6 de febrero 2002 - 00:00

Contra el nihilismo

"Llamo nihilismo al poder de destrucción universal", explica Glucksmann, y agrega: «por lo general, el nihilismo se define según la fórmula de Dostoievsky: 'Si Dios ha muerto, todo está permitido». Yo creo que la fórmula exacta sería: 'Todo está permitido, por lo tanto Dios ha muerto'. El argumento básico del nihilismo es el reconocimiento de que en hacer el mal hay un goce al menos igual al de hacer el bien.

Esto no es nuevo, fue denunciado en Grecia por Tucídides, lo nuevo es su falta de límites. Las aventuras totalitarias del siglo XX mostraron hasta donde la «patoterocracia» nihilista era capaz de mundializarse, y hoy es la forma moderna y central de ataque contra Occidente». Así André Glucksmann (París, 1937) presenta su nueva y polémica obra «Dostoievski en Manhattan», que acaba de editar Robert Laffont. Glucksmann tuvo como maestros a Jean-Paul Sartre y Raymond Aron. En 1961 se licenció en Filosofía y poco después era un intelectual maoísta, pero en 1975 publica «La cocinera y el caníbal» donde condena el marxismo y pasa a la cabeza del grupo de pensadores franceses denominado «Nuevos filósofos», del que participan Bernard-Henri Lévy («La barbarie con rostro humano»), Jean-Paul Dollé («El deseo de revolución») y Jean-Marie Benoist («Marx ha muerto»). Sostienen que «la filosofía alimentó y justificó demasiadas ideologías políticas totalitarias y debe ofrecer una clara indignación que permita resistir al Mal». No se proponen ser originales, recuperan para sus análisis ideas de Karl Popper, Hannah Arendt, Michael Foucault, entre otros. Sus obras más recientes son «La tercera muerte de Dios» de Glucksmann, «El siglo de Sartre» de Lévy, «Lo ordinario no existe» de Dollé y «Crónica de la descomposición de Partico Comunista francés» de Benoist.

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