18 de diciembre 2002 - 00:00

Confesiones de un guerrillero que se convirtió en disidente

Confesiones de un guerrillero que se convirtió en disidente
Huber Matos «Cómo llegó la noche. Revolución y condena de un idealista cubano. Memorias» (Barcelona, Tusquets, 2002, 482 págs.)

Un libro suele ser la experiencia de otro, del autor naturalmente. Interesa porque moviliza la curiosidad del lector sobre la vida del que relata. Sean historias ciertas o de la imaginación. En este caso de Huber Matos, el cubano, se trata de su historia por la guerrilla de Fidel Castro y, luego, los 20 años que purgó en la cárcel por discrepancias con el jefe de la isla. Al margen de esta confesión partida en dos, lo más apasionante del texto es descubrir cómo -en apenas 7 meses-Matos se convierte de civil y profesor urbano en uno de los líderes de la revolución luchando en escaramuzas de la sierra, transformándose en comandante militar. Y cómo en los otros 7 meses subsiguientes, ya líder político y militar, a cargo inclusive de una región de Cuba (Camaguey), Matos deviene repentinamente en traidor y merece la prisión, salvándose del fusilamiento quizás porque ya entonces la protesta internacional había hecho menguar ese macabro hábito del castrismo. Un ascenso y caída de sorprendente velocidad, con prestaciones históricas de una Ferrari, acelerado cuento tropical que al menos desnuda la improvisación de un proceso -discutido, admirado, objetado-que se instaló hace casi 45 años.

•Del sueño idealista a la mazmorra

Entre el Matos de hoy y aquel barbudo que acompañaba a Castro parece, sin embargo, que hubieran pasado l00 años. Tal la decrepitud física. Lo que tal vez no se advierte en la narración: salvo los odios acumulados, la narración ofrece las características frescas, casi ingenuas, de un docente de la secundaria. No es, claro, un aporte literario, apenas un volumen político que trata de explicar su peripecia personal, el sueño revolucionario, democrático, y la consecuencia de protagonizarlo sin demasiado conciencia sufriendo luego la mazmorra más oprobiosa para un ser humano.

Si uno se desentiende de las acusaciones castristas (gusano, vocero de Miami) y de las imputaciones de Matos contra el dictador sanguinario que rodean a esta lectura, tarea bastante díficil, lo que queda como esencia es la épica del autor en guerrilla y su entierro en la cárcel. Esas dos partes interesan por el testimonio. Una, debido a la precariedad de recursos de Castro y sus hombres, las reglas de conducta interna, la aparición de personajes que luego fueron famosos (el Che, Cienfuegos, los dos Castro, hasta un ex embajador en Buenos Aires, Emilio Aragonés), el rol de la insurgencia urbana, lo que ellos llaman batallas y, fundamentalmente, lo azaroso y meteórico del crecimiento de Matos, ladero fiel de Castro, e inicial alto funcionario de la revolución. Transcurre el relato como si Matos hubiera pasado en puntas de pie por este proceso, heroico y angelical. En verdad, se concluye en que ni él se dio cuenta del rol que tuvo en determinado momento.

Lo mismo le ocurre en la segunda parte del texto, cuando alude a su prisión, al juicio previo, a los 20 años en horribles celdas, a las huelgas de hambre, a la conciencia disidente que se despierta con intensidad a partir de estar encerrado.

En ese sentido, parece gratuita la sentencia y pena contra alguien que, según él, sólo presentaba su renuncia y alguna crítica. No debe ser el punto de vista de Castro, claro. Lo cierto es que Matos describe, una vez ya conocida la película completa, que él advirtió lo que luego sobrevendría en la isla: el comunismo más obediente a los intereses de Moscú. Fue halagado y demonizado por Castro -lo imaginó como su sucesor si lo volteaban-, hoy es apenas un abuelo en el exilio dorado.

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