presentación, habían pasado ya casi dos horas desde que había empezado a sonar música. Llegó entonces el intervalo, en el que la música siguió sonando. Con las luces de la sala encendidas, que muchos aprovecharon para ir al baño o salir a fumar, actuó primero una pareja de tango y después volvió el propio Gieco para hacer, sólo con su guitarra, algunas piezas a pedido del público y para compartir «La colina de la vida» con Víctor Heredia. Y así, dio paso a lo que fue la segunda parte más formal del espectáculo, con un repaso de clásicos de su repertorio y con la banda completa. Fue el largo momento de invitar al armoniquista y fabricante de armónicas Lee Oskar para compartir un par de canciones y una zapada blusera; y de escuchar piezas como «Aleluya», «El fantasma de Canterville», «El imbécil», «La Rata Lally», «Guantanamera», «La mamá de Jimmy», «Pensar en nada», «Los Salieris de Charly», «Orozco» y, por supuesto, «Sólo le pido a Dios».

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